Los dos competidores

Los dos competidores

Una avalancha de votos marcó la posesión de Luis Inacio ‘Lula’ Da Silva como nuevo presidente de Brasil hace cuatro años. El nuevo presidente (reelecto) parecía destinado a ser el vocero de una América Latina socialmente más justa y confidente. Por su tamaño e influencia, Brasil tiene aspiraciones legítimas de asumir un liderazgo regional y un rol más grande en el mundo. Y su presidente, de asumir un liderazgo moral de una nueva izquierda democrática latinoamericana. El señor Da Silva, en su decisión de reelección, ganó por otra avalancha electoral a su oponente de la derecha.

14 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

El mandato claro que Lula recibió hubiera hecho creer que su liderazgo regional era indiscutible. Pero no ocurrió así. Hoy por hoy, sin embargo, no es su voz la más grande en América Latina, ya que se ha atravesado en su camino la figura de Hugo Chávez, el populista presidente de Venezuela.

Chávez es un astuto comunicador que comanda un profundo pozo de dinero del petróleo. Esto le ha permitido ofrecer ayuda pecuniaria con larguesa desde Argentina hasta Africa, y esperaba ganar un asiento en el puesto de representante por América Latina en el Consejo de Seguridad en las Naciones Unidas. Pero esta vez le ganó Guatemala, país respaldado por E.U.y un grupo de países de la derecha moderada. Ante la falta de suficientes votos, los dos países tuvieron que reasignar en un tercero, que resultó ser Panamá. No le valieron a Venezuela los apoyos de países como Rusia y China, y un grupo de dictadores desde Bielo -Rusia- hasta Corea del Norte.

Algunos de los logros de Lula se deben a su predecesor Fernando Henrique Cardoso. La manera de ayudar al pobre de Brasil luce más efectiva, sostenible y democrática que la que prodiga Chávez, quien se basa en un aguacero del dinero del petróleo y asesores cubanos. Pero un progreso continuado requerirá políticas diferentes, como Lula reconoce.

En un segundo período, él debería hacer un esfuerzo concertado para liberar a Brasil de su trampa de bajo crecimiento. Esto requerirá de bajas de impuestos, la burocracia federal y el gasto gubernamental sin freno, como también hacer reformas en las pensiones, agencias regulatorias, educación y el mercado laboral, lo cual será difícil. El propio partido de Lula resiste tales medidas, y manejar el apetito voraz de sus aliados en el Congreso por el dinero público. Para hacer aprobar las reformas, él necesitaría apelar a la oposición. Brasil está clasificado con China, India y Rusia como una de las potencias económicas emergentes.

Brasil tuvo un crecimiento económico fuerte desde los años cincuenta a los años setenta, y es hoy un país de ingreso medio en donde sostener un crecimiento rápido es más difícil. Si su economía creciera a un 5 ó 6 por ciento al año, el reclamo de liderazgo regional sería más fuerte. Y si Lula tomare pasos serios para limpiar al país de la politiquería, bregando a tener sistemas de partidos políticos y electorales organizados, no hay dudas de que su ascenso frente a los demás países no tendría discusión algun a.

Ingeniero químico .

"Lula debería hacer un esfuerzo concertado para liberar a Brasil de su trampa de bajo crecimiento”.

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