Empieza guerra contra la pólvora

Empieza guerra contra la pólvora

El pequeño Giovanny Payares, de 7 años, suele mirar temeroso el pulgar de la mano derecha cuando está en su casa, situada en Kennedy, en el suroccidente de la ciudad. Tal actitud, cuenta su mamá, se debe a que ese dedo casi lo pierde por culpa de dos cohetes encendidos, el 31 de diciembre del año pasado.

23 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Según recuerda Marta Pérez, esa noche su hijo salió al frente de su casa y recogió unos cohetes desechados por un vecino que encendía pólvora en la calle. “Después oí una explosión en la cocina. Sin darme cuenta, mi hijo había traído unos cohetes y los había puesto en la estufa encendida. En el Hospital Kennedy lo atendieron y hoy, gracias a Dios, mi niño está bien.

Pero pasé un susto muy grande por culpa de ese mal vecino”.

Pequeños inocentes como Giovanny han sido las principales víctimas de la pólvora encendida en Bogotá para celebrar Navidad y Año Nuevo. En los últimos cinco años, tres de cada 10 quemados han sido menores de 10 años.

Según la Secretaría Distrital de Salud (SDS), entre el 2000 y el 2005 hubo 470 quemados, de los cuales el 37 por ciento fueron niños que tenían entre 1 y 9 años. (Ver perfiles de las víctimas).

La venta y uso de la pólvora en el Distrito están prohibidos desde 1995. Y si bien es cierto que las campañas preventivas del Gobierno Distrital no han sido suficientes para acabar con las tragedias de los quemados por pólvora, al menos sí han contribuido a que los casos disminuyan notablemente. En el último quinquenio bajaron 164 por ciento, pues se pasó de 135 casos en el 2000, a 51 en el 2005.

En concepto de las autoridades distritales, en Bogotá persiste el drama de los quemados debido a que, en gran parte, la pólvora se sigue vendiendo en los municipios vecinos. Los distribuidores suelen adquirirla especialmente en Soacha y Chía para ofrecerla luego en la ciudad.

De ahí que este año, la SDS esté proponiéndole a su homóloga en la Gobernación de Cundinamarca, que en los municipios vecinos se restrinja el expendio de la pólvora. La próxima semana se conocerá la respuesta.

Mientras tanto, la Administración lanzará hoy su campaña ‘Enciende la vida, apaga la pólvora’, con la cual aspira a que en la ciudad no haya un solo quemado este fin de año.

El secretario Distrital de Salud, Héctor Zambrano, dijo que se multarán e incluso cerrarán los sitios donde vendan pólvora. Además, habrá sanciones sociales para los padres de familia con niños quemados y que sean responsables de la compra o uso de pólvora. El año pasado, 35 padres fueron amonestados verbalmente por esa causa.

El padre Aliro López, director del programa Vida Sagrada y Desarme de la Alcaldía, dijo que los papás de niños quemados por irresponsabilidad o descuido, tendrán que hacer jornadas contra la pólvora en sus respectivas comunidades. Y añadió que, además, se estudia ponerlos a barrer sitios públicos como la Plaza de Bolívar o el Parque Santander.

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88% de los quemados: estrato 1 y 2 .

Después de casi 11 años de campañas contra el uso de la pólvora en la ciudad, resulta sorprendente que haya aún adultos quemados por voladores y otros artefactos pirotécnicos usados en las fiestas de fin de año.

Del total de 470 quemados que hubo entre el 2000 y el 2005, 128 eran mayores de 20 años. También hay un alto número de quemados (166) de 10 a 19 años, según la Secretaría Distrital de Salud (SDS).

La mayoría de los lesionados (88 por ciento) son de estrato 1 y 2 y que viven en localidades como Ciudad Bolívar, Bosa, San Cristóbal, y Rafael Uribe.

Los artefactos pirotécnicos que más han quemado a los afectados son las mechas (24,6 por ciento), pitos (16,4 por ciento), voladores (18 por ciento) y luces de bengala (9,8 por ciento).

En un 46 por ciento de los casos, las víctimas han sufrido las quemaduras en las manos. Otras partes que más resultan afectadas son los ojos y la cara en general. Estas heridas son causadas especialmente por el uso de luces de bengala, que no son tan inofensivas como parece, advirtió la Secretaría.

Así la ingresan ilegalmente desde Soacha y Chía.

Aunque la comercialización de pólvora está prohibida en Bogotá desde 1995, las autoridades luchan cada año por impedir su ingreso desde los municipios vecinos.

Tan solo el año pasado, la Policía Metropolitana incautó 13 toneladas de material pirotécnico, que llegaron a la ciudad en buses intermunicipales procedentes de Soacha y Chía. En el 2004, decomisaron las 55 toneladas.

En esas poblaciones de Cundinamarca está permitido fabricar, transportar y expender pólvora.

“La esconden sin ningún problema en el equipaje y el bus queda convertido en una auténtica bomba”, dijo ayer una fuente policial.

Según cifras oficiales, las localidades a donde llega gran parte de esta mercancía son San Cristóbal, Ciudad Bolívar, Bosa, Kennedy y Mártires, en el suroccidente y centro de la ciudad.

Una de las acciones para impedir que esto siga ocurriendo será la instalación de puestos de control en las entradas a Bogotá, por parte de la Policía de Tránsito.

El subcomandante de la Policía Metropolitana, coronel Francisco Patiño, invitó a los padres a ser “responsables” y les pidió que se abstengan de “comprar o regalarle pólvora a sus hijos y así evitar que esos días de fiesta estén marcados por el dolor”.

El oficial les pidió a los bogotanos que denuncien la venta y el uso de pólvora en la línea 112 de la Policía.

Los ciudadanos que sean sorprendidos con estos elementos recibirán una sanción pedagógica y pública, advirtieron las autoridades.

112 Es la línea telefónica de la Policía en la cual se puede denunciar los sitios donde fabriquen, vendan o estén utilizando pólvora.

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