Seguridad sin tranquilidad

Seguridad sin tranquilidad

Pronto cumplirá cuatro años la política de Seguridad del presidente Uribe, a la que agregaron el mágico adjetivo “democrática”, sin que nadie sepa por qué lo es. Generó admiración internacional y fue motor de arranque de la reelección. Política exitosa, porque redujo cifras de homicidio y secuestro y permite que en vacaciones los automovilistas salgan a las carreteras sin riesgo de “pesca milagrosa”.

20 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Recordemos algunos de sus componentes: aumento del pie de fuerza, restablecimiento de policía en cabeceras municipales, batallones de alta montaña, “soldados de mi pueblo”, red de cooperantes, caravanas militarizadas, recursos del Plan Colombia y ajustes tributarios.

En el cuadro de realizaciones, sin embargo, hay sombras y los avances en seguridad no significan tranquilidad. De los elementos doctrinarios del orden público interno, es decir, prevención, seguridad, tranquilidad, salubridad y moralidad públicas hoy existe un poco de seguridad democrática.

Decir “un poco” es exacto porque están destruyéndose la investigación y los servicios de inteligencia al cambiar el deber de colaborar con la justicia en una feria de recompensas en la cual sumas cuantiosas pueden ir al bolsillo de criminales, manotadas de billetes premian la delación de capos o el esclarecimiento de crímenes atroces, mientras no vale 50 centavos el informe cuando la víctima es humilde. Si el Congreso no puede decretar gratificaciones (sinónimo de recompensas), según dice el artículo 136 de la Constitución, ¿cómo lo hace el Gobierno? Menos homicidios, probablemente, pero desconfiamos de estadísticas contradictorias, producto de cambios metodológicos. Disminuyen los nuevos secuestros, pero se prolonga la duración de los antiguos y tratándose de un delito de ejecución continuada es como si cada día hubiese 3.000 secuestros.

Bandazos y vacilaciones, porque ya se admiten “traquetos chicos”. Si ellos denuncian a los fuertes quedarán exentos de pena, gozarán ilícitas fortunas y harán fila india para ser jefes notables.

Qué modo más ingenuo de tratar los asuntos de la justicia: si no se extiende el principio de oportunidad para que el Fiscal perdone graciosamente a los narcos menores, el publicitado sistema oral acusatorio colapsará, según el Ministro del Interior; los canales de televisión van a ser obligados a presentar a la videoaudiencia el rostro y los datos de los pederastas condenados, establece una nueva ley.

A todas estas, el rescate armado de los secuestrados afortunadamente no se realiza y continúan muy en secreto los operativos para capturar a ‘Jojoy’, ‘Reyes’ y Márquez; se prolonga el ejercicio dialéctico con el Eln y nadie explica el arcano de las Auc: eran 10.000 y se desmovilizaron 32.000, pero no se entregaron sino 14.000 armas, y aun cuando no son delincuentes políticos, van a ser amnistiados o indultados; los jefes no conocerán la extradición y un alto porcentaje no se ha entregado o se reorganiza y actúa en las capitales.

¿Cuánto ha costado el camino de Ralito a La Ceja? ¿Alguien ha indemnizado o reparado a las víctimas o devuelto lo mal habido? ¿Hay condenados? Estamos intranquilos: errores uno tras otro, descuidos, fuego amigo, escándalos reiterados, parlamentarios gobiernistas a la cárcel, las investigaciones no concluyen y es sombrío el pronóstico sobre los efectos del triunfo demócrata en Estados Unidos. Esperamos que después de la seguridad aparezca la tranquilidad, venga la justicia y lleguemos a la paz.

* Ex director del DAS

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