Actuar con serenidad, pero con celeridad

Actuar con serenidad, pero con celeridad

Nadie puede negar lo afirmado ayer por el presidente Uribe –al salirles al paso a los nuevos desarrollos del escándalo desatado por las relaciones de parlamentarios afines al Gobierno con los paramilitares– en el sentido de que las responsabilidades penales son individuales y de que la mayoría de los hechos aberrantes destapados últimamente se remontan a períodos anteriores a su Administración. Pero tampoco se puede desconocer que las revelaciones sobre el contubernio de políticos y ‘paras’ están lesionando la imagen del Gobierno y podrían llegar a afectar su agenda legislativa.

30 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

A la hora de escribir estas líneas continuaba el debate promovido por el Partido Liberal y el Polo Democrático en el Senado sobre la canciller María Consuelo Araújo, cuya presencia en el gabinete cuestionan por el hecho de que su hermano el senador Álvaro Araújo sea uno de los parlamentarios llamados a indagatoria por la Corte Suprema. En los pasillos del Capitolio se decía, por otra parte, que el senador Miguel Alfonso de la Espriella se disponía a revelar el documento que, a finales del 2001, firmaron la cúpula de las Autodefensas y más de 40 dirigentes políticos, reunidos en el Nudo de Paramillo. Pero, aun sin esto, las repercusiones de la revelación que De la Espriella hizo el domingo pasado a este diario sobre la aludida reunión, sumadas a los seis congresistas llamados el martes por la Corte, han añadido bastante fuego a la hoguera que tiene en ascuas al mundo político colombiano desde hace varias semanas.

* * * * Ya son nueve los congresistas investigados formalmente por la Corte por presuntos vínculos con el paramilitarismo y no se sabe cuántos más puedan ser llamados. Por su parte, la Fiscalía tiene en la mira a por lo menos nueve ex parlamentarios. Los efectos varios de esta situación, en el país y en el exterior, son preocupantes y ameritan prontas respuestas y acciones.

Algunas voces han planteado la revocatoria del Congreso, idea que el presidente Uribe rechazó, con buenas razones, en sus declaraciones radiales de ayer. Se necesitaría que la mancha de la ‘parapolítica’ se extendiera a una parte muy considerable de las cámaras para que una propuesta tan traumática tuviera algún asidero. Lo que corresponde es que la Justicia actúe pronta y eficazmente para castigar a quienes resulten culpables, pues no son las instituciones –el Congreso, valga el ejemplo–, sino los individuos los que delinquen. La acción de los jueces debe ser respaldada de manera clara e irrestricta, no solo por el Gobierno, sino por los partidos, los gremios y la opinión en general.

Si en lo anterior coincidimos con la posición del Presidente respecto a este escándalo, no ocurre lo mismo con su insistencia en utilizar el espejo retrovisor, como lo hizo de nuevo ayer, al decir que los gobiernos anteriores “no les pararon bolas” a los problemas de los ‘paras’, la guerrilla y el narcotráfico. Todos sabemos que a lo largo de la historia nacional se han acumulado una diversidad de conflictos y que muchas de las heridas causadas no quedaron bien cerradas. Pero para hacer frente a la dramática coyuntura actual no es útil reabrirlas aún más, sino buscar la manera de que las actuales queden, esas sí, bien sanadas. Para lo cual, como lo hemos dicho muchas veces, se requiere saber la verdad, pieza fundamental del proceso con los ‘paras’ y también de la purificación de nuestras costumbres políticas.

No le falta razón a Uribe cuando dice que todo este destape ha sido posible por el proceso con los paramilitares que inició su gobierno. Frente a la confusión y el desconcierto que se palpan en el exterior, es un argumento que el Presidente debe recalcar. Así como su insistencia en que todo congresista que haya cometido un delito debe pagarlo, y en el hecho evidente de que en Colombia hay unas instituciones judiciales sólidas, que están actuando de manera enérgica y autónoma.

* * * * Estamos ante una coyuntura delicada y compleja, que demanda responsabilidad y madurez de los actores políticos, pues no se trata de echar por la borda la estabilidad institucional del país. El debate, saludable y necesario para la sociedad colombiana, debe estar despojado de intereses políticos inmediatistas u oportunistas, pues la forma en que se maneje esta situación puede ser crucial para el futuro nacional. Más que como una sindicación específica de un sector político determinado, la vinculación entre políticos y paramilitares hay que entenderla también como un problema social viejo, amplio y profundo, que va desde la ausencia del Estado en zonas donde hace más de 20 años surgieron las autodefensas, hasta las más aberrantes combinaciones delictivas que hoy padece Colombia.

No sobra invitar a quienes tienen en sus manos la discusión y decisión sobre los preocupantes temas que concentran la atención nacional a que actúen con serenidad, pero también con celeridad. No sería conveniente que el país entrara en el ciclo de una crisis interminable, con las consecuentes repercusiones paralizantes sobre las actividades políticas y económicas.

editorial@eltiempo.com.co

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