EN LA CALDERA DEL DIABLO

EN LA CALDERA DEL DIABLO

En Barrancabermeja la línea del ferrocarril divide el conflicto. A un lado se levanta la ciudad de avenidas arborizadas, la refinería de Ecopetrol, las sedes de las entidades del Estado, el muelle, la zona comercial. En el otro pedazo de urbe están las casas y ranchos de miles de migrantes campesinos, el hormigueo de desempleados, las oficinas de la guerrilla, las vías en mal estado y los militares que patrullan las calles.

09 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Las dos mitades están unidas por un puente elevado, de doble carril, que muchos taxistas evitan cruzar después de las siete u ocho de la noche. Esa zona es caliente , explican. El sector está conformado por 56 barrios y es conocido como el Nororiente.

Ambos sectores, sin embargo, tienen una cosa en común: el miedo. Algunos funcionarios de la administración municipal prefieren llamarlo prevención, cautela, o prudencia. Pero lo que se advierte en la mayoría de personas es temor a hablar en voz alta. Miran hacia los lados, bajan la voz, son evasivas.

Aquí las dos partes tienen unas orejas muy grandes, y te puedes meter en problemas por lo que digas o dejes de decir , afirma un habitante del nororiente. Las dos partes a las que refiere son la guerrilla y los paramilitares. Estos últimos son más gaseosos, es como si no existieran, pero cuando aparecen dejan muertos.

La presencia de la guerrilla es más tangible en este reverberante puerto sobre el río Magdalena. Los habitantes del nororiente han visto a los subversivos patrullar en las noches, vestidos de civil y armados de pistolas y revólveres. También hacen retenes, piden identificación y en no pocas ocasiones se han enfrentado a bala con el ejército.

En el sector urbano hacen presencia las Milicias Populares, del ELN; las Milicias Bolivarianas, de las Farc y las Milicias Obreras del grupo de Caraballo. Estos reciben apoyo de seis frentes de las Farc y del ELN que se mueven en los alrededores.

Los choques han disminuido desde hace cerca de un año, cuando fueron instaladas tres bases militares en el norororiente y una en el suroriente, donde el conflicto también comienza a crecer en los 15 barrios que lo integran. Pero aunque se oyen menos disparos, y el número de homicidios bajó de 383 en 1992 a 214 en 1993, la mayor parte de las personas entrevistadas opinan que quienes aprietan el gatillo han afinado su puntería.

El Defensor del Pueblo, Hernán Toro, afirma que la violencia no ha disminuido sino que se ha hecho más selectiva. Existe una violencia soterrada. Un muerto aquí, otro allá. Tanto la izquierda como la derecha se han asentado aquí y las reivindicaciones de unos y otros no vinculan a la gente .

Los desplazados En opinión del Obispo de Barrancabermeja, monseñor Jaime Prieto Amaya, la violencia en esa ciudad es omnímoda, pluriforme. Existe la violencia del conflicto obrero patronal, del Estado, de la guerrilla, de los paramilitares. La principal víctima de esa violencia sigue siendo el campesinado, los desplazados, los líderes de los movimientos sociales, los militares .

El enfrentamiento ha llegado al punto de que hay gente que tiene miedo hasta de saludar a algún policía amigo porque de pronto lo vinculan con esa institución , afirma Henry Zapata, concejal del Frente de Izquierda Liberal Auténtico, Fila.

Un hermano suyo, el comerciante Jaime Zapata, quien surtía de carne al batallón Nueva Granada, fue asesinado a tiros hace siete meses en el matadero municipal.

Otro comerciante de la Plaza de Torcoroma que le vendía verduras al ejército, murió baleado hace cinco meses.

Los grupos paramilitares también disparan contra personas que acusan de colaborar con la guerrilla , dice un funcionario del Estado que prefiere mantener su nombre en reserva.

Una de las conclusiones de un foro de dos días realizado en el centro pastoral Jenezaret, en las afueras de Barranca, señala que los campesinos migrantes se hallan entre tres fuegos: la guerrilla, los paramilitares y las autoridades.

En los últimos seis meses han llegado a la Defensoría del Pueblo de Barrancabermeja 120 quejas de personas que denuncian detenciones arbitrarias y otros atropellos por parte de las autoridades.

El enfrentamiento que se vive en Barrancabermeja tiene diferentes matices. Eso se nota en los comunicados que circulan en la ciudad. Uno de estos asegura que campesinos, ganaderos pequeños y grandes empresarios agrarios del Magdalena Medio decidimos unirnos y crear el Movimiento Cívico del Magdalena Medio el cual pretende única y exclusivamente hacer frente a la arremetida de la narcoguerrilla .

También circulan comunicados de diferentes grupos guerrilleros. Uno de ellos aparece fechado en la oficina central de las guerrillas urbanas de Barrancabermeja .

En otro, la guerrilla califica de saboteadores a los comerciantes, transportadores y demás sectores que no participaron en un paro cívico en protesta por el asesinato del dirigente comunista Manuel Cepeda. Y hay uno dirigido a los soldados y suboficiales, en el que les ofrece desde 300 pesos hasta cuatro millones, a cambio de la munición, granadas, fusiles, ametralladoras y lanza perdigones.

Ley del silencio El eco del conflicto llega a casi todos los rincones de Barranca. El sábado de la última semana de septiembre las 45 casetas de comida que funcionan en el paseo del río, a orillas del Magdalena, permanecieron cerradas.

Sus propietarios se fueron al entierro de sus colegas de la caseta 039, los esposos Manuel María Montoya, de 45 años, y Amira Acevedo de 44, acribillados por varios hombres a la salida de su casa, en el barrio Los lagos, en el suroriente.

El miércoles de la misma semana, en el barrio 9 de Abril, en el nororiente, cinco encapuchados de las Milicias Populares quemaron dos vehículos de la empresa de energía que tenían la misión de suspender el servicio a usuarios morosos. Dos años antes otros dos carros de esa entidad corrieron igual suerte. En estos días se nota en la ciudad, casi imperceptible, la expectativa por el posible paro convocado por la Unión Sindical Obrera, USO. Pero en opinión de monseñor Jaime Prieto el conflicto en Barrancabermeja ha pasado de lo laboral a lo social.

Esta situación se ha generado, entre otras cosas, por la avalancha de migrantes campesinos que llegan al puerto deslumbrados por la ilusión de trabajar en Ecopetrol, o huyendo de la violencia de la zona rural. Casi todos ellos se convierten en nuevos desempleados y anónimos habitantes de un barrio de invasión, sin servicios ni seguridad social.

El municipio -afirma el gerente de la Empresa de Desarrrollo Urbano, Eduba, Fernando Acuña,- no alcanza a actuar con la misma velocidad. En 1993, 3.000 familias de migrantes invadieron terrenos en distintos sitios de la ciudad. Hay unas 10.000 viviendas sin legalizar y 18.000 con necesidades básicas insatisfechas .

Nadie sabe a ciencia cierta cuantas personas y cuantos desocupados hay en Barrancabermeja. la Secretaria General de la Alcaldía, Fabiola Rodríguez Delgado, califica de mentiroso el último censo, según el cual esta ciudad pasó de 156.917 habitantes en 1985 a 158.289 en el 94. Los cálculos del número de desempleados van de 5.000 a 30.000.

La ilusión de casi todos ellos es trabajar con Ecopetrol. Esta empresa es vista como una especie de papá a la que acuden todos los barranqueños, incluida la administración, cada vez que necesitan pavimentar una calle, construir un parque infantil, organizar un concierto o llevar una exposición de pintura, entre otras cosas.

La ayuda de Ecopetrol, y los programas del Municipio apenas logran amortiguar el peso del conflicto. La iglesia también tiene dos programas de desarrollo comunitario en 18 barrios del nororiente. Su labor se centra especialmente en los niños, la mayoría de los cuales han sido testigos de combates y de muertes, a veces la de sus propios padres.

Ellos, al igual que un alto porcentaje de habitantes de la ciudad, prefieren guardar silencio o disculparse ante los investigadores de la Fiscalía. La impunidad crece. El miedo impregna el ambiente hasta el punto que funcionarios de ese organismo dicen que en Barrancabermeja los odontólogos se mueren de hambre porque nadie abre la boca .

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