La novela familiar de ‘Trinidad’

La novela familiar de ‘Trinidad’

El juicio contra ‘Simón Trinidad’ en Washington terminó siendo una novela que todavía no culmina, pues los fiscales, tras la anulación del proceso el martes pasado, advirtieron que lo juzgarán nuevamente por el mismo crimen y que, de cualquier forma, le espera otro juicio por narcotráfico en mayo del 2007.

26 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Pero de esta novela se quedó por fuera un drama brevemente expuesto por el guerrillero durante su testimonio y que solo presenciaron los que tuvieron la oportunidad de asistir al juicio: el de su propia familia, destrozada desde el mismo día en que el entonces Ricardo Palmera Pineda, su nombre de pila, decidió tomar las armas e unirse a las Farc.

Según el recuento de ‘Trinidad’ era el año de 1987 cuando su esposa y dos hijos optaron por abandonar el país rumbo a México ante las amenazas de muerte que, dijo, estaban recibiendo.

El guerrillero permaneció en el país mientras vendía la joyería de su esposa Margarita y organizaba otros asuntos pendientes, pero con la idea de unírseles más adelante en el exterior. Pero el reencuentro nunca se dio.

Estaba en Bogotá cuando recibió la noticia del asesinato del candidato presidencial de la Unión Patriótica Jaime Pardo Leal, con quien pensaba reunirse cuatro días después. Según narró, ese crimen lo empujó por el camino guerrillero.

Desde entonces, los contactos con su familia –padres, hermanos e hijos– se suspendieron durante años hasta que se volvieron a ver cuando fue arrestado en enero del 2004 en Quito.

De hecho, al momento de su captura, ‘Trinidad’ se encontraba con su hija a la que no veía desde hacia una década. Luego tuvo otra visita familiar en la cárcel de Cómbita, Boyacá, poco antes de su extradición a Estados Unidos.

Habla uno de sus parientes La verdadera ‘reunión’, no obstante, se vivió en la Corte de Washington durante el juicio. Entre los asistentes fueron apareciendo, periódicamente, miembros de su entorno cercano. Un hermano, su hijo, y un sobrino, que aceptó hablar con EL TIEMPO con la condición de no revelar su nombre.

A lo largo de las cinco semanas que duró el proceso, a ‘Trinidad’ se le vio delgado, amarillo por falta de sol y muy parco. Pero cuando detectó la presencia de su familia en la tribuna se le iluminó el rostro por primera vez.

Para los familiares, los últimos años han sido como una pesadilla por no saber de él.

“Recibíamos de vez en cuando una carta en la que decía que estaba bien. Pero eso era todo”, dice su familiar. Quizá por ello, el hecho de que esté en una cárcel en el exterior es un factor de alivio.

“A diferencia de los extraditables nosotros preferimos para él una cárcel en E.U. que una tumba en Colombia. Si se quedaba en la guerrilla o preso en Cómbita probablemente lo iban a matar. Ahora por lo menos sabemos donde está”, afirma con resignación.

Resignación y algo de resentimiento, que se siente en su voz. “Yo lo quiero como miembro de la familia, pero no estoy de acuerdo con su decisión. Hubo mucha gente valiente en Colombia como Rodrigo Lara Bonilla o Luis Carlos Galán que buscaron cambiar las cosas por el camino legal”, sostiene el familiar.

Hoy, la mayoría de los integrantes de la familia Palmera Pineda vive fuera del país. Sus padres y una tía –que fue secuestrada y liberada– viajaron a un país suramericano a los pocos años de su ingreso a las Farc, acosados por la persecución de la derecha y el repudio de la sociedad. En ese mismo país murió su padre, que nunca volvió a ver a ‘Trinidad’.

De sus hermanos, solo uno permanece en Colombia. El resto, incluidos sobrinos e hijo, están en ciudades de E.U. como Miami, Washington y otro en el estado de Carolina del Sur.

Es difícil saber qué siente ‘Trinidad’ por el drama que desató en su propia familia. Quizás la sonrisa que expresó al ver a varios de sus parientes entre los asistentes al juicio sea una pista. Aún así, llamó la atención que las únicas lágrimas que derramó durante todo el proceso fue al recordar la muerte de Pardo Leal. Ni una sola se asomó cuando narró, imperturbable, la separación de su esposa e hijos hace casi dos décadas y el arrestó de su hija en Ecuador.

Archivo / EL TIEMPO.

E.U., FRUSTRADO POR ACTITUD DEL JURADO.

La anulación del juicio de ‘Trinidad’ no es una victoria suya, sino más bien prueba de que el sistema judicial de E..U. es transparente. Eso piensan las autoridades de E.U., pese al malestar que les produjo la indecisión del jurado que culminó en la anulación del proceso. “Así es nuestro sistema. No basta con convencer al 85 por ciento del jurado. Hay que convencerlos a todos”, dijo en conversación con EL TIEMPO uno de los agentes del FBI que participó en el caso. Algo parecido piensa Tom Shannon, subsecretario para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado. “Tan no es una victoria que aún está en la cárcel y seguramente será hallado culpable en el próximo proceso”, dijo Shannon, quien no pudo ocultar su frustración frente al desempeño del jurado. “Si algo falló en este caso fue el jurado. Es vulgar suponer que se querían ir rápido a sus casas para comerse el pavo del día de Acción de Gracias cuando tres compañeros están en la mitad de la selva comiendo ya sabemos qué”, puntualizó.

LO QUIERE, PERO NO LO RESPALDA Yo lo quiero como miembro de familia, pero no estoy de acuerdo con su decisión (de hacer parte de la guerrilla)”.

Dijo un familiar del subversivo que asistió al juicio.

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