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DO MENOR Modelos mentales

DO MENOR Modelos mentales

Nos preocupamos más por la manera como nos perciben en el exterior que por los datos que a diario generamos para que aquella negativa percepción se consolide. Al llegar a un aeropuerto extranjero, transpira nuestra mano en el bolsillo mientras buscamos el pasaporte. Entonces razonamos: ¿por qué estoy asustado si yo no tengo nada que ver con el problema? La respuesta se disipa al pasar por migración; y luego olvidamos el incómodo cuestionamiento (hasta el próximo viaje).

¿El problema? Me refiero al explosivo coctel que deriva del prefijo narco, y que agrega un sustantivo nuevo cada vez que agitamos el perverso cotarro. La percepción que otros tienen de nosotros depende de un modelo mental que, poco a poco, se ha ido instalando en el cerebro de muchos sobre la índole de lo que se cree que somos. Y por supuesto que es injusta la generalización pero la relación de dependencia entre la fuerza que cobra la creencia con respecto a los datos de la realidad resulta indiscutible.

No hay nada que hacer contra ello. Y si el modelo adquiere la forma del estigma, ello se debe más al modo de funcionamiento del modelo que a intencionalidades malévolas de quienes lo soportan. Conviene por ello revisar lo que ocurre, según los expertos, con este tipo de creencias compartidas.

La base de esta idea se remonta a la antigüedad, pero su moderna acepción data de 1940, cuando el sicólogo escocés Kenneth Craick formuló el concepto, hoy ampliamente utilizado por los consultores del conocimiento y el caos, como Minsky y Papert del MIT.

Se refiere a los “mapas” tácitos que tenemos en la memoria sobre el funcionamiento del mundo, pero también a las percepciones efímeras que elaboramos sobre la realidad cotidiana. Los modelos mentales son “las imágenes, supuestos e historias que nos formamos sobre nosotros, los demás y las instituciones”. “Colombianos narcos”, por ejemplo, es un modelo mental.

Como un cristal que distorsiona lo que vemos, se instalan en nuestra mente inconscientemente, por lo cual nos resulta difícil conocerlos y modificarlos. Con el tiempo se transforman en creencias duraderas, fuertemente arraigadas, que acaban condicionando nuestra conducta y nuestros juicios. Hay ocasiones (como la semana que acaba de pasar) en que enviamos al mundo tal cantidad de datos reforzadores del modelo, que quienes desde afuera nos observan, nos miden y nos señalan acaban fortaleciendo la negativa visión sobre lo que en no somos, pero que la tozudez de nuestro endémico disparate se encarga a diario de afirmar.

guzmanhennessey@yahoo.com.ar

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