El sofisma de las ‘transferencias’

El sofisma de las ‘transferencias’

Para mala fortuna del país, el debate económico se está contagiando de la intolerancia del régimen con quienes se atreven a cuestionar las iniciativas del Gobierno. En el campo político el ideólogo del Palacio de Nariño, José Obdulio, califica de malos patriotas y casi cómplices de los terroristas a quienes no comparten la decisión de Uribe de cerrar el camino de las negociaciones para liberar a los miles de compatriotas que se pudren en la selva por culpa de la guerrilla. En lo económico, quienes se oponen a la propuesta oficial de disminuir los ingresos de Departamentos y Municipios con la reforma del Sistema General de Participaciones (SGP), son acusados de irresponsabilidad fiscal y de querer arruinar a la Nación.

14 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

El argumento del Gobierno tiene la lógica formal de un silogismo. Premisa mayor: el déficit fiscal y el exceso de gasto público son una amenaza para la sostenibilidad de las finanzas públicas; premisa menor: si se aumentan las ‘transferencias’ a las regiones crece el déficit fiscal. Conclusión lógica: quienes pretenden que las ‘transferencias’ se aumenten hasta el nivel que ordenaba la Constitución del 91 no les importa el déficit fiscal y van a llevar a la quiebra a la Nación.

Hay por lo menos dos errores graves en la argumentación oficial que convierten el silogismo en sofisma. La primera es la insistencia en seguir hablando de ‘Transferencias’, que significan ingresos del Gobierno Central que cede generosamente a las regiones; el concepto correcto es ‘participaciones’, pues los ingresos son del Estado y lo que se discute es la forma como se reparten entre el Gobierno Central y los Departamentos y Municipios en el régimen descentralizado que estableció la Constitución del 91.

La otra falsedad está en la premisa menor, porque no es cierto que todo aumento de las ‘transferencias’ implique un incremento del déficit fiscal, si va acompañado de una disminución en el gasto del Gobierno Central. Por lo tanto la oposición a la reforma del SGP que ya fue aprobada por el Senado después del regaño del Presidente a su bancada, no significa una posición irresponsable de querer aumentar el gasto público y quebrar a la Nación, sino una posición política sobre la distribución de ese gasto.

El debate no es económico sino político. Puede existir un acuerdo sobre el monto total del gasto público, pero sí se debe discutir quién es el ordenador y ejecutor del gasto. Lo que está en juego es el modelo de descentralización. La propuesta de Uribe quiere volver al esquema anterior a 1991 en que era el Gobierno Central el que disponía cómo y dónde gastar los recursos públicos, mientras que la contrapropuesta del Partido Liberal es que las decisiones del gasto se tomen directamente en las regiones, de manera que la población beneficiaria tenga mayor posibilidad de participar en la asignación de los recursos y en el indispensable control sobre su ejecución.

De hecho, el mismo Gobierno reconoce que está gastando en las regiones mucho más de lo que se ha ahorrado con el recorte a las participaciones que se hizo en el 2001. Con esa reforma el año pasado las regiones dejaron de recibir 4,5 billones de pesos, y según el DNP la inversión territorial que se hizo ese año con el Presupuesto Nacional ascendió a 5,6 billones de pesos. O sea que el problema no está en cuánto se gasta sino en quién ordena y define el gasto.

Hoy el Gobierno Central contrata maestros, financia la ampliación de coberturas en educación, reestructura hospitales regionales, contrata carreteras, acueductos y alcantarillados y ejecuta programas contra la pobreza, es decir centraliza las decisiones de inversión social. Y como esta asignación de recursos se hace en los consejos comunitarios, es el propio Presidente el que recoge los réditos electorales de esos gastos. Por eso su insistencia en que se apruebe la reforma que refuerza el centralismo, así sea con sofismas. .

Consultor privado.

"El problema no está en cuánto se gasta sino en quién ordena y define el gasto”.

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