Los teatros de barrio se niegan a desaparecer

Los teatros de barrio se niegan a desaparecer

Dos jefes de prensa tiene el Teatro Ditirambo, en Teusaquillo: la oficial, Lucero Rodríguez, y la suplente: Mireya, del restaurante La Hornilla. Mientras sirve almuerzos, Mireya recomienda obras del Ditirambo, reparte volantes y les dice a sus clientes que asistan al teatro del barrio.

26 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Como este, otros teatros hacen parte de las comunidades y esa relación permite, en algunos casos, que los vecinos fieles tengan descuentos.

El Arlequín, en el Park Way, que se puso de nuevo en funcionamiento en agosto pasado, es otro ejemplo. Hugo Molina, de la sociedad que lo opera, cuenta que hasta ahora la experiencia ha sido positiva. “Aunque no han faltado problemas con los vecinos de la misma cuadra”, dice.

Estos han tenido que ver con el motor del extractor de la cocina del restaurante ‘La Hamburguesería’, que funciona allí, “Pero eso ya se solucionó con un aislador”.

Con el resto del barrio, agrega, la relación es muy buena. “Le estamos dando a la comunidad alternativas culturales que incluyan no solo teatro. El año entrante haremos tertulias los lunes y música (para todos los públicos) los martes. De jueves a sábado es sala teatral”, comenta.

Junto a una iglesia En la calle 57 con carrera 17 está el teatro Santa Fe, enseguida de la iglesia Divino Salvador. Construido hace 56 años por la comunidad salvatoriana, es operado desde el 2004 por una sociedad. Juan Gómez, su director, cuenta que no le ha ido mal. “Tenemos obras todo el año, con asistencia de gente a la que le gusta el teatro y grupos de tercera edad”, cuenta.

Sus mejores clientas son un grupo de señoras mayores que le insisten cambio de obra cada 15 días, al igual que espectadores de barrios cercanos.

Con sus vecinos, ha tenido problemas una sola vez: “Para la obra que tenemos actualmente, Diez reglas para no matar a su marido, hicimos una expectativa colgamos en la fachada con una cuerda de ahorcado. Los padres de la iglesia, protestaron y la quitamos”.

Otro de los teatros que sobrevive en un barrio es el de La Carrera, en la carrera 13 con calle 61, zona comercial de Chapinero lo que para su director, Jaime Arturo Gómez, implica otra dinámica.

“No tenemos vecinos que vivan por aquí, pero mucha gente pasa o trabaja en la zona y se queda en teatro”, dice.

Otros teatros de barrio, como La Mama, Hilos Mágicos, El Local y La Libélula Dorada se niegan a desaparecer. Su relación con la comunidad hace que sean un vecino más, el vecino lúdico.

olgmar@eltiempo.com.co .

EL TEATRO CALYPSO, EL ESCENARIO DEL SUR En el barrio Santa Isabel (calle 1a. C con carrera 27) está el Teatro Calypso. Hasta allí llegó, hace un año, Hugo Molina, después de que la sociedad a la que pertenece entró en negociaciones para recuperar y poner en funcionamiento el Teatro Arlequín.

Lo encontró semidestruido y en funciones nada que ver con la misión para la que fue levantado (cine y teatro de sala): “Con un parqueadero, venta de tomate y cebolla, ‘corrientazos’...”, dice Molina.

Pero la estructura y el techo están en buen estado. Tiene capacidad para 700 personas y el próximo 15 de enero Molina lo recibirá. “Es nuestro proyecto para el 2007. En ese sector, que incluye Kennedy, Santa Isabel, El Restrepo, hay un gran potencial”.

OPINIÓN Le estamos dando a la comunidad alternativas culturales que incluyan no solo teatro. El año entrante haremos tertulias”.

Hugo Molina, de la sociedad que administra el Teatro Arlequín

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