SOLAMENTE LA MANO DE DIOS

SOLAMENTE LA MANO DE DIOS

Fue un locutor deportivo porque ellos dicen esas cosas el que dijo que Dios es colombiano. Y fue cuando Colombia le ganó a Alemania, en una de las contadas hazañas del deporte nacional. Que, como las otras, quedó como un milagro. Y es que las cosas de este país se producen así: por milagro. La mano de Dios nos otorga los trofeos, nos salva de las desgracias, nos quita y nos da de una manera demasiado pródiga. Hemos vivido mucho tiempo con esa idea. Y conviene no abusar del buen Dios. Cuya opinión, acerca de que un buen grupo de humanos vivan recostados en su potestad e inmovilizados para la acción terrena, es prácticamente desconocida.

25 de octubre 1992 , 12:00 a. m.

Lo cierto es que la idea del milagro sólo sirve como disculpa. Y que los colombianos a quienes el buen Dios nos ha demostrado algunas veces, como en Armero, que tiene otros asuntos que atender necesitan entrar en otra visión de la vida.

Aquí saltan los amigos de la espontaneidad, que es una forma más bonita de mentar a la imprevisión. A la vida, dicen, hay que dejarla que venga como venga. Y el hombre demuestra toda su capacidad ajustando las cargas en el camino. De esa filosofía están colgados otros lastres, casi incontrolables por lo colectivos, como la costumbre de dejarlo todo para última hora.

Pues bien, el mundo contemporáneo y el del futuro, sin duda ya no vive así. Los países que han superado su condición decorativa en el mundo, lo han logrado a base de planeación, procesos claros, calidad total, cumplimiento y control. Acciones que aquí, en Colombia, ya han sido implementadas por muchas empresas y personas con resultados valiosos y envidiables. A pesar de los malos ejemplos que hay por todas partes, como el reciente manejo del presupuesto nacional.

El proceso es más necesario cuando se trata de la naturaleza. Ella tiene sus propias leyes. Y el hombre debe estar preparado para sus movimientos. Hoy circula con EL TIEMPO una cartilla sobre sismos. Es sólo una parte de la tarea de prevención. A la que el país, y su gente y sus empresas, deben entregarse con verdadero ahínco. Que el buen Dios se encargará de otras cosas.

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