La Colombia delirante

La Colombia delirante

Si es cierto que las amenazas a las Cortes han corrido en los últimos años por cuenta de los grupos al margen de la Ley, desde la semana pasada, estas provienen de los congresistas más consentidos del régimen. El senador Álvaro Araújo, sin ningún empacho, en una reunión en Palacio, en la que se estaba abordando el tema de las relaciones de la coalición uribista con el paramilitarismo, reclamó la solidaridad de sus copartidarios con una frase delirante en boca de un congresista, al decir que si la Corte Suprema lo investigaba a él, caerían la Canciller, el Procurador y hasta el propio Presidente.

20 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

La frase no solo es una amenaza directa a la Corte Suprema de Justicia, hecho ya de por sí más que reprobable. También es una amenaza al presidente Uribe, porque suena a notificación: algo así como si usted no hace algo para que a mí no me investiguen, yo no respondo. Yo no sé si el senador Araújo va o no a ser investigado y si existen o no pruebas en su contra. Lo que sí sé es que en este episodio ha quedado claro que su desprecio por la Ley y por las normas es notable. Ni siquiera le ha merecido respeto el cargo que ocupa su hermana, la Canciller. No encontró inapropiado ni inconducente “colarse” en las reuniones que ella como Canciller tiene con la Fiscalía para aprovechar y ventilar temas de índole familiar. Según la revista Cambio, en esa reunión de la Fiscalía, Araújo no fue precisamente a presentarle su sentido pésame al Fiscal por la muerte súbita de ‘Zucarita’, la perrita de Iguarán.

También sorprenden las declaraciones de su hermano Sergio Araújo en la W.

Según él, su relación con ‘Jorge 40’ se limitó a buscar la desmovilización de ese jefe narcoparamilitar. Sus acercamientos se hicieron bajo instrucciones del Alto Comisionado de Paz y con el conocimiento del presidente Uribe. La declaración me sorprendió porque, poco antes, en el 2004, cuando aún ‘Jorge 40’ estaba sentado en Ralito, y no había necesidad de llevarlo al redil, Sergio Araújo había llegado a mi casa con el objetivo de invitarme a que fuera a entrevistarme con el ‘Papa’ Tovar. Yo desistí de ese encuentro, porque este iba a ser a espaldas del Comisionado de Paz.

La actitud olímpica de los Araújo produjo su reacción en Palacio y el Presidente, finalmente, en un discurso el viernes, habló de la necesidad de esclarecer “la verdad total” sobre las relaciones con el narcoparamilitarismo. Sin embargo, quiso desviar la atención echándoles la culpa a César Gaviria, a Rafael Pardo y al M-19 del fortalecimiento ‘para’.

¡Qué tal! Cada vez que el Presidente está acorralado, opta por el espejo retrovisor. Lo malo es que si nos vamos para atrás, no le va tan bien si aplicamos la tesis de la verdad total. ¿Saben quién fue el que más defendió al gobierno de Gaviria en el deplorable episodio de la Catedral? Nada menos que un joven senador liberal llamado Álvaro Uribe Vélez.

Lástima, eso sí, que en su discurso hubiera dejado de lado la verdad total de lo que sucedió en el DAS bajo la dirección de su “buen muchacho”, Jorge Noguera, a quien el Presidente defendió cuatro veces cuando la prensa se atrevió a develar la penetración de los ‘paras’ en esa institución. El Presidente insultó a los medios, los pordebajeó y, zas, el debate se cerró, sin que el país hubiera sabido “la verdad total”. Sin embargo, hoy la Procuraduría ha confirmado las denuncias de la prensa y ha presentado un pliego de cargos contra Jorge Noguera por su presunta relación con los grupos paramilitares y en especial con ‘Jorge 40’. Ojalá la verdad total nos explique cómo este narcoparamilitar pudo ser receptor de un carro blindado, que era de uso exclusivo del Presidente, mientras mataba y asesinaba.

Lo que está en juego no es solo si los congresistas o la clase dirigente tienen una responsabilidad penal en su relación con el narcoparamilitarismo.

Lo que está en juego es también si ellos respetan el Estado de Derecho o si, por el contrario, lo suyo es la parapolítica.

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