MEDELLÍN HIZO AYER SU AYUNO COLECTIVO POR LA PAZ Y LA VIDA

MEDELLÍN HIZO AYER SU AYUNO COLECTIVO POR LA PAZ Y LA VIDA

Ojalá que la vida nos alcance, ... Este fue el coro que cantaron ayer, una y otra vez, las mamás de nueve muchachos de Villatina (al oriente de Medellín), masacrados la noche del 15 de noviembre de 1992. En la Plazuela de San Ignacio -donde se llevó a cabo el ayuno colectivo por la paz-, las madres, los niños, los estudiantes, los obreros... le subieron el tono al canto para pedir el fin de la guerra y para orar por Wilton. Un niño testigo de la masacre, que cumplía once años el jueves y que murió justo ese día de un paro cardíaco.

08 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Las pesadillas y pesadillas de hombres que disparaban contra sus amigos, le habían provocado un vértigo permanente en el corazón.

Yo siempre sueño con esos carros y con esos hombres con metralletas y me duele aquí , le decía a la mamá de Johana -su amiga de ocho años que murió en el atentado- mientras se tocaba el pecho. El estaba junto a la niña pero se escapó porque se hizo el muerto.

Nunca pudo quitarse de la cabeza la imagen de sus compañeros. Tampoco, la forma desesperada como su mamá lo lavaba con agua para mirar si estaba herido.

Las alucinaciones de Wilton, el dolor de las madres y las noches de muerte que han cogido por su cuenta a Medellín, sostuvieron ayer el ayuno espontáneo de los paisas.

Para los que hicieron en pleno la penitencia se instaló una caseta distribuidora de agua. Así, cada vez que el estómago asaltaba, las bolsitas con el líquido atendían esa demanda.

Durante el ayuno, unos seguidos de otros, se acercaron a las diez mesas donde se recogieron firmas para apoyar el proyecto de ley que pretende reglamentar la paz.

Aunque en cada mesa había encargados de explicar al que llegara para qué iba a servir su firma, en la mayoría de los casos todos sabían que se trataba de un acuerdo de paz.

Aún no se tienen datos consolidados sobre las firmas recogidas en la ciudad, pero sólo el domingo pasado se obtuvieron 5.000 durante los sancochos comunitarios.

En Medellín la violencia desbordó los deseos y las exigencias de vida. Los muchachos, los viejos, y hasta los indiferentes, pasaron por otra mesa para desahogarse en el que se llamará el libro de oro de la semana de la paz .

En él, cada cual escribió lo que se le vino a la cabeza, lo que tenía ganas de decir hace rato o la idea loca con la que quería desafiar la guerra.

Este texto manuscrito, con letras de todos los tamaños y de distintas curvas será conservado por la Vicaría de Pastoral Social.

Entre firmas, canciones y amenazas de lluvia transcurrió el ayuno.

A las seis de la tarde el repique de campanas en toda la ciudad, se fundió con un aleluya para cerrar la jornada de penitencia. En Medellín le caminamos a la paz . Con este lema culminó el día.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.