NARCODEMOCRACIAS

El viernes de la semana pasada apareció en primera página del Washington Post la noticia que hacía referencia a las declaraciones del señor Joseph Toft. El artículo no era ofensivo para Colombia pero salió a relucir el calificativo de narcodemocracia. Se aclaró que Toft es un funcionario medio de la DEA, que actúa a título personal, que es proveniente de Bolivia y que el Departamento de Estado no está de acuerdo con sus declaraciones. No hubo ninguna mención de los comunicados de prensa del presidente Samper y del doctor César Gaviria, tal vez porque la estructura de la noticia los hacía redundantes. El día siguiente apareció, en la misma página y con el mismo despliegue, una noticia sobre la polarización de los votantes de Washington, según su extracción social y su raza, a favor y en contra del ex alcalde Marion Barry. Este ha sido el cuarto o quinto artículo del periódico sobre el mismo tema. Algunos de ellos han reflejado cierta angustia sobre la posibilidad de que salga reelegi

07 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

El domingo siguiente apareció una tercer artículo en el Post en el cual se relata cómo los mafiosos de Chicago han creado una organización sin ánimo de lucro para registrar posibles votantes y para canalizar fondos hacia las campañas de candidatos políticos. El artículo señala que los mafiosos han adquirido de esta manera un creciente poder político en la ciudad, pero tampoco hace referencia al vínculo de la política con el narcotráfico.

Por qué el Post no se refiere a Chicago o a Washington como narcodemocracias, pero sí nos rotula a nosotros? Por qué es Colombia una narcodemocracia y no lo es Italia? Si allí la gente común dice que a los políticos se les permite tener dos puestos: uno en el parlamento y otro en la mafia. Estas son preguntas para que las contesten los sociólogos o los expertos en comunicación. Muy probablemente su conclusión sería que no hay justicia en el mundo.

Pero lo importante es que no se utilice el sentimiento nacional de que somos tratados injustamente por los medios internacionales de comunicación para tender una cortina de humo y para hacer creer que el problema de la infiltración de la mafia en la política y el gobierno no existe. Ignoramos el poder corruptor de las organizaciones criminales en aras de defender la dignidad nacional? Hay síntomas preocupantes de que estamos adoptando esta estrategia del avestruz.

El primero de ellos, y uno de los más preocupantes, es que, a raíz de las declaraciones de Joseph Toft, se haya pretendido condenar al noticiero QAP, so pretexto de que le hizo daño a Colombia. Mucho más daño se le haría si se pretende censurar a los medios con el criterio de que las noticias hay que suprimirlas para que no las reproduzcan en el exterior. Ya es malo el peyorativo narcodemocracia para que lo vayan a sustituir por narcorepresión. Más bien hay crear mecanismos sociales de inteligencia para impedir la infiltración de las instituciones claves, y hasta pagarles recompensas a quienes permitan identificar a los topos de la mafia en el Congreso, en la Justicia, en la Policía, en la Contraloría, en la Fiscalía, en la Procuraduría, en la Aeronáutica Civil, en las superintendencias, en la administración de aduanas y en los medios, organizaciones todas codiciadas por el crimen organizado como palanca para incrementar su poder y sus ganancias. Es más, esta tarea no es exclusivamente gubernamental.

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