No envenenamos a ex espía: Rusia

No envenenamos a ex espía: Rusia

Mientras una unidad especializada de Scotland Yard intenta esclarecer qué le ocurrió al ex espía ruso Alexander Litvinenko, quien permanece en la Unidad de cuidados intensivos University College Hospital, de Londres, el Kremlin rechazó ayer las denuncias que lo implican en el envenenamiento de ex teniente coronel del KGB, por considerarlas un “puro disparate”.

21 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

“No es posible comentar las declaraciones que acusan al Kremlin porque se trata de un puro disparate”, dijo el portavoz Dimitry Peskov.

Asimismo, Serguei Ivanov, portavoz del SVR (organismo encargado del espionaje ruso en el extranjero), sindicado de ser el autor del envenenamiento, desmintió estar involucrado en el caso. “ Los servicios secretos rusos hace mucho tiempo que no practican el envenenamiento o cualquier otra forma de asesinato”, declaró.

Según el diario británico The Sunday Times, la historia del ex teniente coronel, Litvienko, quien se debate entre la vida y la muerte, se remonta al primero de noviembre cuando fue internado en un hospital londinense por presentar síntomas de envenenamiento con talio (ver recuadro).

Ese día, Litvienko almorzó con Mario Scaramella, un “contacto” italiano –que figura como sospechoso– y a quien, al parecer, comentó sobre sus pesquisas en torno al asesinato de la periodista rusa Ana Politkovskaia –en el que, según rumores, estaría involucrado el Gobierno–.

Pero según Oleg Gordievsky, ex responsable de espionaje en Reino Unido para el antiguo KGB, el envenenamiento de Litvinenko no fue hecho por el italiano, sino que fue “un encargo del Estado ruso”.

Sin dar nombres, Gordievsky insiste en que sus sospechas recaen sobre un ex socio del oligarca ruso Boris Berezovsky, también exiliado en Reino Unido.

Aseguró que el sospechoso en cuestión se presentó como un negociante ante Litvinenko, y en una reunión que tuvo con él, en un hotel, le puso el veneno en un té.

Un miembro incómodo Para Alexander Goldfarb, un amigo de Litvinenko, no cabe duda de que la gravedad del ex espía “está vinculada con el FSB” (antiguo KGB). En 1998, Litvienko especializado en contraterrorismo y crimen organizado denunció que el FSB trataba de asesinar al oligarca Boris Berezovsky. También aseguró que los responsables del FSB, dirigido entonces por el actual presidente ruso, Vladimir Putin, “utilizaban la organización con fines privados para liquidar a los que les creaban problemas”.

Esas declaraciones le valieron, cuatro meses, en marzo de 1999, después la detención a Litvinenko bajo cargos de “abuso de poder”.

En el 2000, él y su familia abandonaron Rusia con destino al Reino Unido donde recibieron asilo. Desde allí continuó denunciando las actividades de sus ex colegas, y publicó, junto con el historiador Yury Felshtinsky, el libro Blowing up Russia, en el que atribuyó a los servicios de seguridad la autoría de los atentados con bomba cometidos en San Petesburgo en 1999.

Por eso para Oleg Kaluguin, un ex general del KGB, el envenenamiento de Litvinenko fue obra del Estado ruso. “El FSB detesta a los traidores y decidieron callarlo”.

El talio, un metal muy tóxico.

PARÍS (AFP) El talio, que habría sido utilizado para envenenar al ex agente ruso Alexander Litvinenko es un metal muy tóxico que se utiliza en la preparación de raticidas y puede ser mortal para el hombre.

El talio, descubierto en 1861 por el químico británico William Crookes, es un metal de color gris, inodoro e insípido, que se encuentra en muy pequeñas cantidades.

Se utiliza principalmente para acabar con los roedores en su forma de sulfato de talio. El cuerpo humano puede absorberlo por contacto con la piel, por inhalación o a través del aparato digestivo.

Los principales síntomas de una intoxicación con talio pueden ser un gran cansancio, dolores de cabeza, depresión, falta de apetito, dolores en las piernas, problemas de visión y pérdidas de cabello.

Según el Sunday Times, los riñones de Alexander Litvinenko fueron dañados a consecuencia del envenenamiento. El ex agente vomita incesantemente, sufre una pérdida casi total de glóbulos blancos y no come desde hace 18 días.

También perdió todos los cabellos y tiene dificultades para hablar.

IRRITABA AL PODER.

‘‘El ex colaborador de los servicios especiales irritaba al poder ruso y conocía sin duda secretos de Estado. La gota que colmó el vaso fueron sus amenazas de decir la verdad sobre el asesinato de la periodista de oposición Ana Politkovskaia”.

Viktor Iliujin, diputado comunista y vicepresidente de la comisión parlamentaria de seguridad.

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