‘Estoy listo para irme al cementerio’

‘Estoy listo para irme al cementerio’

En el cuarto 201 de la Clínica Valledupar, Lorenzo Miguel Morales Herrera se acuerda hoy de aquel día en que no quiso hacer parranda en Urumita (La Guajira). Sucedió hace más de 60 años y dio origen a la más legendaria piqueria vallenata, de cuya contienda quedó para la historia La gota fría, pieza de otro juglar, el desaparecido Emiliano Zuleta Baquero.

26 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

“Me siento como el que va en viaje, como si estuviera casi muerto”, dice ‘Moralito’ desde su lecho de enfermo.

Desde el pasado 14 de noviembre permanece bajo observación médica. Ese día comenzó a sentirse mal en su casa de El Alto de la Vuelta (a 15 minutos de Valledupar), donde había pedido a sus hijos que lo llevaran para alejarse del ruido de la ciudad.

Estaba recostado en una hamaca cuando sufrió una baja de azúcar.

Ni siquiera recuerda quién lo recogió, ni cómo lo llevaron hasta el hospital.

“Una persona así esta muerta”, afirma el reconocido juglar vallenato en medio de la risa de las dos hijas que lo acompañan y tratan de darle ánimo.

‘Moralito’ nació el 19 de junio de 1914 en Guacoche (Cesar), un caserío del norte de Valledupar que formaron negros cimarrones.

Ahora que tiene 94 años piensa que ha vivido mucho “gracias a Dios”. Y que se lo debe también a los médicos y al amor por sus más de 30 hijos y casi 70 nietos.

Un juglar de oídas Sin saber nada de armonías o compaces supo arrancarle a su acordeón composiciones que ya se consideran inmortales.

Y no viene de una familia con tradición musical. Su padre, Epimenio Morales, era un agricultor y albañil.

El oficio de ‘Moralito’ como acordeonero comenzó en la zona bananera, donde tenía que presentarse con el permiso de su mamá porque era muy joven.

Allá aprendió de oídas de hombres como Chico Bolaño. Comenzó entonces a animar parrandas y su nombre se hizo popular en la región.

De su repertorio, que supera las 50 canciones, le vienen a la cabeza sones como Amparito; paseos como El Errante, Rumores y La Carta Escrita; merengues como Carmen Bracho; puyas como La Serenita y el tema que le compuso al viejo Emiliano Chucho, Marimonda y Maco, en respuesta a La Gota Fría.

Y no olvida sus recorridos por pueblos y veredas de La Guajira, Cesar y Magdalena cantando noticias con su acordeón.

Recuerdos que lo emocionan A Moralito se le aguan los ojos cuando habla del escaparate del que sacaba la maleta que le empacaba Ana, su última esposa, cuando iba a emprender los viajes musicales.

También se llena de nostalgia al hablar de su viejo acordeón, el que le regaló Gabriel García Márquez.

“En mis 56 años jamás lo había visto enfermo”, dice Lucy, la mayor de los 16 hijos que tuvo el maestro con Ana, con quien ha vivido en el barrio Primero de Mayo de la capital del Cesar.

De él dice el compositor y coordinador de Sayco en el departamento, Alberto ‘Beto’ Murgas, que es la memoria del vallenato.

“Tiene todo claro, desde cuando llegaron los primeros acordeones a las tiendas de la región”.

Hasta el lecho de enfermo de ‘Moralito’ han llegado hijos, nietos, vecinos, sus grandes amigos y los hijos de ellos como es el caso del cantante Poncho Zuleta, a quien recibió lleno de emoción.

Recordaron viejas historias. Poncho dijo que estar frente al maestro era como revivir los últimos días de su padre Emiliano Zuleta, quien falleció en octubre del año pasado.

Recordó que el viejo Morales entró apoyado en un bastón a visitar a su compadre antes de que muriera.

Algunos aseguran que fue después de la disputa con Emiliano Zuleta que ‘Moralito’ se aisló en una finca con su hijo mayor en la Serranía de Perijá, donde permaneció por más de 20 años.

Esta ausencia le sirvió de inspiración a juglares como Leandro Díaz para componerle La muerte de Moralito.

Lo cierto es que la vieja pelea entre Emiliano y Lorenzo Miguel terminó y sellaron la amistad con un compadrazgo que los mantuvo unidos como los mejores amigos hasta el final de los días del primero.

Se visitaban, asistían juntos a conferencias y homenajes en distintos lugares del país, donde contaban la historia de La Gota Fría y donde daban una lección a nuevas generaciones de lo que es conciliar y reencontrarse.

Desde la habitación del hospital, donde cumple 12 días hoy, ‘Moralito’ rememora el pacto de caballeros con el viejo Emiliano, ese en el que juraron que cuando uno de los dos muriera el otro dejaba de tocar.

El ha cumplido esa promesa. No se ha vuelto acercar al acordeón y ahora dice estar listo para irse al cementerio tranquilo.

‘ME SIENTO COMO SI ESTUVIERA MUERTO’.

‘‘Ahora me siento como el que va en viaje, como si estuviera casi muerto. Uno a esta edad se convierte en una carga”.

Lorenzo Miguel Morales Herrera

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