CUENTERO Y CUENTISTA DE PRINCIPIO A FIN

CUENTERO Y CUENTISTA DE PRINCIPIO A FIN

En México los chiapanecos tienen fama de ser buenos cuenteros. Y Eraclio Zepeda le ha hecho justicia a esa regla. Todo lo que cuenta, incluso su historia, lo convierte en cuento. Yo heredé de mi padre y de mi abuelo el nombre de Eraclio Zepeda. A ellos me unía la escritura, en la casa siempre hubo una inmensa biblioteca. Pero, con mi padre, porque a mi abuelo no lo conocí, también me unía otro afán, el de contar cuentos. A cualquier hora del día se puede contar cuentos, pero siempre recuerdo las noches en la casa, que estaba en medio de la selva, cuando los cuenteros que venían de todas partes se sentaban en los corredores y empezaban a contar y a contar... La biblioteca ya era una biblioteca de la palabra y ellos volvían el mundo un relato, veían lo que los otros no podían ver .

08 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Hace cuatro años Zepeda contagió con sus cuentos al público bogotano. Hoy vuelve a hacerlo. En la primera oportunidad, curiosamente, pudo cumplir con uno de los sueños que tenía de niño: conocer Leticia. Cuando yo era niño quería hacer el viaje de Marco Polo, pero también quería conocer tres ciudades: Pekín, Samarcanda y Leticia. En la primera viví dos años, la segunda la visité 27 veces y la tercera la quise conocer siempre por ser una ciudad al lado de un gran río que en verdad es un gran mar. Además cómo no iba a querer conocer una ciudad con nombre de mujer que significa alegría? .

Lo de viajero tiene que ver también con su pasión por la geografía y sus inclinaciones políticas hacia la izquierda que lo llevaron a conocer los países del bloque comunista. Sus preferencias políticas también hicieron que fuera uno de los miembros de la primera comisión especial de negociaciones en Chiapas, después del levantamiento armado que se presentó a comienzos de año.

Como profesor de literatura e historia de América ha estado en varias ciudades de su país y también de fuera como Santiago de Cuba, La Habana y Pekín, y como profesor invitado en Moscú y algunas universidades de los Estados Unidos.

Sin embargo, su diploma es el de antropólogo, disciplina que se aproxima más a él que la ingeniería y el derecho que empezó a estudiar en Chiapas.

Y aunque no es muy común que un cuentero sea escritor o viceversa, Zepeda ha aprendido a hacer de los dos. Cuál fue primero? Ni él lo sabe. Lo que sí es claro es que los cuentos empiezan a tomar forma en el escenario y, cuando ya se han vuelto familiares, él los lleva a la letra impresa. Escribirlos es despedirse de un amigo que nunca más estará. Sin embargo, poder cumplir con los dos oficios es un privilegio. Por otro lado yo pienso que el oficio del cuentero es una patada a la petulancia del cuentista .

Como escritor, Eraclio Zepeda cuenta siete libros en los que los cuentos se mezclan con la poesía y con sus recorridos por el mundo, en aras de poner a prueba el mismo sueño de Marco Polo: Benzulul, que fue premio de cuento en Chiapas en 1959; La espiga amotinada; Elegía a Rubén Jaramillo; Aseta (libro de poemas que escribió en Cuba); Compañía de combate, a propósito de los hechos de Playa Girón, en Cuba; Relación de travesía, que describe su viaje desde el Mar Amarillo hasta Finisterra, en Portugal; Asalto nocturno, premio nacional de cuento en México, y Andando el tiempo, que recibió el premio Villaurrutia.

Contar y escribir van de la mano, sin embargo a veces Eraclio Zepeda hace pausas entre una y otra actividad: Siempre hay un tiempo para la siembra y otro para la cosecha .

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