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EL FESTIVAL TIENE SU SANTO

EL FESTIVAL TIENE SU SANTO

La señora del Copito de Nieve se quedó fría. Un señor vestido todo de negro, con chaleco, sombrero y maletín de médico, se paró al lado de su carrito de raspados que siempre parquea en la Plaza de Bolívar, frente de la catedral de Manizales. Cuando se dio cuenta de quien era, por poco se derrite de los nervios. Lo pensó mucho pero quedó plenamente segura. Era él, el hermano José Gregorio Hernández, el mismo que le ha hecho uno que otro milagrito a ella o a algún conocido.

Yo no sabía qué hacer, si hablarle, si pedirle algo, o qué, dijo Alba Luz Infante, la dueña del refrescante negocio. Simplemente se me apareció. Olía a incienso. Empecé a ponerme nerviosa. Es que es un santo .

Sin abandonar su carro, siguió la imagen por toda la Plaza. El iba y venía. Paraba en un sitio y en otro. Entregaba estampitas con su imagen y desaparecía como un fantasma para aparecerse más allá.

Sí, José Gregorio se apareció en Manizales. Yo lo vi desde lejos y luego pasé por aquí y volví a verlo. Paré, me acerqué a él. Sentí un frío raro y ese magnetismo suyo. Le dije que me ayudara. Me dio la mano y me dijo: Récele mucho, que él le ayuda , contó convencido el conductor Mario Sepúlveda, cuando pasaba por la Plaza.

Como estos dos manizaleños hay otros tantos convencidos de que en esta ciudad se apareció José Gregorio Hernández. Sepúlveda lo atribuye a mandatos y profecías que se están cumpliendo , mientras que otro desprevenido asegura que, como estamos en el Festival de Teatro, debe ser la promoción de alguna obra. A mí no me creás tan bobo.

Pero ambos están equivocados, porque se trata del performance que Alfonso Suárez montó y con el cual se convirtió en uno de los ganadores del pasado Salón Nacional de Artistas, que se realizó en Bogotá.

Suárez, oriundo de Mompox, escogió la figura del médico venezolano que se ha convertido en un santo por sus milagros de sanación y operaciones sin dejar huella alguna. Años atrás había realizado una serie de collages místico- religiosos-esotéricos, entonces, en una de esas presentaciones, un amigo le comentó que tenía un gran parecido físico con el Santo. A Suárez le quedó sonando la idea y la retomó para hacer su montaje.

Yo quería mucho la estampa, me parece un personaje muy querido -dice-. Me encanta el aura que lo rodea y el resplandor de sus estatuillas .

Por eso decidió rendirle una especie de homenaje. Pero el homenaje ha ido muy lejos: Nunca he sido devoto, pero a raíz del Salón comencé a rezarle. Ahora lo quiero más y hay mucha cercanía con él .

Es creyente, pero no practicante, aunque de niño vivió la magia de la religión en las procesiones de Semana Santa en Mompox. Y hoy su fe ha crecido de tal forma que lo ha hecho pensar que de pronto es un iluminado.

Cuando yo me estoy preparando -dice Suárez- siento una dosis de nervios como en todo montaje, pero en este caso siento algo especial, una gran placidez. No es fácil permanecer tanto tiempo quieto convertido casi en una estatua, hay gente que cree que soy de cera. Pero hay una tranquilidad especial con este personaje, que me permite hacerlo sin problemas. La vida me ha cambiado un poco desde que lo hago: Me siento más seguro. Es muy rico creer en alguien y más cuando me miro al espejo y me veo tan parecido .

De ahí que, incluso cuando no esta representando su performance, Suárez sigue repartiendo las estampas que siempre entrega durante sus Visiones y apariciones, título que le puso a su obra. En los aviones reparto las imágenes y a mis amigos en el exterior les he enviado varias para que las dejen caer desde un octavo piso. Así se propaga la fe y de paso se prolonga el hecho plástico.

Carismas del arte Representar a este carismático hombre le ha traído muchas satisfacciones. La gente cree que realmente es él y le pide cosas, se le arrodillan, quieren tocarlo y hablarle. Nunca en sus representaciones en Barranquilla, Cartagena y Bogotá ha sufrido un percance ni lo han insultado por su representación. Esto es porque desde un principio lo asumió con mucha seriedad, como un homenaje, por eso no cree que se esté burlando o aprovechando de la fe de la gente.

Yo tengo claro que sí hay una sátira pero es muy seria. El trabajo que se puede prestar para faltarle al respeto al maestro y a sus seguidores, pero no lo hago con ese fin. Trabajo a nivel plástico. Una vez una señora que dijo tener una comunicación muy especial con José Gregorio Hernández me dijo que él le había dicho que yo lo estaba haciendo muy bien. Eso es buen síntoma .

Y tal vez esto se deba a que leyó tanto sobre él, que ya siente mucho como él. Antes de comenzar su montaje investigó y descubrió cosas bellas sobre cómo pensaba Hernández. Encontró que era un hombre culto y preparado, que tocaba el armónico, pintaba, viajaba mucho y era sastre: él mismo se hacía su ropa.

Y otro detalle: José Gregorio Hernández cumple el próximo 26 de octubre 124 años y yo cumplo un día antes .

Estos parecidos permiten que el celador de uno de los edificios del marco de la Plaza de Bolívar crea que el que se apareció en Manizales es un enviado de verdad y que por eso huele como un árbol que tiene en su casa con un olor suave, aromático, casi sagrado .

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