Conciencia y bancadas

Conciencia y bancadas

Cuando quedan cuatro semanas para que culmine el primer período de sesiones parlamentarias que opera bajo la reforma política del 2004, la recta final de los debates legislativos será ocasión para evaluar el cambio constitucional y legal que instauró el sistema de bancadas. Sobre todo, ahora que la Corte Constitucional precisó el significado de algunos de los preceptos de la reforma.

14 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Dijo la Corte que la objeción de conciencia a que pueden acudir los parlamentarios para apartarse de la decisión mayoritaria de su bancada no puede ser alegada en cualquier circunstancia, sino sólo cuando su determinación esté marcada por creencias religiosas o principios morales, y no simplemente cuando esté en desacuerdo con la mayoría. En caso de no poder demostrar que se trata de un verdadero asunto de conciencia, el parlamentario deberá votar en el sentido que haya decidido su grupo.

Al limitar así las opciones de acudir a la objeción de conciencia, la Corte puso al país en los primeros lugares de la lista de los más severos en este campo. En el mundo, el menú va desde cierta rigidez en España, hasta un amplio margen de libertad en Francia y Estados Unidos.

La interpretación de la Corte tiene, sin embargo, un agregado: cada partido tendrá que reglamentar la forma como estas normas y el mismo fallo deben ser aplicados. Queda, pues, al arbitrio de las distintas agrupaciones definir qué tan estrictas son en el examen de las objeciones de conciencia y, en últimas, en la exigencia de que la bancada vote como lo decidió la mayoría.

Se aproxima, por ejemplo, la discusión de la ley de derechos de los gays.

Será tan interesante ver cómo se alinean los congresistas, como el debate mismo, pues mientras unos consideran este un perfecto caso de objeción de conciencia, otros insisten en que se trata de otorgar los mismos derechos que los demás a un grupo de ciudadanos que no los tiene, y no de un tema de conciencia.

Hasta ahora, el Partido Liberal ha sido el que más ha avanzado en la reglamentación. El congresista somete su recurso de conciencia al estudio de su bancada y esta decide por votación. Se trata de un sistema similar al de los impedimentos de los miembros de los cuerpos colegiados y así se garantiza que la bancada no se divida en votaciones cruciales por diferencias menores, ocultas tras supuestas objeciones de conciencia. Sería aconsejable, para el buen funcionamiento del sistema de bancadas, que otras colectividades adoptaran el mismo mecanismo.

Si las bancadas siguen la línea estricta que fijó la Corte, es posible que en el Congreso haya menos despelote que el tradicional. Y habrá cambios.

Entre otros, en la forma como los medios de comunicación cubrimos el debate parlamentario, pues buena parte de las discusiones no se dará ya en comisiones y plenarias, sino en las reuniones de bancadas que, por eso, deben dejar de ser a puerta cerrada. Se quejan con razón algunos congresistas de que si estas no trascienden al público, se pierden los diversos argumentos y lo único que llega a la gente son las intervenciones de los voceros con la postura oficial.

Pero, sin duda, las mayores consecuencias de este sistema aparecerán cuando los partidos integren las listas para las elecciones del 2010. En ese momento, congresistas que entraron a una lista en buena medida por el arrastre electoral que tenía y no por afinidades ideológicas, de seguro lo pensarán dos veces antes de repetir la jugada. Si los partidos deciden aplicar de modo estricto los límites a la objeción de conciencia, en los meses por venir veremos a muchos parlamentarios votar con su bancada en contra de sus inclinaciones personales. Sería lógico que en el 2010, un parlamentario que se haya sentido reiteradamente obligado a votar contra sus ideas opte por irse a otra lista, con la que se identifique mejor. Y eso también es deseable, para que la pertenencia a un partido vuelva a adquirir el significado de identidad ideológica que alguna vez tuvo y la reforma política alcance algunos de los objetivos que le trazaron sus redactores.

Esclarecedor y positivo el fallo de la Corte, que limita las circunstancias en las que los congresistas pueden acudir a la objeción de conciencia.

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