El cuarenta mil

El cuarenta mil

Cayeron tres congresistas de Sucre. No por recibir apoyo de los paramilitares, sino, según dicen los diarios, por haber promovido la creación de grupos paramilitares y por utilizarlos para eliminar adversarios políticos.

17 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Con razón el Fiscal dijo que se trataba de un caso peor que el proceso 8 mil. En ese entonces, con posterioridad a la campaña de 1998, decenas de congresistas terminaron en la cárcel por recibir financiación del cartel de Cali. Hoy no se trata de financiación. La palabra es creación, o sus hermanas cercanas, como promoción o instigación.

Para tener una idea de la gravedad de las cosas, basta con saber que esta decisión de la Sala Penal no tuvo nada que ver con el computador de ‘Jorge 40’. Hay tres congresistas en la cárcel por temas que son anteriores al hallazgo del computador del famoso jefe ‘para’. En esos procesos, la evidencia está constituida por una serie de grabaciones y de testimonios que implican a los congresistas. Lo que lleva a concluir que, si se mantienen la Fiscalía y la Sala Penal en su lugar, el proceso que viene en los próximos días no solo será peor que el proceso 8 mil.

Para jugar con las palabras, y dado que el computador pertenecía a quien lleva ese apodo, este podría ser el proceso 40 mil.

Cuentan las malas lenguas que, hace unos días, un importante senador de la Costa decía que era una tragedia que hubiesen encontrado el computador de ‘Jorge 40’ porque ahora (como ha sucedido y seguirá sucediendo) numerosos parlamentarios de la Costa caerían por cuenta de estas relaciones non sanctas. Dicen que agregó, medio en serio medio en broma, que era una lástima que no agarraran un computador de un mafioso del interior para que no todos los congresistas procesados fuesen de la Costa.

Otro chiste que circula es que, para revocar al Congreso, lo que hay que hacer es desmovilizarlo.

No creo que el caso sea tan generalizado. Yo soy de los que creen que la mayoría de los congresistas son personas honorables. Pero no hay duda de que si treinta o cuarenta parlamentarios (son los números con los que se especula en estos días) caen en este asunto, la reputación del Congreso entero estará en entredicho. Y no hay duda de que este tema es uno de los más graves de nuestra historia republicana.

Me llama la atención el silencio de los políticos y de los partidos al respecto. Lo que sería una gran oportunidad política para cualquier partido o dirigente ha encontrado un silencio fúnebre y, a mi juicio, muy elocuente.

Con excepción del Polo, los demás han guardado un silencio que pareciera delatar la presencia de congresistas radiactivos en casi todas las toldas.

La verdad es que no puedo entender cómo, ante la más grave crisis institucional que recordemos, haya tan pocos dirigentes políticos jugándose a fondo. No me refiero a atacar al Gobierno porque, precisamente, no creo que el Gobierno o los partidos uribistas tengan la propiedad exclusiva de los promotores de los ‘paras’. Me refiero a participar en política rechazando estos vínculos y condenando estas prácticas.

Bien decía el historiador Marco Palacio, en el lanzamiento del libro Las revoluciones en el mundo atlántico, publicado por el Centro de Historia del Externado y editado por María Teresa Calderón y Clement Thibaud (y cuya lectura recomiendo), que en nuestro país la política ha decaído de manera lamentable y se ha convertido en un ejercicio mediocre.

Buen escenario para un Ollanta Humala criollo ...

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