La espera por un milagro

La espera por un milagro

–Mamá, ¿qué sigue después de la primaria? –El bachillerato. –¿Y después del bachillerato...qué sigo? –Vas a la universidad, te lo he dicho muchas veces. –Y yo te he dicho que no voy a ser médico sino campesino, así como ustedes. Así recuerda doña Nubia a su hijo Pedro Mateo, el niño de 5 años al que un hombre secuestró y al que según el Ejércitio le disparó en la cabeza cuando se vio cercado por los militares. La madre no resiste su propio relato y estalla en llanto.

24 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

A su lado, el papá del niño, Pedro Escobar, le pasa un poncho descolorido por muchas horas de trabajo en la finca. Ella se limpia la cara y en el trapo sus lágrimas se mezclan con las de él.

Transcurre el séptimo día desde que dos hombres encapuchados, que se identificaron como paramilitares, la interceptaron cuando ella y su pequeñín caminaban más de un kilómetro hasta la escuela de una vereda de Puerto Salgar (Cundinamarca). Ese día lo llevaba ella, el día anterior lo había llevado él.

Pasadas las 7 de la mañana, en un puente colgante que comunica a Caparrapí con Puerto Salgar, los hombres se lo arrebataron y le entregaron un papel.

“Mi doña, tiene que conseguir 200 millones para mañana. Lea la carta y piérdase”, le dijeron.

Hay vecinos que cuentan que vieron a esos hombres merodeando el día anterior. “Son unos animales. Y son tan machos que no quisieron quitármelo a mí sino a ella”, dice don Pedro con el rostro congestionado, con la amargura encima.

Pedro conoce a los secuestradores de años atrás. Cuenta que trabajaron en la finca de su padre, en donde también trabaja él. “El que le disparó a mi nené ordeñaba y cambiaba las vacas de potrero”, dice.

Lo que siguió fue angustia. Nubia corrió de vuelta a casa desconsolada, sosteniendo en brazos a su otra hija, de 14 meses. Apretaba el pedazo de papel con fuerza. Eran ya casi las 8 de la mañana. Fueron a buscar un cadáver El país entero se conmocionó cuando el Gaula del Ejército capturó, un día después de los hechos, a Christian de Jesús Galeano, quien admitió el secuestro del niño y quien, en hechos que están siendo investigados, escapó después y fue recapturado (ver preguntas sin respuesta).

En un video del Ejército aparece confesando que le disparó al niño en la cabeza cuando se vió cercado por las autoridades. Dijo que podían buscar el cadáver en la vereda San Antonio, como a una hora a pie del puente colgante.

Don Pedro y una comisión del Gaula y el Das fueron en helicóptero a buscar al niño. Nubia aguardaba en la base militar de Palanquero.

Mientras tanto, la vida de Mateo, como una lucecita, se negaba a extinguirse en medio de la maleza.

Según el reporte médico, el proyectil entró por la cien izquierda y salió centímetros más arriba de la oreja derecha. Prácticamente, le atravesó el cráneo.

“Yo no tengo fundamentos para hablar de milagros, pero la historia de Mateo puede ser uno”, dice Danik Valera, la subdirectora científica del hospital Santa Clara, en Bogotá, a donde el niño llegó el jueves.

Se sobrepuso a la muerte durante el viaje, pues hizo paro cardíaco. “Al final su corazoncito continuó latiendo y el niño respondió a la reanimación”, afirma la médica. Mateo llegó al hospital a las 3 de la tarde y antes de las 5 estaba entrando al quirófano. Estuvo allí casi tres horas, mientras los médicos drenaban para bajar la hinchazón de la cabeza. Luego indujeron al pequeño a estado de coma “para que su cerebrito estuviera totalmente inactivo y se recuperara más rápido”, explicaron.

Ayer el diagnóstico era positivo. Los médicos se regocijaban porque el niño movía la mano izquierda y atendía cuando lo llamban por su nombre. “Ha soportado porque estaba muy sano. Es de esos niños a los que se les nota el amor con el que han sido criados”, dice la médica. Mientras esperan en patio del hospital, Pedro abraza a su esposa y le dice: “Mi amor, te juro que el niño nos va a dar una buena sorpresa”.

andros@eltiempo.com.co .

UN CASO CON CABOS SUELTOS.

El caso del pequeño Mateo no solo ha sido noticia por la tragedia que ocasionó uno de sus secuestradores, Christian de Jesús Galeano, de 18 años, sino por la extraña fuga que este protagonizó cuando era trasladado de Puerto Salgar a Bogotá.

Sigue siendo un misterio la razón por la cual están siendo investigados por la justicia ordinaria, y no por la militar, los tres suboficiales destituidos por dejar escapar al secuestrador.

Tampoco se ha explicado cómo el hombre, que huyó esposado, sin camisa y sin un peso, llegó el pasado martes hasta Rionegro (Antioquia) en un bus intermunicipal.

Las autoridades aún no explican por qué tras su recaptura el delincuente apareció ante la opinión pública con vendajes y con moretones que no tenía cuando fue mostrado la primera vez.

La familia del niño pide la máxima pena para los secuestradores que conviertieron su vida en una tragedia.

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‘NO PIDO MUERTE, SINO CÁRCEL POR 60 AÑOS’.

‘‘A esos hombres deberían darles 60 años de cárcel sin comida. Por culpa de ellos nuestras vidas jamás serán las mismas”.

Pedro Escobar, papá de Mateo.

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