Tiempos de conmemoración

Tiempos de conmemoración

Como todos los años desde 1919, los británicos guardaron dos minutos de silencio “a las 11 horas, del día 11, de este onceavo mes”. Establecido originalmente tras la Primera Guerra Mundial, la conmemoración se extiende hoy a los muertos en todas las guerras al servicio de la nación. El rito anual se inicia semanas antes, con la aparición de amapolas rojas en los vestidos de mujeres, hombres y niños –el símbolo del recuerdo, inspirado en un poema que describió la sobrevivencia única de esa flor en campos devastados por batallas en Flanders–. Culmina con la ceremonia alrededor del Cenotafio –el monumento a los caídos–, con la participación de la Reina, líderes políticos, religiosos y militares, y millares de veteranos de guerra y sus familiares.

17 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

No faltan voces disidentes. Jon Snow, presentador de noticias televisivas, rehusó aparecer ante las cámaras con la insignia, en protesta por lo que llamó “fascismo de amapola” –aunque aclaró que la viste fuera de pantalla–.

He visto algunos que prefieren en sus solapas una amapola blanca como emblema de paz. No obstante, siempre me ha impresionado la movilización colectiva, año tras año, en esta temporada cuando la insignia escarlata sirve para recaudar fondos en beneficio de las víctimas de guerras y sus dependientes: potencialmente más de 10 millones de personas. Es una conmovedora manifestación de solidaridad, incluso frente a la controvertible participación del ejército británico en Irak. La presencia conjunta del primer ministro y los líderes de la oposición, hombro a hombro, en la ceremonia del Cenotafio es bien simbólica.

Por supuesto que no es lo mismo conmemorar guerras externas que conflictos internos. Las dos guerras mundiales del siglo XX tienen, además, un significado especial por sus extraordinarias dimensiones y, en el caso de la Segunda, por su victoria contra el totalitarismo. Y, claro está, el triunfo o la derrota condicionan distintamente la naturaleza de las conmemoraciones.

Frente a las guerras civiles, algunas sociedades han preferido cierto manto de silencio. Tal fue la experiencia en España, como señala Malcolm Deas: allí, la Guerra Civil “fue consignada al olvido por un consenso que pocos cuestionaron” (Revista Yesca y Pedernal: Medellín, 2003, vol. 3). Sólo recientemente, después de muchas décadas, el gobierno de Zapatero ha decidido reabrir aquellas heridas.

La conmemoración de eventos trágicos como causa de conflictos internos suele exigir el paso del tiempo. Así lo demuestra Kenneth Moore en su libro dedicado a examinar las distintas formas en que en los Estados Unidos rememoran sus tragedias (Shadowed ground: Austin, 2003). La finalización del monumento a Lincoln en Washington, en 1922, coincidió con nuevas actitudes hacia el significado de la Guerra Civil entre sureños y norteños. En cualquier caso, construir esta clase de monumentos –observa Moore–, “ofrece una sensación de clausura, una sensación de que lo peor ha quedado atrás y que la primera etapa de la recuperación se ha completado”.

La respuesta colectiva ante un pasado de guerras se hace aún más difícil en sociedades que, como la nuestra, siguen sufriendo conflictos armados. La ausencia aparente de tales respuestas se confunde equívocamente con “indiferencia”, como advierte Deas. Las circunstancias de un presente sumamente trágico y doloroso producen inhibiciones sociales insospechadas.

“Estamos frente a un problema de memoria”, ha advertido Gonzalo Sánchez, ahora director del grupo de trabajo para la reconstrucción histórica, establecido por la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (Guerra, memoria e historia, Bogotá: 2003). Ojalá estuviésemos cerca de ese momento de “clausura” que permite ritos comunes ante monumentos simbólicos, como mínima expresión de solidaridad nacional con las víctimas de los conflictos y sus familiares –los de ayer y los de hoy–. Nunca deben ser olvidados.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.