EL OLIMPISMO: UN NEGOCIO COMERCIAL

EL OLIMPISMO: UN NEGOCIO COMERCIAL

Mientras la cumbre de Malta entre los presidentes Bush y Gorbachov, en 1990, y la cumbre de Madrid entre árabes e israelíes, en octubre del año pasado, fue cubierta por menos de cinco mil periodistas, los Juegos Olímpicos de Barcelona fueron difundidos a todo el mundo por unos 10 mil comunicadores, que le costaron a sus empresas cerca de ocho mil millones de dólares (la mitad de la deuda externa de Colombia). Por datos como este, el presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, afirma que el deporte es el movimiento social más grande del mundo y el que más interés despierta en la Tierra.

25 de octubre 1992 , 12:00 a. m.

La cantidad de plata que se maneja en publicidad deportiva es astronómica. Actualmente, más de 3.400 compañías invierten cerca de 3.500 millones de dólares al año en publicidad deportiva.

El dinero que se mueve en unos Juegos Olímpicos o un Campeonato Mundial de Fútbol sobrepasa los mil millones de dólares. Negocio comercial Sin embargo, el II Congreso Internacional de Publicidad y Periodismo Deportivo, organizado por Grand Prix en Bogotá la semana pasada, dejó planteado un interrogante: Se han vuelto las competencias deportivas, especialmente los Olímpicos, un negocio comercial que ha olvidado la integridad física y moral de los atletas? En un lado de la balanza están los defensores de la comercialización del deporte. Entre ellos figura Antonio Rossich, director de la división comercial de los Juegos de Barcelona.

En su conferencia, el catalán dijo que los Olímpicos se deben comercializar al máximo para garantizar el perfecto funcionamiento de un certamen que en Barcelona reunió a 10 mil atletas, cinco mil técnicos, 10 mil periodistas y 3.500 millones de personas que vibraron con las transmisiones televisivas que hicieron 120 cadenas de televisión.

Por eso, el plan comercial de Barcelona-92 ascendió a 1.800 millones de dólares (casi la octava parte de la deuda externa de Colombia). Para la consecusión de ese dinero, el Comité Organizador de los Olímpicos de Barcelona (COOB) dividió sus auspiciadores en cinco categorías: Socio colaborador: fueron nueve empresas que aportaron mínimo 25 millones de dólares cada una; patrocinador oficial: 27 firmas (12 mundiales y 15 locales) que aportaron mínimo seis millones de dólares; proveedor oficial: 25 empresas que realizaron inversiones por 1.5 millones de dólares cada una.

Material deportivo oficial: empresas medianas que negociaron individualmete su particiapción, sin un límite mínimo de inversión, y licencias oficiales: firmas con permiso para imprimir la imagen de Cobi, la mascota oficial de Barcelona-92, en toda clase de recodatorios (camisetas, llaveros, bolígrafos, etc.).

A estas gigantescas cifras se suman los 633 millones de dólares que se pagaron por los derechos de televisión y los dividendos de los cinco millones de entradas que se pusieron en venta. Mercaderes del deporte Aunque esto suena maravilloso, no son pocos los que están en el otro plato de la balanza. Los que reclaman el regreso al ideal griego de recreación. Los que buscan mejorar su salud a través del deporte. Y los que pretenden encontrar en el ejercicio la forma de enriquecer el alma.

En este lado se encuentra el inglés Vyv Simson, uno de los dos autores del libro Los señores de los anillos.

Simson ve en la multimillonaria comercialización la forma como unos pocos, los 93 miembros de la cúpula del Comité Olímpico Internacional (COI), se enriquecen y disfrutan de innumerables beneficios.

Incluso la revista alemana Der Spiegel se atrevió a decir que los miembros de ese club reciben jugosos regalos antes de escoger la sede de unos Juegos Olímpicos.

Según Simson, el valor del ideal olímpico ya no se mide en términos de moral sino de mercadeo.

Quienes sirvan para producirle dinero al COI son recibidos con los brazos abiertos, los que no, son rechazados .

Para que los certámenes deportivos sean cada vez más atractivos y el ingreso de dinero sea mayor, dijo el inglés, se ocultan muchas irregularidades, incluso el doping.

El tiempo se encargará de indicar cual será el rumbo de los deportes, aunque muchos afirman que la comercialización se inpondrá sobre la filosofía de los griegos: unir al mundo a través del deporte.

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