‘Polizones’ venenosos llegan a diario a Bogotá

‘Polizones’ venenosos llegan a diario a Bogotá

No es por levantar roncha, pero es verdad: cada día arriban a la capital ciempiés carnívoros, arañas y escorpiones capaces de matar a una persona. ¿Cree que es ciencia ficción? Algunos de estos especimenes, conocidos como artrópodos por su cuerpo invertebrado y sus patas segmentadas, suelen aparecer en habitaciones de casas bogotanas, a cientos de kilómetros de las selvas y zonas costeras de donde son originarios.

26 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

¿Cómo pasa tal cosa? Todo se debe al flujo de comida y productos agrícolas que llegan a Bogotá. Sólo en Corabastos, provenientes de los Llanos Orientales, Chocó, Antioquia, Bolívar, Santander, Guajira, Valle, Boyacá y Amazonía, ingresan 10.000 toneladas diarias de hortalizas, frutas y granos.

Allí, ocultos entre el follaje, la madera de los guacales y la carrocería de los camiones, arriban escolopendras (parientes del ciempiés), tarántulas, viudas negras y alacranes. Su traslado hasta las casas de Kennedy, Suba, Chapinero o Egipto, algunos de los barrios donde se han reportado hallazgos, es cuestión de suerte, o de mala suerte, según se entienda eso de toparse, frente a frente, con un bicho provisto por la naturaleza para cazar su alimento inoculando veneno.

Claudia Patricia Castro recuerda que en una casa de Kennedy donde estaba de visita apareció un ciempiés, uno de quince centímetros, robusto, con patas laterales de color anaranjado. Su descripción coincide con la de una escolopendra, un artrópodo que, gracias a su boca masticadora, se alimenta de crías de ratón. Pero la escolopendra no es mortal.

Luis Fernando Castañeda debió vérselas con un alacrán pardo en la sala de su negocio de artesanías en Chapinero; Susana Barrero, con uno blancuzco, casi amarillento, en su apartamento del Minuto de Dios, Magnolia Ochoa dice que gritó cuando descubrió una tarántula en el patio de su casa en el barrio Egipto. Era peluda, negra y gorda, recuerda, y tuerce el rostro, como si de nuevo estuviera frente a ella. Ponzoñas afiladas Para el médico Rafael Otero, uno de los más reconocidos investigadores de serpientes y artrópodos venenosos del país, los avistamientos de animales ponzoñosos en las grandes ciudades no es una rareza, ni siquiera en aquellas situadas por encima de los 2.000 metros del nivel del mar, donde se supone que el frío es una barrera natural contra los bichos de zonas cálidas.

Otero explica que ante la tremenda movilidad de productos agrícolas, de cortezas, de maderas, incluso de minerales, es común que los animales más insospechados vayan y vengan como polizones. Varias veces, producto de ese tránsito, lo han llamado para que ayude a salvar vidas.

Hace un año, atendió a un veterinario mordido por una viuda negra en Medellín. El paciente estuvo diez días en cuidados intensivos, luchando contra uno de los venenos arácnidos más célebres.

También el año pasado, Otero debió socorrer a una mujer de Mesitas del Colegio, a sólo dos horas de Bogotá, mordida por otra araña famosa: la phoneutria, o araña de las bananeras, el arácnido que más muertes produce en Brasil. La suerte es que ambos pacientes se recuperaron, pero no siempre es así.

En el departamento del Tolima han muertos niños picados por el alacrán centruroides margaritatus, uno de las más comunes en Colombia y, seguro, también polizón ocasional en los cargamentos de frutas que ingresan a Corabastos. ¿Alguien ha visto uno de esos en Bogotá? Daniel Chaparro tal vez sí.

Hace dos meses se topó con un alacrán de cola gruesa (característica del margaritatus) en la sala de su casa en Suba. El hombre tiene un puesto de piñas en Corabastos y cree que, sin darse cuenta, quizás metido entre un canasto, llevó al animal hasta su vivienda. Pero no está asustado. A él todo ese asunto de los bichos venenosos le parece natural. Y hace bien: el temor no es buen antídoto.

En realidad, las arañas, los alacranes y las escolopendras son animales tímidos que evitan la luz y el movimiento de la gente. Cuando atacan, casi siempre lo hacen porque las personas los aprisionan sin darse cuenta.

Una recomendación inteligente es revisar la ropa y los zapatos antes de vestirse y examinar los tallos de frutas y hortalizas antes de comprarlas, sobre todo si se consiguen en plazas de mercado.

Carolina Mateus, estudiante de la Universidad Nacional, recuerda que un escorpión salió de un racimo de bananos que su papá llevó a la casa. Claro: es posible que a 2.600 metros más cerca de las estrellas, la mayoría termine por olvidar que Colombia es, justo, uno de los países con mayor biodiversidad y que su capital, en el corazón del territorio, es lugar de tránsito obligado para casi todo el mundo, incluidos, ya ve, artrópodos polizones. ¿Ya revisó debajo de su cama?.

Mejor no corra.

Rara vez, la picadura de escorpiones o la mordedura de arañas son mortales.

El grado de complicación médica depende de la edad y estado físico de la víctima. Las personas más vulnerables suelen ser los niños, los ancianos y los enfermos con deficiencias cardíacas. En Colombia no se lleva un registro de casos, por lo que nadie sabe el número de accidentes que ocurren cada año. Se cree que son decenas.

ALGUNOS DE LOS VISITANTES INESPERADOS.

Los ciempiés son visitantes comunes de las casas. Cuando sienten temor se enroscan. No son peligrosos.

Todos los escorpiones revisten algún tipo de peligrosidad. Este ejemplar, de grandes pinzas, es menos venenoso que sus parientes de pinzas delgadas.

Suelen llegar a Bogotá en la madera de los guacales, en troncos y hojas secas.

Todas las arañas son venenosas, pero su peligrosidad varía entre especies.

Esta tarántula, o araña pollera, no es letal y su veneno sólo produce dolor.

La ‘phoneutria’, o araña de las bananeras, en cambio, sí puede ser mortal en niños y ancianos.

La escolopendra es un ciempiés carnívoro. Puede llegar a medir 30 centímetros. Llega a Bogotá en cargamentos de madera.

Entre los alacranes colombianos, el ‘margaritatus’ sí ha provocado muerte de niños. Suele llegar entre tallos de frutas.

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