Puso a comer cactus a pueblo

Puso a comer cactus a pueblo

La primera vez que Ana Silvia Romero se atrevió a probar un cactus se le durmió la lengua y debió ser llevada de urgencias al médico. Fue hace cuatro años, cuando después de muchas dudas decidió acompañar a su esposo, José Rafael Márquez, en los experimentos que él hacía para transformar la planta en un alimento apto para consumo humano.

23 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Doña Clema Vargas, de 76 años, mamá de José, recuerda que él pasaba las noches en vela, trabajando. Y al otro día, cuando ella se levantaba, lo veía botando por el sifón todo lo que había hecho.

“Fue difícil encontrar el punto de equilibrio y aprender qué cactus se pueden consumir, cuáles son venenosos y cuáles alucinógenos. Las recetas no me cuadraban”, explica José, que con 54 años y sin haber terminado siquiera la primaria es quizá quien más sabe de esa planta en el país.

Pero hoy este hombre, que ostenta 14 títulos en manejo de frutas certificados por el Sena, tiene una microempresa que produce dulces, mermeladas, champú, bocadillos, pasabocas, encurtidos y hasta chicha a base de cactus.

En su ‘laboratorio’, (la cocina de doña Clema), y usando una licuadora, molino, horno de leña, caldera y un fogón, tiene 17 productos sacados de la espinosa planta, que crece silvestre en el desierto de La Tatacoa, a media hora de su casa en Villavieja (Huila).

Al ex activista político y ex concejal se le ocurrió sacarle jugo a la mata por una historia de su abuelo, quien le contó que hace un siglo en Villavieja calmaron una hambruna comiendo cactus.

Ahora, su esposa usa mascarillas de cactus para mantener tersa la piel y todos, incluidos los 5 hijos y la abuela, usan el champú.

Y no puede faltar el vaso de chicha para los invitados. José asegura que el nopal regula el colesterol, adelgaza y es afrodisíaco.

Turistas, en su mayoría extranjeros, llegan a su casa a comprar sus productos, y en el pueblo, donde eran escépticos y no se atrevían a probar los menjurjes, ahora los compran en el museo o en el observatorio astronómico.

“A algunos todavía les da miedo comer. La gente me dice: ‘pruebe usted y si en 10 minutos no le pasa nada, le compramos’.

Otros les dicen a sus esposas que prueben primero ellas”, remata José en medio de una carcajada.

Una mata rica.

Según el Instituto Alexander Von Humboldt y el programa ‘Mercados Verdes’ del Ministerio del Medio Ambiente, José Rafael Márquez es pionero en la transformación del cactus en Colombia.

México es donde más avances hay en su uso. Allí se cultivan unas 50.000 hectáreas, según el libro ‘El Nopal Tunero’, de Eulogio Pimienta. En Colombia no se conocen estudios.

El cactus o nopal es de la familia de las cactáceas, con unas 1.600 especies en 122 géneros.

La planta tiene minerales como calcio, hierro, aluminio y magnesio, sulfatos y fosfa, potasio, sílice, sodio, manganeso, carbohidratos y componentes nitrogenados, además de vitaminas A, B1, B2 y C.

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