26 años ‘haciendo’ melómanos

26 años ‘haciendo’ melómanos

En el segundo piso del centro comercial Omnicentro, donde pululan los almacenes de gafas, se erige airoso un verdadero sitio de culto a la música del mundo.

19 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Detrás de los estantes aparece Saúl Álvarez, una suerte de monje sabio que se ha ganado el respeto de los melómanos bogotanos, por reconocer bandas con solo oír un acorde de guitarras, por saber con exactitud el año de grabación, con solo escuchar las baterías.

Pero sin duda, si hay algo que satisface al exigente público es que Álvarez, sin importar en qué punto de la geografía tenga que buscar, siempre tendrá lo que el cliente está buscando. O al menos, la gran mayoría de las veces.

Lado A Pero este no ha sido un proceso rápido como el rocanrol, sino más lento y de dedicación como el blues o el soul.

Para estar donde está, tuvieron que pasar casi tres décadas que tuvieron su inicio en 1980 cuando, recién salido del colegio La Merced, decidió dejar su carrera de estadística en la Nacional, y se arriesgó a vender y comprar acetatos y vinilos en una caseta azul en la calle 19 con octava, en pleno centro de Bogotá.

Allí pasó ocho años profundizando sus conocimientos sobre el rock y otros géneros agudizando su oído para adivinar las canciones que le tarareaban los clientes y sobre todo, aprendiendo los secretos de un negocio que, entonces, tenía tintes clandestinos.

Con César Gaviria y su apertura económica, a los acetatos les llegó su punto crítico y surgió la bonanza del cd.

“Ya teníamos tantos contactos en el exterior, que en 1988 ya vendíamos trabajos en cd, lo curioso era que varios de los compradores no tenían dónde escucharlos”, afirma Álvarez.

En ese paso de lo análogo a lo digital, Álvarez alcanzó a acumular unos 15.000 títulos que iban desde Chubby Checker y Billie Holiday hasta Iron Maiden y Led Leppelin, pasando, por supuesto, por los Beatles y los Stones.

“En ese momento decidí revisar la música que tenía y empezar a vender lo que me pedían y lo que yo no escuchaba”, explica, y entonces recuerda con nostalgia que vendió un disco de Bob Marley que compró en el 85 en Londres y que ni él mismo ha podido conseguir.

Y eso ya es mucho decir, porque Álvarez ha encontrado socios y amigos en disqueras de Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Japón, Argentina y Brasil, entre otros, que técnicamente le consiguen lo que quiera, como primeras grabaciones de Bob Dylan, David Bowie, Ravi Shankar, Syd Barret, Jethro Tull.... A la pregunta de qué piensa de la piratería y la descarga de música por internet, Álvarez se toma su tiempo para responder.

“No nos afecta. Tal vez con la música pasajera, los grupos de moda o algo así. Pero los grupos de culto tienen escuchas de culto y esos no queman un cd”, sentencia.

De la moda a la pasión Para Álvarez, los auténticos melómanos son quienes compran la música por tener un conocimiento pleno del artista: “Les interesa la canción que les gustó, pero también conocer el total de la obra, apreciar el arte de las carátulas y encontrar detalles que nunca va encontrar en un cd pirata y menos por internet”. agrega.

Aunque no lo reconozca, también influye que a su local, la gente no entra como si lo hiciera en un almacén de cadena. Allí la asesora según su gusto y en la mayoría de casos sus búsquedas son específicas: ‘el trabajo tal, del año tal que se grabó en tal lado’.

Iván Rojas, un comprador desde hace 20 años, dice que como ya Saúl le conoce su gusto, lo ha sorprendido con ‘verdaderas joyas’.

“Él sabe que me gusta el rock. Y por eso me sorprende. Me ha guardado discos de rarezas de Pink Floyd, Deep Purple o Genesis, que uno nunca encontraría normalmente en otros sitios”, dice Rojas.

Como el negocio ha sido fluctuante, ahora también tiene un local de música latina, salsa vieja y son cubano, pero sin dejar a un lado el rock.

Lo curioso es que así hayan pasado los años y haya visto como del acetato se pasó al cd, de allí al video láser y luego al DVD, parece que todo tiempo pasado fue mejor.

Por lo menos así se demuestra con el regreso de los vinilos y ediciones especiales.

“Las disqueras saben cómo tener contentos a su gente. Ahora, con mejor sonido, y como si nada hubiera pasado, se puede volver a tener un acetato entre las manos”. concluye.

*luibad@eltiempo.com.co.

SOBRE LA PIRATERÍA "Un melómano no quema un cd. Aprecia el arte de una carátula, explora todo el contenido del disco y encuentra detalles que no hallará en cds piratas o en internet”.

Saúl Álvarez, referente para los melómanos del centro de Bogotá

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