El desierto les derrite su ‘sueño’

El desierto les derrite su ‘sueño’

En las sórdidas tierras del desierto que separa E.U. de México se derriten los sueños de un número incalculable de hombres y mujeres, de todas las edades, que intentan pasar la frontera en busca de una mejor calidad de vida.

26 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Según la Patrulla Fronteriza, en el año fiscal 2006, que comenzó el primero de octubre del 2005 y concluyó el 30 de septiembre pasado, a lo largo de la frontera se encontraron 441 restos humanos. Cifra que no incluye aquellos que se descompusieron bajo el sol, quedaron sumergidos en la arena, o fueron devorados por animales salvajes.

Pero cruzar el desierto no es el único riesgo. Están también las temperamentales aguas del Río Grande, límite geográfico con Texas, donde el ‘sueño americano’ nada en las noches junto a la muerte.

Están el hambre, el cansancio de caminatas interminables y carreras desesperadas con miedo, angustia, inseguridad y persecución.

Y está, por supuesto, la Guardia Fronteriza (la ‘migra’), con sus 6.000 hombres, fuerza que el presidente George W. Bush quiere duplicar para el 2008, en su proyecto de blindar la frontera, y que incluye la construcción de un muro de 1.126 kilómetros que, desde ya, no parece ser obstáculo para quienes han recorrido el camino.

viaje al peligro.

El costo del viaje de quienes se lanzan a la peligrosa aventura de cruzar la frontera hacia E.U., de manera ilegal es proporcional a la distancia de donde parte el inmigrante.

Desde Ecuador, la travesía puede costar aproximadamente unos 15.000 dólares.

Desde Colombia, el viaje se hace o por tierra hasta México atravesando Centroamérica o cortando camino con trayectos en avión que incluye escalas en San Andrés y Guatemala. El valor de cualquiera de estas rutas es de unos 13.000 dólares.

De Colombia y Ecuador salen incluso familias enteras que llegan a la frontera entre México y Estados Unidos por sus propios medios o contactando a los ‘coyotes’ desde Bogotá.

Todos forman parte de los 12 millones de historias que existen, por igual número de indocumentados que viven en Estados Unidos.

‘El muro no frena tus decisiones’: Mauricio.

Mauricio, un mexicano de 28 años, cuenta que la primera vez que cruzó la frontera fue en el 2001. Su aventura comenzó en un lugar llamado Caborca, en el estado de Sonora. Allí canceló 1.500 dólares.

“La primera vez que vine a E.U. sufrí mucho. Me agarró cuatro veces la ‘migra’y me devolvió. En cada pasada, uno se da cuenta cómo sufre la gente.

Ves niños, mujeres y hombres caminando en el desierto. Cuando te agarran y te mandan para atrás el esfuerzo no vale nada. Pero ese es el precio de venir a E.U. y conseguir una vida un poco más digna.

“En la frontera encuentras a miles de personas que te ofrecen llevarte al otro lado. También mucha gente alistándose para salir. Todos compran agua, comida enlatada, algo que no pese, pero que sirva, como galletas, suero en polvo y líquido.

“Yo estuve una semana en un rancho llamado ‘La Última Esperanza’, hasta que juntaron a todo el grupo, unas 200 personas. Luego nos dividieron en camiones de 50 ó 60, y nos dejaron en el desierto como a las 4 ó 5 de la tarde, bajo un sol inmenso. Caminábamos por el desierto cuando empezaba a anochecer. Descansábamos de mañana.

“Los coyotes (traficantes de humanos) aprovechan el cambio de turno entre los Agentes de Migración para avanzar. Si pasas, llegas a un rancho en Arizona.

Conexiones con rancheros “Ellos (los coyotes) tienen conexiones con algunos gringos rancheros que te esconden en sus casas y allí esperas a que te recojan y te lleven a la ciudad. Pero no es fácil.

“La primera vez que pasé me agarraron llegando a Phoenix (Arizona). Íbamos cuatro en la cajuela de un carro.

“A esa primera vez le siguieron cuatro intentos más. En el segundo me encarcelaron por 20 días y en los demás simplemente me devolvieron a México.

Hasta que lo logré.

“La quinta vez, dije, era la última. Entonces me trajo uno de los ‘duros’.

Hicimos el mismo camino y de la casa del ranchero me llevó a la ciudad una señora méxico-estadounidense que iba con sus hijos. Con ella pasé la ‘migra’.

“Así conocí E.U. Pero luego de dos años regresé a México, aburrido de las condiciones del trabajador ilegal. Sin embargo, como en mi país no podía vivir, decidí volver a pasar la frontera.

“Esa vez (la sexta) solo caminé tres horas por el desierto. Después había una camioneta esperándonos. El peligro fue que la camioneta iba muy rápido, con muchísima gente y con las luces apagadas.

“Eso fue hace 14 meses. Ahora estoy decidiendo si regreso o no a mi país, pero esta vez tengo en mi contra el proyecto del muro, que pretende construir el gobierno de E.U.

“Mi idea es irme y no regresar, pero la situación en México es bastante difícil. Creo que como antes no tendría otra opción. Quizás me devuelva. El muro no es un gran obstáculo, no te frena en tus decisiones, igual va a haber formas de pasarlo”.

‘UN RESBALÓN ERA LA MUERTE SEGURA’: LEO.

Leo es un salvadoreño que llegó a E.U. hace 23 años y ya es ciudadano de este país. Hoy, con cuatro hijos, afirma que a pesar del muro que construirá ese país también se volvería a arriesgar.

Leo pagó por entonces 4.000 dólares por el viaje que duró 21 días y que hoy cuesta cerca de 7.000 dólares.

“Volvería a pasar, porque en nuestros países la situación cada día es peor: no hay oportunidades. Aquí me ha ido bastante bien, he trabajado mucho pero tengo mi casa y mis carros; cosas que en mi país es difícil tener.

“Para mí el paso fue bastante duro, estaba muy joven, nunca me había separado de mi familia y era hijo único. Mis padres eran de clase media, pero en esa época la situación en el país era tan peligrosa que yo no podía seguir estudiando.

En medio de buitres “Llegué a Ciudad de México en avión y de ahí pasé por tierra a Tijuana. Nos llevaron a la frontera en camión. Éramos unas 200 ó 300 personas organizadas en diferentes grupos. Recuerdo que estuvimos expuestos a grandes peligros.

Pasamos unos peñascos y nos decían que nos agarráramos y pisáramos bien porque un resbalón ahí era la muerte segura. Escuché cuando las piedras caían. Se oían animales volando. Eran buitres.

“Íbamos totalmente a oscuras, a ratos veíamos la luz de los helicópteros y corríamos a meternos entre matorrales para que no nos vieran.

“Cuando pasamos la frontera llegamos a una casa donde nos dijeron que al que saliera lo mataban. En la madrugada, unos intentaron fugarse y después escuché tiros.

“Eran personas que ya habían hecho el viaje y, como conocían el camino, querían escaparse para no cancelar el resto del dinero que les debían a los coyotes. Eso era impactante. Yo me sentía como esclavizado.

“Al día siguiente me echaron en el baúl de un carro con seis personas más y nos dieron unas bolsitas congeladas para que nos la pusiéramos en la cara y no nos fuéramos a asfixiar.

“Cuando llegamos a E.U. no podíamos tenernos en pie. Teníamos el cuerpo totalmente dormido. Nos sacaron y nos tiraron al suelo. Nos dejaron ahí hasta que los que se intentaron fugar pagaron el resto del dinero”.

UNA FALSA SOLUCIÓN Si antes del muro había muertes, ahora va a ser peor. Los traficantes van a buscar caminos más largos (...) va a costar más dinero, va a ser más difícil, pero la gente siempre va a seguir viniendo a E.U.”.

Mauricio, ilegal mexicano que en 6 intentos ha logrado entrar 2 veces

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