De futbolistas, parrillas y acompañantes

De futbolistas, parrillas y acompañantes

Los clichés tienen algo de verdad. Uno dice que todos los argentinos que viven en Colombia son futbolistas. Pues casi. Uno más: el mundo del fútbol y el de gastronomía no tienen nada que ver uno con el otro. Pues, a pesar de mi sentido sí, la verdad es otra. Todos los futbolistas argentinos retirados que viven en Colombia son dueños de restaurantes de parrilla.

25 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Siendo así, el Diego Maradona de ellos es La Estancia Chica, en la 93. El restaurante ha mejorado mucho su presencia. En un momento parecía el Edificio Colombia, el de Jaime Garzón. Es grande y bonito. La parrilla está en la puerta y permite que todo el mundo la vea.

Su público tiende a ser gente del alto gobierno, congresistas y periodistas de primera línea. Si busca una cita con el presidente Uribe y su secretario privado no pasa al teléfono, aquí lo puede conseguir. El poder es carnívoro.

Jamás encontrará a alguno de estos personajes en un restaurante vegetariano.

El servicio es tranquilo y eficiente.

Para mí, es una obligación arrancar una comida en un restaurante argentino con mollejas, uno de los grandes manjares. De los productos por los que estoy dispuesto a vender mi alma al diablo para conseguirlos, las mollejas están cerca de la cabeza de la lista. Existen dos formas de cocinarlas. Los argentinos las ponen directamente en la parrilla sin pelarlas. Yo estoy acostumbrado a pelarlas. Las de La Estancia son de premio. Tal vez son las mejores que he probado.

Aún no entiendo cómo los restaurantes de parrilla se las han arreglado para decorar sus platos. Todavía usan los que parecen de casa de muñecas, los de la época en que Corona no había aprendido a hacer losa: tienen 20 centímetros, cuando deben ser de 30 mínimo, para que las cosas se vean bien.

Otra vez hay carne argentina en Colombia. Qué maravilla. Es un producto espectacular y vale cada peso que cobran. No es una exageración decir que se puede cortar con un tenedor. Su secreto está en la propensión de los argentinos a elegir malos gobiernos, que no dejan crecer la economía. Así, las vacas Angus pasan su tiempo caminando por las pampas, comiendo alfalfa y produciendo una de las mejores carnes del mundo. El día que elijan un gobierno eficiente, los ganaderos comprarán concentrado y se parrandearán la carne.

La tapa del cuadril (punta de anca) de La Estancia estaba espectacular. La pedí un poco menos de medio y así llegó, con su sabor intenso de carne y parrilla y su interior rojo encendido. Se derretía en mi boca como mantequilla y satisfacía ese deseo primitivo de disfrutar la carne con el sabor de leña. No me importaba el platico horrible en que estaba servida.

A lo que sí no hay derecho es a los acompañamientos. ¡Papas a la francesa de bolsillo! ¡Prefiero morirme de hambre! La papa al horno estaba cocinada: la envolvieron en papel aluminio y luego la pusieron al horno. Nada que ver. El puré llegó gratinado y recalentado, como en el hotel más vil. Un steak sin buenas papas es como sexo sin orgasmo.

P.D. El 30 de noviembre arranca GastronoMIA, la feria gastronómica de Bogotá. Ya le tocaba el turno a la capital. Habrá clases con nueve chefs internacionales y 12 nacionales. Será la oportunidad de asistir a clases de cocina que valen millones por 6.500 pesos el día.

vivirpracomer@eltiempo.com.co

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