En este pueblo no hay ladrones

En este pueblo no hay ladrones

¿Que se robaron la casa de García Márquez en Cartagena? Eso le pregunté a Máximo Gómez, mi taxista amigo en esa ‘city’, que sabe todo lo público y secreto que pasa en la ciudad de Raimundo Angulo, ‘Pambelé’ y Salvo Basile.

22 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Como taxista, maneja mal, pero es muy simpático, muy costeño y ríe sabrosón.

El hombre se conoce toda la movida de la política en Cartagena. Dice que se está acabando el reinado de los que abusaban gobernando, y que para la alcaldía hará campaña por Claudia Hoyos TV, “uno, dos, tres y mi ñapa”.

“¿Que se robaron la casa de García Márquez?”, le pregunté a Máximo. Me respondió que a don Gabo no le robaron nada, que unos policías dañaron el pastel. ¿Y la caja fuerte que les pillaron? “Viejo Poncho, no creas novelones, invento de ‘cachacos’. Nunca creas que tres costeños a la 1 de la tarde, con cipote calor, van a ser tan pendejos de cargar una caja fuerte que pesa 500 kilos”.

Sigo con el robo. Según mi ‘llave’ Máximo Gómez, el que todo lo sabe dentro de las murallas. Lo único que se llevaron fueron unas camisas guayaberas y las fotocopias de la escritura 87658798, donde García Márquez regala su casa de Cartagena para asuntos exclusivamente culturales, que cuidará el Banco de la República. Buena nota, don Gabo, con eso el Gobierno Nacional no se gasta mil millones haciendo una casa cultural en Aracataca, lejanísimo pueblo que no tiene acueducto, donde él, de joven, escribió un cuento titulado En este pueblo no hay ladrones.

A García Márquez lo vimos en foto en EL TIEMPO bailando bolero cubano con su Mercedes-esposa en un bar de México. Don Gabo baila muy mal, y no importa.

La gracia es que rumbea llegando a los 80 años. Una amiga de la peluquería, Maricarmen, la madrileña, viendo la foto, me dijo esta frase: “Ese tío Márquez es un fenómeno. Anda de farra a los 80, cuando tantos maridos necios de 62 años, como el gilipollas del mío, protestan porque una va al gimnasio o a la peluquería”.

De final digo que Shakira vino, bailó, cantó, sedujo a la juventud y regaló 787 millones de pesos para un colegio en un sitio pobrísimo, cerca de Barranquilla. Siguió el ejemplo del pintor Fernando Botero, que ha regalado cientos de millones a Colombia. Señores millonarios, ‘príncipes’ del capitalismo: hagan lo mismo. Regalen antes de que les llegue el infarto. Es cierto que ya hay lujosos ataúdes Gucci y Vuitton, pero ninguno tiene caja fuerte, ni cajero automático. Aleluya, Shakira es lo máximo, y Máximo Gómez es mi regio taxista en Cartagena.

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