DESASTRE PETROLERO PARA EL SIGLO XXI

DESASTRE PETROLERO PARA EL SIGLO XXI

Siempre lo inesperado ocurre, suelen decir los franceses. El ex ministro Rodolfo Segovia, en un escrito sobre el futuro petrolero de Colombia, que él califica de desastre , agrega: Sorpresa? . Piensa el articulista, con la autoridad de haber orientado la política de hidrocarburos durante la administración Betancur, que antes del año 2005 Colombia será nuevamente importadora de petróleo . Contrasta esta aseveración con los constantes pronósticos acerca de nuestro futuro en gas y en petróleos que nos colocaría como el tercer país de Suramérica en la producción de combustibles fósiles. Hace apenas una semana se anunció el descubrimiento de un nuevo campo en el piedemonte llanero, cuya producción se equipara a la de Cusiana, según el diario El Espectador. Esta clase de noticias hay que tomarlas con beneficio de inventario, pero no es menos cierto que la formación Mirador, de la cual hacen parte Cusiana y Cupiagua, es probable que tenga nuevos desarrollos en el curso de estos años. S

09 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Aun cuando parezca contradictorio, todos estos éxitos en materia de exploración, lejos de estimular la aplicación de las políticas que permitieron reactivar la industria petrolera, tiende a sustituirlas con otras que, según observa el doctor Segovia, ahuyentan el capital extranjero en momentos en que la competencia por atraerlo se generaliza en todo el mundo, pero principalmente, en los países que hasta la víspera se nutrían de la filosofía comunista. Disposiciones tales como la de impuesto específico por barril de petróleo, no menos que la inseguridad y los altos costos de explotación en el territorio colombiano, nos van colocando entre las naciones menos atractivas para la inversión en petróleos cuando los precios del crudo no atraviesan por su mejor momento.

Dos síntomas cita el articulista para calificar de desastrosa la situación actual: Mientras en 1989 se llegaba a 50 pozos exploratorios por año, calcula que en 1994 llegaremos apenas a cuatro. Y, después de haber descongelado tres millones de hectáreas de las reservas de Ecopetrol y haberlas puesto a disposición de los oferentes, quedó de bulto la falta de interés de las compañías cuando solamente tres (Exxon, Kelt y Total) presentaron propuestas y, con excepción de Exxon, no ofrecieron nada novedoso.

Las perspectivas hacia el porvenir no son nada halageñas. Se ha encontrado petróleo para abastecer el país en los próximos 20 años, pero nada se está haciendo para el resto del siglo, cuando el consumo será mucho mayor que en la actualidad. Tal es el diagnóstico del ex ministro.

Cómo explicar la coexistencia de un optimismo desbordante con la predicción de un desastre? Nadie ignora el mecanismo de las multinacionales, consistente en divulgar la existencia de grandes hallazgos cuando están buscando capitales en el extranjero, y dolerse simultáneamente en Colombia de lo gravosa de la legislación para quienes quieren arriesgar capitales en nuestro territorio. Son las dos caras incomprensibles para los lectores desprevenidos.

La consecuencia de esta ambigedad ha sido funesta para la industria petrolera nacional. Grupos de extrema izquierda, algunos familiarizados con la industria petrolera por pertenecer a la USO, y otros por presumir de ideas avanzadas, han ido propiciando una legislación completamente ajena a los anteriores datos.

Pocos meses antes de su asesinato, el senador Cepeda había presentado un proyecto de ley enderezado a aumentar la participación del Estado en la distribución de las utilidades de las asociaciones mixtas entre Ecopetrol y las compañías extranjeras. La estructura de tales contratos de asociación se puede modificar, como ya se ha hecho, en uno u otro sentido, siempre con el propósito de buscar la colaboración del capital foráneo y la equidad con el Estado. Fue así como, bajo la dirección de la doctora Margarita Mena de Quevedo, se modificó la escala de participación según la riqueza del yacimiento. Es lo que ha venido a sustituir el llamado factor R, quizá con un criterio más técnico.

Son temas, a mi entender, susceptibles de controversia. El criterio que no comparto, difundido por los gestores de la política petrolera anterior a 1974, es la de que los contratos de asociación fueron factor determinante para atraer a los inversionistas que se habían desinteresado de los petróleos colombianos. No. Lo que atrajo de nuevo a las multinacionales fue el haber renunciado a la fijación artificial de los precios del petróleo con prescindencia de las cotizaciones internacionales. Mecanismos como el dólar petrolero y otros subterfugios semejantes habían colocado fuera de toda competitividad a la industria de los hidrocarburos en Colombia. El haber restablecido la vigencia de los precios del mercado fue lo que en realidad permitió la reactivación de las exploraciones en nuestro territorio. Fue la apertura en materia de petróleos y corresponde a la política que recientemente se ha adoptado en materia de precios del café, con la natural reserva de que, en materia de petróleos, no existe hasta el presente nada semejante al Fondo Nacional del Café para las épocas de caída de los precios, ya que el petróleo pertenece al Estado, según nuestra Constitución, a tiempo que el café está en manos del sector privado.

El proyecto del senador Cepeda no ha alcanzado mayores progresos en la comisión correspondiente en el Senado de la República. De ahí que la USO (el sindicato de Ecopetrol) haya optado por la vía de la llamada iniciativa popular, para lo cual se requiere un millón de firmas que se están recolectando con el objeto de convertir en ley el estatuto petrolero patrocinado por el difunto senador. Algo semejante a lo propuesto por el presidente Gaviria para modificar la Constitución tras la sentencia de la Corte Constitucional que autorizaba la dosis personal para los consumidores de sustancias sicotrópicas. Al salir victorioso el plebiscito, con el millón de firmas, pasaría al estudio del Congreso y sería dudoso que el Organo Legislativo desconociera el peso de un respaldo semejante. Iría en contravía de las orientaciones de los últimos gobiernos y colocaría a Colombia en la singular posición de practicar una política de gran potencia petrolera, cuando los pronósticos son de que, para el año 2005, volveremos a importar petróleo.

No somos ni los Emiratos Arabes del Medio Oriente, ni México, ni Venezuela, en materia de combustibles, pero mientras dichos países hacen más flexibles sus posiciones nacionalistas, Colombia se encamina hacia la tesis que la mayoría de los países productores, incluyendo la propia República Popular China, ya han abandonado.

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