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CUÁLES SON LOS CRITERIOS

CUÁLES SON LOS CRITERIOS

El gobierno anterior eliminó el proteccionismo por dos razones distintas e independientes una de la otra. En primer lugar, lo hizo porque creía en las bondades del libre mercado para acelerar el ritmo de crecimiento de la economía. En segundo lugar, quería acabar con dos problemas que se habían vuelto crónicos: el manejo subjetivo de las protecciones y el juego de presiones sucesivas de los grupos afectados, elementos que habían convertido las normas proteccionistas en una colcha de retazos. Los resultasos de la libertad de mercado y de la apertura han sido mixtos. Ni una ni otra sirvieron para fundamentar el crecimiento del país en una actividad exportadora dinámica. Hubo inversiones en la industria, sinembargo, buena parte fue simple reposición de equipos obsoletos, lo cual reduce la brecha de productividad frente al exterior, pero no genera nuevo empleo.

El balance global del período fue positivo sólo porque, inesperadamente llegaron grandes sumas de capital extranjero y, ante la escasez de opciones de inversión en industria y agricultura, una parte sustancial terminó financiando la construcción y generó abundante empleo urbano. También creció el comercio, pero debido a un alto volumen de importaciones que desplazan producción nacional y socavan las posibilidades de crecimiento y de empleo hacia el futuro. Y en el último año, parte del consumo interno se financió con deuda privada externa.

Este proceso no puede durar mucho tiempo, así que la decisión del actual gobierno de cambiar de rumbo es oportuna y acertada. Hay que volver a intervenir y a orientar la inversión para garantizar un crecimiento de largo plazo. Hay que proteger para evitar la pérdida inmediata de empleos que no es posible sustituir, es decir, que constituyen una pérdida social neta y no son una simple reasignación de recursos entre empresas y sectores.

Pero no debemos caer en los mismos vicios de antaño; no se debe dejar un amplio espacio a la subjetividad de los funcionarios para que tampoco tenga espacio el juego de intereses creados y de grupos de presión.

Toda forma de intervención tiene costos para los consumidores, las empresas o los contribuyentes, pues alguien tiene que pagar las transferencias que se hacen a los sectores favorecidos. El consumidor pagará más caro y tendrá que reajustar sus consumos; las empresas perderán márgenes de ganancia porque sus materias primas se encarecen, y los contribuyentes deberán cubrir los huecos que se abren en el presupuesto al subsidiar o al reducir los aranceles.

Desde luego, cada intervención genera efectos favorables en alguna parte de la sociedad y, si está bien diseñada, puede traer beneficios mucho mayores que los costos en que se haya incurrido.

Para afirmar que ninguna intervención puede generar beneficios sociales netos, hay que suponer una situación utópica e inalcanzable: la economía tendría que estar en un equilibrio de pleno empleo. Por eso, la elección entre los extremos de intervenir siempre o no intervenir jamás es un falso dilema.

El problema estriba en definir, desde un comienzo, cuáles son los objetivos de la intervención y cuáles son los criterios cuantificables que permitirán decidir cuándo se interviene y cuándo no, o hasta donde debe llegar el Estado.

Sin criterios cuantitativos y bien definidos, el nuevo proteccionismo corre el peligro de convertirse en un proceso acumulativo de medidas contradictorias: la primera perjudica a alguien que, en ausencia de criterios y límites claros, considera justificado pedir una protección compensatoria, la cual perjudica nuevamente al beneficiario de la primera medida y genera otra solicitud de protección.

Tenemos a mano una manera de resolver este problema: el gobierno adoptó el nivel de empleo como variable objetivo, aunque para ello deba tolerar una inflación permanente, y el balance global de empleo pueda servir como criterio básico para definir cuándo y donde intervenir. Ahora falta convertirlo en un requisito imprescindible para evitar la subjetividad y las ineficiencias.

De otra parte, es de suponer que el plan de desarrollo identificará sectores estratégicos y establecerá otros objetivos complementarios al empleo. Además, la misma discusión del plan debe facilitar un acuerdo sobre las conveniencias nacionales y definir así caminos y estrategias de desarrollo que estén por encima de las conveniencias personales y de grupo.

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