Algunos ‘grandes jefes’ son muy difíciles y complicados en el trato

Algunos ‘grandes jefes’ son muy difíciles y complicados en el trato

Hay un buen número de casos en los cuales uno se encuentra con un ‘gran jefe’ difícil y alguien le dice a uno la famosa frase “el que pone la plata pone las condiciones”... “si tu eres un empleado aquí, yo soy el que pago y yo coloco las condiciones! Tu limítate a obedecer y a respirar, punto!” Hay unos grandes jefes horrorosos, gente que uno quisiera que nunca hubieran llegado a existir y menos haber llegado a ocupar cargos tan importantes. Realmente son una pesadilla para toda la organización.

14 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Esos ‘grandes jefes’ a quienes todos temen son cada vez más escasos, pero desafortunadamente aún los hay.

Hace muchos años cuando yo era empleado en una multinacional americana, recuerdo el temor que me embargaba de solo pensar que en minutos iba a llegar a la oficina el ‘gran jefe’. El temor todavía me produce un vacío en el estómago y siento corriente pasar por mis hombros y bajar por mis brazos rápidamente.

Por fortuna, con el pasar de el tiempo, tuve la oportunidad de conocer otros ‘grandes jefes’ y ellos fueron gente decente y amable y lo que es mejor, lograban mejores resultados que el que intimida, horroriza y asusta.

Siempre habrá alguien de la vieja escuela del poder o del liderazgo, alguien que ha subido dándose codazos con los demás y luego quiere cobrársela a todo el mundo. Es aquel personaje que tiene la mostaza subida a la cabeza y se cree o siente el dueño de nuestras vidas.

Recuerdo que siendo empleado de una multinacional importante y famosa, todas las veces me la jugué en las decisiones que tomaba y nunca me dejé intimidar con temas como el riesgo de perder el puesto o de quedar mal con el jefe.

Yo también he ocupado varias veces el cargo de ‘gran jefe’, pero desde la primera vez, mi esposa me llamó la atención cuando llegué a cenar la primera noche después de haber sido nombrado Presidente de una gran empresa. Cuando le comenté que tenía que ‘echar’ a unos 100 empleados que no servían. Ella me dijo “veo que ser un ‘gran jefe’ se te subió a la cabeza, bájate de ahí, aterriza y concéntrate en sacar el negocio adelante, no en hacerle mal a quien apenas estás conociendo”.

Reflexioné y entré en razón. Más adelante me di cuenta que con la misma gente que planeaba desvincular, organizada de diferente manera, pude lograr 10 veces el resultado que históricamente se había conseguido. Mi esposa tenía razón! Hay ‘grandes jefes’ que no dejan hablar, que no quieren que uno piense y que la opinión de uno no les interesa. Tienen en su mente que ellos son los que piensan y dan las órdenes, los demás solo tienen que preocuparse por obedecer y hacer bien lo que se les ordena.

Como se conoce comúnmente en el mercado, solo necesitan gente a su lado para que les diga ‘Sí señor’ o como se dice en nuestra tierra ‘Sí doctor’. El resto no les interesa y lo ven contraproducente o nocivo. Ellos son los generadores de la famosa frase “el que manda, manda, aunque mande mal…”.

Son unos personajes para enmarcar y tener en lo que podría llamarse “el álbum de lo que no debiera haber existido”.

El mundo moderno nos ha llevado a comprobar que hay personas que pueden aportar mucho a una organización, si las dejamos opinar o les pedimos que planteen soluciones para una dificultad concreta.

El cabezón brillante con cara de genio, que dirige una empresa o una organización y que se las sabe todas, ya casi no existe. Lo que sí hemos aprendido en el mundo organizacional es que un grupo bien organizado de profesionales de buena formación, buena experiencia y buen cerebro, puede aportar muchas veces lo que un solo ‘gran jefe’ del pasado aportaba a una empresa. El saber colectivo y las decisiones colegiadas han probado su efectividad y su fuerza muchas veces.

Los líderes modernos son cada vez más unos compañeros que manejan en forma excelente su habilidad de coordinar esfuerzos y de poner a todo el mundo a trabajar en lo que a todos conviene, es más un armador de equipo que un jugador.

Lamentablemente hay empresas donde el ‘gran jefe’ todavía habita, causa terror y amenaza a diario.

El tema es un asunto de método. Desde luego no hay un solo método para lograr buenos resultados. Los grandes jefes dicen que a ellos les funciona muy bien su método. No hay duda en eso. Lo que si es cierto es que ¡hay métodos mejores! Los seres humanos trabajamos mejor cuando hay motivación para ello y cuando tenemos sentido de pertenencia a una causa. Los resultados pueden ser tan diferentes que ya se ha visto en muchísimas ocasiones como el resultado se multiplica por 10, respecto al método de el gran jefe.

Lo que sí hay que abonarles a los ‘grandes jefes’ es el inculcarnos disciplina y el ordenarnos para hacer las tareas, eso es vital. El respeto a la autoridad es otra faceta positiva de los ‘grandes jefes’. Yo aprendí a cumplir la palabra empeñada y a respetar la jerarquía de el que dirige, asunto que es indispensable como protocolo de partida en cualquier organización que quiera triunfar. Por eso hay un dicho que dice sabiamente “sea buen líder y si no, sea buen seguidor y si no, quítese del medio y no estorbe”.

Los métodos modernos de administración deben tener en cuenta la disciplina y el respeto a la dirección. Espero que estas reflexiones que he hecho sirvan a unos y otros, si usted tiene un ‘gran jefe’ y lo sufre todos los días, no se desespere, nadie es eterno y por otro lado, hay muchísimas otras organizaciones y alternativas. Busque una nueva oportunidad y tenga paciencia.

Si usted es un ‘gran jefe’, con todo mi respeto, Dios lo conserve lejos de nosotros, ¡estimado Doctor!.

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