En cuerpo y alma, contra la peritonitis

En cuerpo y alma, contra la peritonitis

Me acercaba a la edad de Jesucristo, 33 años, muy católico, creyente por convicción y tradición, cuando en los albores de noviembre sentí a la altura del abdomen en dirección al apéndice una presión con intervalos de estocada.

19 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Se interrumpieron mis funciones como docente distrital y como hombre dedicado al deporte.

Rondaba en el cerebro una inestabilidad emocional, el dolor fue más poderoso que la razón, el ánimo sucumbió encasillado en quedarse tendido en el camino.

Días más tarde la sintomatología se agudizó. La pierna derecha marchaba con dificultad, incómoda la respiración, el ritmo cardíaco por envenenamiento se alteró bruscamente, la fiebre recorrió todo el cuerpo y el dolor de cabeza anulaba cualquier estímulo. Anarquía total, sin respuesta.

Los diagnósticos fueron acertados, tras exámenes de laboratorio y una minuciosa observación mientras oía desde la camilla a las enfermeras. Se había regado un ácido desprendido del apéndice, el cual se proponía desintegrar el tejido intestinal. El diagnóstico: peritonitis.

Este mal se ataca con una cirugía: corte de colon, drenajes, amputación de la apéndice, colostomía y una que otra droga que lograban calmar mis dolores.

Un estudio cuidadoso de médico, paciente y patología me llevaron a un tratamiento a base de suero, calmantes y consejos.

Finalmente me encontré a salvo. El buen ancestro heredado de la alimentación, el deporte practicado en el altiplano, la inspiración secreta de los mejores años y el acompañamiento divino en el duro trasegar de los tiempos, me habían dado la mano.

El esfuerzo por la vida llenan de valentía al cuerpo, se cierne la esperanza como luz y el hombre con su huella camina en la distancia.

Un cuarto de hospital permanece vacío. La mirada rompiendo los cristales, observa un pequeño jardín en primavera, distantes se observan las montañas en un azul pacífico.

Las horas vacilantes me dan su fortaleza, la colostomía durará un año, pero la paz ahora es más humana. Se vuelve una rutina cuidar el cuerpo y se piensa que por esta vez se ha ido la muerte sin su sello.

Somos fuertes y somos sanos. En cuerpo y en espíritu.

Envíe su Experiencia Saludable a sonper@eltiempo.com.co o a adrgar@eltiempo.com.co.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.