CAMBIO DE GOBIERNO, CAMBIO DE ESTILO

CAMBIO DE GOBIERNO, CAMBIO DE ESTILO

El Gobierno del presidente Samper dice no tener diferencias fundamentales, en asuntos de relaciones exteriores, con su antecesor César Gaviria. Hay continuidad, con diferencias de énfasis y de estilos , dijo el canciller Rodrigo Pardo en entrevista con EL TIEMPO. Pardo no descalificó la gestión del embajador saliente en Estados Unidos, Gabriel Silva, y dijo que no hubo discrepancias ni malos entendidos en la posición de Colombia frente a la invasión a Haití. Eso sí, fue enfático en calificar de simplista la tesis según la cual las relaciones con EE. UU. están mal ahora y estuvieron bien bajo el gobierno Gaviria.

09 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Con Gaviria, tenemos diferencia de estilos Cada día toma más fuerza la versión de un supuesto enfrentamiento entre los cuarteles generales de César Gaviria en Washington y el Gobierno de Samper en Bogotá. Y uno de los temas en que más se estaría dando esa confrontación es nada menos que en las relaciones exteriores.

Se ha dicho que algunos episodios como el manejo del caso haitiano (supuestamente el ex embajador Gabriel Silva ofreció un contingente de policías sin consultar al nuevo Gobierno), han atizado esa rivalidad.

Y otras fuentes cercanas al gavirismo han calificado de delicadísimas las relaciones con Estados Unidos, sobre todo después del caso Toft.

El canciller Rodrigo Pardo responde algunos interrogantes. Dice, por ejemplo, que resulta simplista hablar de que bajo el Gobierno Gaviria las relaciones estuvieron bien y ahora están en su peor momento. Cita ejemplos de casos delicadísimos en la anterior administración, y de avances bilaterales en la actual.

En varios sectores de opinión se han planteado severas críticas al embajador Gabriel Silva por el manejo que le dio a la enmienda Helms y al reciente problema de las rosas colombianas...

Creo que las relaciones con Estados Unidos con mucha frecuencia se ven de manera equivocada. Primero, es erróneo pensar que las relaciones se definen por el grado de amistad o de odio que exista entre los dos países. El hecho de que seamos amigos de los Estados Unidos no quiere decir que estemos de acuerdo o que coincidan nuestros intereses sobre todos los temas, de la misma manera que el hecho de que algunas personas planteen autonomía frente a Estados Unidos no implica que tengamos que estar en desacuerdo en todos los temas. Creo que las relaciones se deben basar en el reconocimiento de una amistad, de que compartimos valores fundamentales como la democracia, el libre comerciialmente dentro de la etapa previa a la intervención, en la cual veíamos un mayor énfasis de los Estados Unidos en la utilización de la fuerza, importancia que nosotros no le dábamos. Además hemos tenido problemas como el caso de las rosas y de la enmienda Helms fundamentalmente. Entonces el manejo de las relaciones requiere tratar tema por tema de manera sensata, buscando acuerdos.

Pero hubo equivocaciones del embajador Silva en la relación con Estados Unidos? El caso de la enmienda Helms fue un factor inatajable o se habría podido hacer algo? Fue una falla del embajador, de la firma de asesores?.

Creo que es generalmente difícil prever que en situaciones no normales se introduzcan, a última hora, temas de agenda en el Congreso que no están previstos, que fue lo ocurrido en el caso de la enmienda Helms. Hay que tener en cuenta que sobre esta enmienda hay cosas que frecuentemente no se mencionan. La primera es que con Gabriel Silva trabajamos conjuntamente en la derrota de la enmienda Helms y no solamente conjuntamente con él, quien era el embajador, sino con los Estados Unidos. Porque la política de los Estados Unidos y del Departamento de Estado era contraria a la enmienda Helms. El hecho de que ellos expresaran esa opinión en el Congreso de los Estados Unidos fue muy importante para que los congresistas cambiaran su voto. La otra cosa que no se menciona es que hubo una segunda enmienda Helms en otra ley que fue derrotada desde el comienzo y en eso trabajamos conjuntamente con el embajador Silva y, por supuesto, en la Cancillería.

Yo no quiero decir que esto no sea evitable, pues un embajador de Colombia en Washington tiene que estar muy al tanto del Congreso y de la agenda, pero pretender que pueda controlar la agenda del Congreso es prácticamente imposible. La primera enmienda de Helms fue introducida a última hora en una ley que se había discutido bastante.

Hubo discrepancia con el embajador Silva en el caso concreto de Haití? En ese caso yo no creo que haya habido discrepancia. Yo le había preguntado al presidente Gaviria, incluso, cuál había sido su posición sobre el tema y él siempre me dijo que era una posición muy semejante a la nuestra o sea la de buscar una participación en el tema de reconstrucción económica y no en la intervención. También se ha dicho que hubo equívocos sobre la manera como Estados Unidos entendió nuestra posición, pero yo sinceramente no encuentro ninguna fuente de mala interpretación, porque me parece que desde el principio fue muy claro que Colombia planteaba participar en la reconstrucción y no en la intervención militar. Inclusive así lo hablamos en aquella reunión que hicimos antes de la posesión cuando ya el presidente Samper había anunciado que iba a nombrar algunos ministros. Y con Gabriel Silva, en una reunión que tuvimos en el Departamento de Estado cuando por primera vez nos plantearon el interés de que Colombia participara en lo de Haití, yo dije que necesitaba estudiar más el tema porque en principio consideraba que trabajar en programas de reconstrucción económica sería eventualmente mucho más viable que hacer parte de una intervención militar. Eso siempre fue muy claro.

En conclusión, el gobierno no descalifica la gestión del embajador Silva en estos episodios...

No sería justo hacerlo, sobre todo porque personalmente he trabajado con él en muchos de estos temas: en la enmienda Helms...lo de las rosas la verdad es que tiene una dinámica propia originada en Estados Unidos por una demanda en sectores que dicen sentirse afectados por la exportación de flores colombianas (hay estudios que muestran otra cosa). Hicieron una demanda de acuerdo con la ley comercial y tuvo éxito en ser considerada por el Departamento de Comercio.

Al final del Gobierno Bush se veía con esperanza la posibilidad de desnarcotizar la agenda de las relaciones con Estados Unidos. Ahora estamos en el punto inicial? Es innegable que en los últimos meses la mayor parte de las noticias que han leído los estadounidenses sobre Colombia han estado vinculadas al tema de las drogas. A nivel de la percepción en la opinión pública de los Estados Unidos sí creo que ha habido un proceso de narcotización en los últimos meses que es indeseable e inconveniente. La verdad es que estas relaciones han pasado por momentos muy difíciles en el último año: cuando la cuestión de Juanchaco, el fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre la despenalización de la dosis personal, el problema de los radares, la enmienda Helms, en fin, ha habido muchos problemas que han producido noticias sobre Colombia en Estados Unidos vinculadas al problema de las drogas. Eso en términos de la percepción. En términos de la realidad creo que, como lo han dicho distintos consejeros del Gobierno de los Estados Unidos, como lo ha dicho con toda claridad el presidente Samper, nuestras relaciones no están circunscritas al tema de las drogas y nosotros hemos podido tratar temas más diversos como población y desarrollo, como decía antes. Hemos establecido algunos contactos en materia de derechos humanos, tema en el que tenemos visiones parecidas, estamos colaborando mucho en el tema de la cumbre de las Américas porque la vemos como una iniciativa interesante del Presidente Clinton y que puede ser muy útil. Entonces en el tratamiento real de la agenda yo no diría que hay narcotización . En las percepciones de la gente de Estados Unidos sobre Colombia, lamentablemente creo que sí.

Hay alguna lección de la anterior administración de Noemí Sanín que deba asimilarse o rectificarse? Hay diferencias de estilo entre la manera como ella ejercía su trabajo y la nuestra, en el énfasis del modelo interno que tenía la administración Gaviria y el del Gobierno Samper, que se reflejan en la política exterior. Por ejemplo, la presencia de lo social como tema central del modelo interno le ha dado a los escenarios internacionales donde se trata el tema social una mayor importancia para la política exterior y para la acción de la Cancillería. Entonces, más que rectificaciones, yo diría que hay cambios de énfasis, de estilo, pero dentro de una continuidad. Entre otras cosas no es una continuidad de la administración Gaviria sino que viene de mucho tiempo atrás. La política exterior colombiana ha sido relativamente unificada.

Pero hay versiones según las cuales las relaciones con Estados en el Gobierno Gaviria eran inmejorables, y ahora están en su peor punto...

Eso de que las relaciones están hoy mal y antes estaban bien no es cierto. De hecho, podemos citar ejemplos de problemas muy delicados, cuando supuestamente estaban bien. Y ahora cuando supuestamente están mal, podemos citar avances muy importantes. La era en que las cosas estaban bien tuvo asuntos muy delicados: por ejemplo, lo de De Greiff, nada menos que la suspensión de la cooperación judicial; lo de la enmienda Helms; los radares y lo de la Corte sobre la despenalización del consumo mínimo. Ahora, cuando están supuestamente mal: se reanudó la cooperación judicial que permitió dictar auto de detención a los Rodríguez Orejuela; se reactivaron los radares; se trabajó coordinadamente en la conferencia de Población y Desarrollo, lo cual hizo que el representante de los Estados Unidos mencionara en su discurso la cooperación con Colombia para lograr una posición de consenso. Es muy simplista hablar de que las relaciones están bien o mal, cuando se trata de unas relaciones complejas, que es preciso mirar tema por tema.

A propósito, cómo se va a hacer la revisión de la manera como la DEA actúa en Colombia? Lo primero es que Colombia considera que la cooperación con los organismos de seguridad de los Estados Unidos, DEA, CIA, FBI, es necesaria y útil en la lucha contra el narcotráfico. Lo segundo es que hay diferentes tipos de cooperación y nosotros queremos que con Estados Unidos sea efectiva para obtener los fines de lucha contra el narcotráfico y que se haga sobre la base de condiciones aceptables para Colombia, con un respeto sin restricciones a la dignidad y soberanía nacionales y teniendo en cuenta la reciprocidad. Que los esfuerzos que hace Colombia en la lucha antidroga sean semejantes a los de Estados Unidos porque ambos países son afectados por ese problema. En síntesis, se busca garantizar la cooperación, pero en condiciones aceptables para el Gobierno de Colombia.

Pero Colombia tiene unos puntos muy concretos para plantearle a Estados Unidos en cuanto a revisión del trabajo de la DEA? La verdad, apenas estamos estudiando el tema y sería prematuro señalar cualquier cosa. Especialmente porque lo que queremos es que las propuestas que se hagan de cambio o continuidad sobre las condiciones actuales en que operan la DEA y la CIA sean el resultado de un trabajo conjunto. El objetivo de esto no es reducir o suspender o expulsar agencias del gobierno de los Estados Unidos porque sí, o como fruto de la ira que nos han generado las declaraciones del señor Toft -ira que por supuesto comparto-, sino que con cabeza fría analicemos las condiciones para que no se vuelvan a presentar en el futuro este tipo de situaciones y que la opinión pública tenga una mayor claridad y confianza en la cooperación.

Eso tendría que ver con reducción del número de personas de la DEA en Colombia y limitación a la información que puede compartirse? No. Se trataría de mirar el equilibrio que hay en cuanto a los esfuerzos que hacen Colombia y Estados Unidos, mirar el grado de conocimiento y transparencia que tienen estas operaciones, obviamente dentro de la confidencialidad que siempre deben tener las operaciones de persecución al crimen y al narcotráfico, y obviamente teniendo en cuenta la efectividad. No se trata de asumir una cooperación porque sí, sino porque tenemos unos objetivos muy claros en términos de lucha contra el narcotráfico.

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