Principio Kiss

Alguna vez le escuché hablar a un profesor sobre este principio, nombrado con el acrónimo en inglés Kiss- Keep it simple and stupid. Lo que en una traducción literal sería ‘manténgalo simple y estúpido’. Se refería al desarrollo de aplicaciones informáticas e insistía en que éstas debían ser lo más sencillas posible, y que además, en términos coloquiales, debían ser a prueba de tontos. Queriendo significar, sin ningún sentido peyorativo, que cualquiera debería ser capaz de usarlas. Recuerdo que entonces utilizaba el ejemplo del desarrollo del procesador de palabras. Señalaba que era fácil de usar porque se había logrado una transición suave y natural, al computador, de la funcionalidad ya existente en la máquina de escribir. El principio Kiss aplica igualmente a cualquier desarrollo tecnológico.

16 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Son memorables las historias sobre las dificultades que tenemos usando cuanta parafernalia electrónica inunda hoy día nuestros hogares. ¿Cuántos sabemos utilizar la funcionalidad completa de cualquiera de estos aparatos? El concepto que hay detrás de este principio también se puede trasladar al mundo organizacional. ¿Qué tan simples y fáciles de ‘utilizar’ son realmente los procesos que soportan nuestras organizaciones? La famosa reingeniería de procesos, bajo la forma de diversos ropajes, ha tocado en múltiples ocasiones las puertas empresariales. ¿La hemos realmente aprovechado? Sí, de manera muy especial, los procesos deberían ser los primeros en cumplir con el principio Kiss.

El contar con procesos simples y elegantes, además de facilitar y hacer ágil y eficiente el diario quehacer empresarial, resulta ser una condición sine qua non para que a la hora de soportarlos con aplicaciones informáticas éstas a su vez puedan cumplir con el mismo principio.

Algo similar aplica para el sector público. Lo complicado resulta ser intrincado, embrollado, y usualmente abstruso y oscuro. Detrás de la tramitología forzosa se agazapa el fantasma de la burocracia y la corrupción. Como ciudadanos debemos atender día a día cientos de procedimientos que, irónicamente, sustentan el permanente fluir de la democracia. Bajo la falacia de que con nuevas leyes, procesos y procedimientos se puede disminuir la corrupción, día a día nos vemos abocados a una mayor y más tediosa tramitología ‘democrática’.

Detrás de su maraña se escudan y hacen de las suyas los truculentos. Detrás de cada caso, un lío jurídico. Al final, nos vamos transformando en lo que alguien denominaba ‘las sociedades del litigio’. Como en el caso de la tecnología, contrario a lo que se piensa, uno de los secretos de la innovación en el sentido amplio del término no consiste necesariamente en hacer las cosas más sofisticadas, en la mayoría de las ocasiones se trata simplemente de hacerlas más simples, a prueba de ciudadanos.

Así que el principio Kiss, ‘hágalo simple y a prueba de tontos’, predicado y practicado en el campo tecnológico, es extensible a los dominios de nuestra vida empresarial y social. Hagamos la vida más simple, menos superflua y excesiva, a sabiendas de que al final la ganancia será la de su mayor disfrute. Como reza el dicho, lo bello y lo simple resulta doblemente hermoso. Doblemente hermoso en su esencia, la de hacer que las cosas que construimos encajen de manera bella, natural y transparente en este planeta al que fuimos arrojados.

Para cerrar, mi anhelo es que este texto les resulte simple, tan simple como sencillo termina siendo para mí la colocación de este punto final.

Félix Londoño G. - Universidad Eafit .

"Detrás de la tramitología forzosa se agazapa el fantasma de la burocracia y la corrupción”.

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