¿Y la institucionalidad?

¿Y la institucionalidad?

Como bien lo dijo el presidente Uribe en reciente presentación en público, hoy en Colombia no tenemos ninguna bonanza diferente a una bonanza de optimismo. Ese optimismo ha dado sus frutos en muchas áreas de la vida nacional, a pesar de ser una variable efímera, no cuantificable y basada exclusivamente en su carisma y en un estilo propio para gobernar. Pero ¿hasta dónde puede ser sostenible manejar un país con problemas estructurales tan complejos como los que enfrenta Colombia en todos los ámbitos, a punta de optimismo? ¿Hasta dónde debe prevalecer la salvaguarda de la institucionalidad por encima de la eficiencia y los resultados rápidos?

27 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

En efecto, esta variable ‘optimismo’ se ha manifestado en resultados tan concretos como un crecimiento de la economía de 5,13 por ciento en el 2005 y 5,96 por ciento durante el segundo trimestre de 2006 frente al mismo período del 2005. Un aumento en la inversión durante el 2005 en más de 230 por ciento, pasando de 3,052 millones de dólares en el 2004 a 10,192 (en el primer trimestre de 2006 llegó a 978 millones, 63 millones más que en el mismo período de 2005). De igual manera, en materia de comercio exterior 2005 fue un año récord para Colombia al registrar 21,197 millones de dólares en exportaciones. Los datos del Dane revelan que, de esa cifra, 10,822 millones fueron productos no tradicionales.

Pero donde el presidente Uribe ha podido desplegar a cabalidad su estilo particular de ejercer el poder es en la arena política. Es precisamente en ese terreno donde su personalidad ha logrado romper con todos los esquemas, sin contar con una infraestructura -llamémosla plataforma partidista- que lo respalde. Aquí es donde la ciencia política y la realpolitik se estrellan.

Desde el punto de vista formal, una democracia moderna, como mínimo, debe contar con partidos políticos que funcionen como instituciones que vayan más allá de lo puramente electoral y cuenten con una plataforma programática -para no hablar de ideología- que los identifique y así poder garantizar, en alguna medida, el desarrollo de políticas públicas a largo plazo, independientemente de quién esté a la cabeza.

El Uribe de hoy, es decir, el Uribe que gobernará a Colombia entre 2006 y 2010, necesitará de dicha infraestructura. Los problemas que hoy vive Colombia son agudos, arraigan en el pasado, y como tal requieren de soluciones estructurales que reviertan sus beneficios no sólo en el corto sino en el mediano y largo plazo -con Uribe y sin él. Como toda bonanza, ésta se agota. El optimismo puede funcionar hasta cierto punto, pero de ahí en adelante, irremediable pero afortunadamente, se requieren instituciones fuertes. El presidente Uribe tiene todo el capital político para lograrlo, pero deberá ser mucho más cuidadoso en sus decisiones, consultar mejor sus reacciones acaloradas y, sobre todo, consolidar un equipo de trabajo con autonomía en sus áreas de competencia. Esto es respetar la institucionalidad. Así funcionan las grandes democracias que el mundo conoce.

*Columna de la Fundación Buen Gobierno .

Directora Ejecutiva, Instituto de Ciencia Política .

"En materia de comercio exterior 2005 fue un año récord para Colombia al registrar 21,197 millones de dólares en exportaciones”.

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