LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

A los padres de familia se les está olvidando educar (o no lo aprendieron). Y por eso estamos como estamos... en la olla. Educar es formar al hombre, es preparar los hijos para que vivan la vida, para que se enfrenten a los problemas, no tanto científicos y técnicos, cuanto humanos e inhumanos, que tarde o temprano se les van a presentar.

25 de octubre 1992 , 12:00 a. m.

Instruir, hoy por hoy, consiste en atiborrar de conocimientos.

Educar debería consistir en formar ciudadanos, en transmitir valores, en capacitar a los hijos para luchar, para comprender, para perdonar y para amar. Y esto poco o nada se está dando hoy.

Vayamos por partes.

Primero que todo, los padres de familia deben saber que no basta poner a los hijos en un buen colegio o universidad, que sólo les va a dar ciencia y tecnología. No olviden: ciencia sin conciencia, sin honestidad, tan solo conduce al mal. Con ellas solo se consigue producir dinero para comer y vivir, no para vivir bien, como Dios manda, como ciudadanos honestos, responsables y honrados, como verdaderos hijos de Dios.

En segundo lugar, la educación parte del hogar, del buen ejemplo de los padres, del diálogo de corazón a corazón. Pero, qué educación van a dar unos padres que viven en eterno conflicto y pelea, o que no paran en casa? Para educar se requiere la unión de los padres, la estabilidad conyugal, la fidelidad de papá y mamá. El ejemplo educa más que las palabras y que el mejor colegio del mundo. Nada educa más que la armonía conyugal.

El diálogo, unido a la frecuente presencia en casa, sobre todo a la noche y al atardecer, y en los fines de semana, el diálogo es educador, da seguridad, da orientación, da madurez. Superada la infancia y llegada la adolescencia de los hijos, la relación vertical padres-hijos, debería convertirse en relación de igualdad, de amistad. La amistad educa hoy día más que el regaño y la autoridad. Y aprovechen esa amistad para escuchar las dudas de sus hijos, para jugar con ellos, para compartir sus angustias y darles seguridad. Y vengamos al elemento más crítico en el hogar: los hijos y la T.V. Convengamos en que la T.V. hoy día no suele educar sino que se limita a nutrir (o más bien matar ) a los televidentes, sobre todo niños, con la violencia, el sexo y el lujo de la publicidad. Yo me pregunto: qué pueden aprender sus hijos recibiendo todo el santo día una fuerte dosis de agresividad? Y se preguntan por qué advierten en ellos intentos de pelear, disgustar y hasta matar? Si yo tuviera hijos (a decir verdad, cuento con millares, ya que a todos los suyos los cuento y los amo como míos) poca o ninguna T.V. les dejaría ver: no conozco nada que más deseduque y que incline al mal que el cine y la televisión.

Piénsenlo bien: los instintos agresivos de sus hijos vienen, no lo duden, de los diarios conflictos entre ustedes dos, y de la frecuente dosis de televisión.

Educar es inducir valores morales en los hijos, es enseñarles a comunicarse los dones y regalos, a ayudarse mutuamente, a aceptar la legítima autoridad, a servir y a perdonar. Hoy en día la educación ha olvidado los valores morales y religiosos. Por eso ha dejado de ser educación para convertirse en instrucción o mera deseducación.

La verdadera educación debe formar a los hijos en la fe en Dios, en su presencia humana, en su providencia, en su diario peregrinar con nosotros en el camino de la vida hacia el más allá. Para este efecto, mucho aprovecha explicarles el sentido cristiano de la muerte de seres queridos. Familia que reza unida, permanece unida, reza el bello refrán que no ha perdido eficacia ni actualidad. Qué bello es ir a misa en familia, cuando los hijos son todavía menores de edad.

A los niños hay que descubrirles el sentido de la vida, de la muerte, del trabajo, del sufrimiento y del amor.

Sin culpa de ellos, llevados por lo que ven en T.V. tienden a identificar sexo con placer. Qué buena oportunidad para hacerles ver y entender que la sexualidad es un don de Dios, que busca y quiere su felicidad en una vida compartida en el amor y la generosidad.

Educar es la más bella misión que Dios les dio a los padres de familia: antes que en hacer dinero, en afirmarse como el mejor ejecutivo del año, o la mejor profesional o la mejor vestida o maquillada de la nación, piensen en ser los mejores padres de familia, los mejores educadores del país.

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