Y la reforma que viene

Y la reforma que viene

Amarga y frustrante será la última gota que se va a tener que pasar el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla. Lo que va quedando de la reforma tributaria estructural presentada por el gobierno del reelegido Álvaro Uribe es apenas un remedo de aquel proyecto gubernamental llevado al Congreso el 28 de julio. Faltó mucho del juicioso texto que le apostaba al mediano y el largo plazo en el frente de la estabilidad fiscal y también faltó una gran cantidad de voluntad política de un gobierno y sus frágiles mayorías para haber resuelto de una vez por todas las vacilaciones que ahuyentan la inversión privada. Aprobada la reforma de turno, no debe extrañarnos que el año entrante el Congreso tenga en sus manos una nueva reforma tributaria.

15 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

La tan anunciada reforma estructural, la que buscaba simplificar el régimen tributario, eliminar deducciones y exenciones y corregir los desequilibrios en algunas tarifas, quedó en el olvido. La nueva propuesta es más de lo mismo: perpetúa inequidades existentes y mantiene normas hechas a la medida de tal o cual sector o actividad económica. No en vano, en un informe del Banco Mundial y la firma Price Waterhouse Coopers, el sistema tributario colombiano ocupó el puesto 172 entre 175 naciones del planeta, por encima tan solo de Mauritania, Ucrania y Bielorrusia.

Es difícil entender que un presidente reelegido por la más grande mayoría de votos de la historia, y con una cómoda ventaja parlamentaria, hubiera desperdiciado la oportunidad de corregir, de una vez por todas, esa colcha de retazos que es nuestra legislación tributaria. Lo cierto es que el propio mandatario, como si estuviera en campaña, se encargó de quitarle el piso a Carrasquilla. Cada congreso gremial parecía un reality, y con el Jefe del Estado desentendido de la importancia del tema, la discusión se la tomaron los congresistas y los intereses privados para llegar a un texto que se parecía a los gustos de los ‘lobbyistas’ y a los intereses políticos de quienes saben que el año entrante es electoral.

Todo ese proceso de ajustes en foros y círculos cerrados podría sonar muy democrático y abierto. La verdad es que una reforma tributaria por consenso es inviable, aquí y en Cafarnaúm, pues, en lugar de reflejar el interés general, el resultado es un agregado de intereses particulares, muchas veces arropados con la bandera del ‘interés nacional’. La suma de tantas presiones y peticiones condujo a que el texto que se aprobará a finales de diciembre será tan inequitativo como enemigo del crecimiento.

Tan ‘original’ es el texto que llega al Congreso, que lo más novedoso es el impuesto de patrimonio, que deberá generar al fisco algo más de 8 billones de pesos en los próximos cuatro años para asegurar nuevos recursos a las Fuerzas Armadas. El resto es relativamente menor. Es cierto que en materia de ordenar algunos tributos y procedimientos hay adelantos, pero son pasos insignificantes frente al propósito inicial de dar un gran salto adelante.

Incluso, algunos analistas han expresado su preocupación porque, en términos de recaudos, estos van a pasar del 16,1 por ciento del Producto Interno en el 2006 al 15,8 por ciento en el 2008, sin incluir los recursos del nuevo impuesto de patrimonio. El ministro Carrasquilla ha dicho que esa cifra es consistente con las metas fiscales, pero no deja de ser llamativo que los ingresos del Estado vayan a resultar golpeados por una reforma que, normalmente, produce el efecto contrario.

Así las cosas, lo más probable es que un país que se ha distinguido en los últimos 15 años por tener una nueva reforma tributaria cada 15 meses continúe por el mismo camino. La ilusión de tener un régimen tributario acorde con los desafíos actuales y la necesidad de mejorar la competitividad de la nación quedó frustrada una vez más. Volvieron a pesar los privilegios o presiones particulares en un tema en el que hizo falta más liderazgo político de arriba.

Un país que en los pasados 15 años se ha distinguido por tener una nueva reforma tributaria cada 15 meses continúa por el mismo camino.

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