Para leer dos veces

Para leer dos veces

Hablemos de un drama nacional por el que muchos han ido a parar a un hospital, otros a la tumba. Son miles las que se han abierto por su causa. Dicen que se ha hecho más notorio en la Costa. Pero, en general, en el país miles de personas pueden haber tenido “relaciones peligrosas” y tal vez llevan ese secreto de vida o muerte entre pecho y espalda y no les han contado a sus familias ni a los organismos de control. No han querido delatar.

25 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Ha llegado la hora de decir la verdad, pues por su culpa han muerto personas a las que en un momento cogieron con los pantalones abajo. Muchos de los que hoy están en algún centro de reclusión lo hicieron por plata, otros por “culiprontismo”, por ganas de pasarla rico, por amistades non sanctas, porque se vieron obligados, o incluso lo tuvieron que hacer amenazados.

Muchos más porque en su momento no se protegieron. Esta epidemia nacional es culpa de las ganas desaforadas por ciertas posesiones y, en otros casos, por ciertas posiciones.

Pero hay que atajar el mal. Porque se dice que más de 70 mil personas en Colombia pertenecen a ese triste grupo, o en algún momento han tenido relaciones y encuentros fatales. Y que le han hecho un hueco enorme al fisco, especialmente a la salud. Tan grave es la situación que ha llegado a nuestro Congreso Nacional, donde se ha debatido.

Este drama, en la mayoría de los casos, es culpa del famoso e irresistible polvo que nos lleva al paraíso en un momento, pero que ha costado tantas muertes. La vida en los centros de reclusión, así nos frunzan La Ceja, es más llevadera que escondida, tragándose las lágrimas, sin saber en qué curva se sale la guadaña. Cuando seres queridos, hombres, mujeres y niños han ido a parar a la tumba por causa de este flagelo, es difícil perdonar. Pero hay que hacerlo.

Para muchos es complicado y penoso contar dónde lo enterraron, pero solo eso llevará a la verdad y a la paz del alma, antes de ir a la de los sepulcros, así duela decirlo. El ideal es que quien haya caído, diga la verdad. La verdad, política o social, aunque duela, puede salvar vidas, puede devolverles la esperanza a miles de seres. Por eso se debe hacer un examen nacional y el Gobierno tiene toda la responsabilidad en esto.

Uribe lo ha pedido. Bueno, todos lo hemos pedido, porque es una condición humana. Pero hay que hacerse un examen, porque saber la verdad es urgente.

También una política de Estado. Hay que mirar, por ejemplo, la experiencia de Zimbabue, que ha tenido un descenso en los “positivos”. No porque la gente haya dejado de ser zinbabuenza, sino porque ha habido conciencia y decisiones estatales.

Pero este no es solo un problema de los gobiernos. El papa Benedicto XVI sabe que en el mundo hay unos 40 millones en peligro de muerte por causa de ese polvo maldito. La Iglesia, como mediadora, no solo ante Dios sino ante los hombres, tiene mucho que ver. No solo debe hacerse cruces. Debe hacernos el cruce de interceder por nosotros ante el papa Ratzinger, a ver si la Santa cede. Me refiero a la Santa Madre Iglesia, para –y dije al fin la palabra ‘para’, que está de moda– que haya una mayor protección, para que le dé vía libre al uso del condón. Porque la terrible epidemia de sida a la que me vengo refiriendo no siga avanzando en nuestro país, donde cada día se presentan ocho “positivos” y por cuya culpa, diariamente también, estamos despidiendo por siempre a cinco colombianos.

Aquí padecemos muchos dramas. El lector pudo imaginarse otro, por lo cual ojalá relea esta nota. Hablo del sida, cuyo día mundial se conmemorará el próximo viernes, uno de los más dolorosos y ante el cual no se puede recular. En el amor, como en la política, hay que protegerse, o no darse “el gustico”, como dice el Presidente. Sin condón, ni pío.

luioch@eltiempo.com.co

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