Llega nariz electrónica para catar los alimentos

Llega nariz electrónica para catar los alimentos

Detectar la adulteración de un vino, el origen y la denominación de un café y definir la vida comercial de un pescado son algunas de las cualidades de la primera nariz electrónica que llegó al Colombia y que ayudará a mejorar los procesos de producción, calidad e higiene de la industria alimenticia.

23 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

La nariz, que llegó junto con un texturómetro (que mide la masticación de los alimentos) y un minividas (que detecta microorganismos) son el resultado de un convenio de cooperación entre el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos (Icta)y el Instituto Italo Latinoamericano (Iila) “Gracias a diez sensores, perceptivos a distintas clases de compuestos, se obtiene una huella olfativa parecida a la huella digital en el sentido de que es única y propia. Luego, no solo se puede grabar, sino comparar y caracterizar para clasificar desde una ciruela hasta petróleo”, explica Marcello Della Campa, experto en estos dispositivos.

De esta forma, será posible monitorear aceites, carnes, yogures, mieles y frutas desde el punto de vista del aroma, con fines de exportación, vida útil en estantería, tipo de empaque, estandarización de tiempos y modos de producción, además, control de calidad en líneas completas de producto.

La nariz electrónica también facilita la presencia de residuos de detergentes o ácidos cuando se realizan labores de mantenimiento y limpieza en la planta de producción de cualquier alimento.

PARA MEDIR LA DUREZA En lo que respecta al texturómetro, su función consiste en simular en detalle los procesos de masticación y trituración humanos mediante prueba mecánicas en distintos alimentos.

Sobre esta base, podrán crearse nuevos alimentos, diseñarlos según las preferencias y necesidades de diferentes grupos de consumidores o vigilar las características que ofrece determinado producto.

Salchichas, pastas, salsas, gelatinas pueden ponerse a punto con el uso de este instrumento que, además, crea bases de datos y captura información práctica para modular la producción.

Finalmente, el minividas se encarga de detectar microorganismos patógenos, lo que ayuda a garantizar la inocuidad de los alimentos.

Por lo general, las técnicas convencionales de laboratorio tardan entre 8 y 15 días en determinar el estado microbiológico de una muestra, mientras este equipo arroja resultados en menos de 24 horas.

“Es evidente el ahorro para una industria, pues la aparición de un patógeno puede dar al traste con producciones completas o generar enfermedades”, advierte la profesora Martha Stella Holguín, bacterióloga e investigadora del Icta.

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