Un recorrido imaginario por la carrera séptima

Un recorrido imaginario por la carrera séptima

Leí con mucha atención los comentarios que hizo la concejal Lariza Pizano en su artículo de EL TIEMPO y me permito hacer algunas aclaraciones con relación al proyecto del paso de TransMilenio (TM), Fase III, por las carreras séptima, décima y avenida Eldorado.

22 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Antes que todo, quiero aclarar que no soy enemigo de este sistema de transporte para Bogotá y me parece que la administración de Enrique Peñalosa logró en un tiempo récord dotar a la ciudad de un transporte masivo y de calidad indispensable.

Administraciones posteriores completaron el sistema con la llamada Fase II y tal vez hoy en día hacen falta más buses para que estos trayectos tengan la eficiencia y comodidad que se espera. Pero tampoco nos podemos casar de por vida con el TM como sistema único.

No dije en ningún momento que lo que le da carácter a Bogotá son los buses, sino más bien –y en primer lugar– la cultura de sus habitantes y, en segundo lugar, las construcciones y los espacios que se van conformando a lo largo de su historia. Una renovación es necesaria en la séptima, pero no se va a lograr con un transporte que aniquile lo poco que existe de espacio peatonal o de andén.

Haciendo de nuevo un recorrido imaginario por la séptima, de la calle 34 hacia el norte, no nos deja de preocupar que el Parque Nacional sobre esta vía tenga que ceder terreno y arborización para ubicar puentes peatonales y estaciones, y que las alamedas y el monumento al prócer Uribe Uribe tendrán que correrse o desaparecer. O que la Universidad Javeriana, que se ha gastado años creando un pequeño bosque al lado del edificio de Enfermería y una plazoleta peatonal muy pequeña frente a la Biblioteca, tenga que sacrificar estos espacios.

¿Qué será de los edificios residenciales entre las calles 53 y 67 con puentes y recorridos peatonales elevados frente a sus ventanas con el consiguiente deterioro urbano? En este tramo, los únicos espacios libres son el Parque de Chapinero en la 60, los jardines del Club del Comercio y la plazoleta de la fuente en la 67.

¿También habrá que sacrificarlos? De ahí en adelante están los sectores de Quinta Camacho (barrio de conservación) y El Nogal, con edificios residenciales hacia oriente y occidente. ¿Habrá que convertir en estación el pequeño espacio de entrada al histórico edificio de Residencias El Nogal? ¿Qué pasaría, por último, con el parque del Chicó, entre las calles 92 y 94? En el caso de la avenida Eldorado, por qué sacrificar una hermosa arborización, que ha requerido años para convertirse en motivo de orgullo para los bogotanos.

Por suerte, ya hay mucha gente pensante opinando sobre este tema, en especial varios concejales. No se debe descartar así no más la construcción de un Metro, en parte subterráneo, por cuestión de costos. ¿Se ha tenido en cuenta en estos cálculos lo que cuesta cada carril vehicular que se pierde con el TM y que tarde o temprano hay que reponer? Veo necesario que se actualicen los estudios y proyectos para acometer un Sistema Integrado de Transporte Masivo. Que se pronuncien los departamentos técnicos de Planeación Nacional y Distrital antes de que el señor alcalde tome decisiones que podemos luego lamentar.

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