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Francia: tarjeta roja a ‘hooligans’

Francia: tarjeta roja a ‘hooligans’

“París parece la capital de un país en guerra civil”. Esta frase no es de un político, ni de un manifestante por derechos estudiantiles. Es de un vecino del estadio parisino del Parque de los Príncipes.

Los problemas de violencia en el fútbol son tan graves que lograron poner en jaque al campeonato local de los actuales subcampeones del mundo.

El Alcalde de París canceló por razones de seguridad el partido de hoy entre el París Saint-Germain y el Toulouse en ese estadio. Las autoridades temen disturbios a raíz de la muerte, hace una decena de días, de un hooligan del PSG a manos de un policía en inmediaciones de ese estadio.

Durante la semana se habían evocado varias medidas para celebrar a pesar de todo el encuentro. Entre otras, dejar vacíos los 2.000 puestos de la tribuna de los ultras, adelantar el encuentro dos horas y desplegar 2.500 policías.

Pero al final las autoridades consideraron más prudente aplazarlo.

El pasado 23 de noviembre, tras la derrota del PSG ante el Hapoël de Tel-Aviv, varios ultras del equipo francés salieron a perseguir a un hincha del equipo rival a los gritos de “muerte a los judíos”.

Antoine Granomort, un policía negro originario de Martinica, se interpuso y echó una bomba lacrimógena. Pero los hooligans, enardecidos, lanzaron nuevos insultos racistas: “Negro hijo de puta”.

Cuando los dos trataban de refugiarse en un McDonalds, el policía tropezó y disparó una sola vez, causando la muerte de Julien Quemener, un ultra de 25 años, y heridas graves a otro. Las autoridades lanzaron una investigación para determinar si se trató de legítima defensa, como indican numerosos testimonios.

Cultura arraigada En Francia es tristemente célebre la violencia de los ultras del PSG, equipo donde juega el defensor colombiano Mario Alberto Yepes.

Agrupados en barras bravas como Lutèce Falco, Supras Auteuil, Kar-Sud, Authentiks, Casual Firm París, Gavroche París y Rangers París, los hooligans galos se distinguen, como sus demás pares europeos, por el culto a la violencia y el racismo. Los símbolos nazis y los gritos de chimpancé son frecuentes; las golpizas a negros después de los partidos no son raras.

Las autoridades son conscientes de la dificultad para erradicar esas barras bravas, profundamente implantadas en el estadio parisino. Una de ellas –la más radical, la Boulogne Boys– tiene más de 20 años de existencia y cuenta con un millar de miembros entre los 25 y los 30 años.

De ahí el imponente dispositivo de seguridad en partidos de alta tensión en torno al Parque de los Príncipes.

- EN JUEGO MÁS QUE UN DEPORTE El problema es demasiado delicado, como para que el deporte pase primero que el ser humano”.

Guy Lacombe, entrenador del París Saint-Germain.

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