Nuevo premier japonés

Nuevo premier japonés

Tuve el privilegio de desempeñar el cargo de cónsul general de Colombia en Tokio en la mitad del gobierno del premier Eisaku Sato (1964-72): por cierto uno de los más célebres personajes nipones de la Segunda Posguerra y Premio Nobel de la Paz en 1974, como reconocimiento a su contribución al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).

20 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Hoy el nuevo primer ministro, Shinzo Abe, es su nieto político: hecho más que natural dentro de la inspiración dinástica que ha presidido desde siempre la historia japonesa y, además, cuenta con la característica muy significativa de ser el primer jefe de gobierno nacido después de la guerra.

Y, como si fuese poco, su padre Shintaro Abe ocupó el Ministerio de Relaciones Exteriores (1982-1986) en el gobierno de Yasuhiro Nakasone y a su abuelo Nobusuke Kishi se le considera uno de los fundadores del Partido Liberal Democrático y su Primer Ministro 1957-60: había sido ministro de Comercio e Industria y, luego, de Municiones del Gobierno de Guerra del general Tojo lo mismo que alto funcionario del Estado creado en Manchuria durante la invasión de Japón a China.

El proceso de adecuación a una democracia y a un capitalismo de corte occidental, al menos en teoría, estaba por esa fecha en un momento de grandes definiciones. Registraba ya ante el asombro del mundo un crecimiento del PIB superior al 11 por ciento y buscaba fórmulas de todo orden para salir de su aislacionismo de más de cinco mil años, a su vocación imperialista y a sus estructuras feudales. Un objetivo que muy pocos creyeron fuera posible lograr pacífica y exitosamente. Por fortuna, el ‘milagro’ se operó a través de una sabia simbio sis de elementos occidentales y costumbres orientales gracias al talento en la conducción de una ocupación sin revanchismo al mando del general Mac Arthur, de la conducta asumida por el emperador Hiro Hito al aceptar públicamente no ser descendiente de la Diosa Amaterazu y del pragmatismo propio de la idiosincrasia nipona.

Ahora, el flamante primer ministro se ha estrenado con lo que apenas ayer parecía lejano: por un lado, visitar oficialmente a la China incluyendo la coincidencia de que a las mismas horas Corea del Norte hacía su ensayo nuclear; y, por el otro, hablar de la viabilidad y conveniencia de una reforma a la Carta Política de 1947. Al respecto, se preguntan algunos analistas sobre la oportunidad para plantear el comienzo del rearme de la segunda potencia económica del mundo.

La trascendencia de lo que está ocurriendo en las relaciones chino-japonesas invita a recordar algunos ciclos políticos del ‘País del Sol Naciente’, sobre todo entre la vigencia de la Constitución de Meiji (1899) y la actual Constitución (1947). Las deducciones corren a cuenta del lector. A saber: 1867-1898, dominio de la oligarquía; 1898-1917, surgimiento de semi-partidos (‘Centro’), con control sobre los gabinetes; 1918-1931, dominio real del gobierno de parte de los partidos políticos; 1931-1945, asalto y consolidación en el poder del clan fascista-militar; 1945, rendición incondicional y subsecuente ocupación de las fuerzas americanas.

Vale la pena destacar, también, tres circunstancias que enfrentó el Japón tras el desastre de Hiroshima y Nagasaki y la aceptación de la rendición incondicional conforme a los términos convenidos por las potencias vencedoras en Casa Blanca y Potsdam: 1) Un país invadido por primera vez en su historia; y su invasor poseyendo una cultura y una filosofía absolutamente antitéticas; 2) Estados Unidos asumía también por primera vez, en carácter de invasor, el control y gobierno directo de una nación; 3) El comunismo y el socialismo convertidos en el sistema político predominante del continente asiático.

Por último, bienvenida la acertada designación de Patricia Cárdenas como embajadora ante la gran potencia del pacífico.

Ex ministro delegatario y ex embajador en E.U.

"La trascendencia de lo que está ocurriendo en las relaciones chino-japonesas invita a recordar algunos ciclos políticos”.

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