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EL SENA NO CUMPLE CON SU OBJETIVO

EL SENA NO CUMPLE CON SU OBJETIVO

Los empresarios están dispuestos a generar más empleo, pero no encuentran mano de obra calificada. Este es el principal resultado de una encuesta especial que acaba de realizar Fedesarrollo. El 72 por ciento de los empresarios de la industria tiene dificultades para encontrar el personal requerido, debido fundamentalmente a la inadecuada capacitación técnica.

Es evidente que el Sena no está cumpliendo su objetivo. En efecto, el 50 por ciento de los industriales y el 53 por ciento de los comerciantes considera que la capacitación impartida por esta entidad no se ajusta a los requerimientos de las empresas.

La insatisfacción con el Sena se debe, según los mismos empresarios, a que no ofrece la capacitación que la empresa requiere, a la obsolescencia de los equipos y la tecnología utilizados y a los horarios inadecuados y mala calidad de los instructores.

Algo anda mal. Los aportes al Sena, que representan el 2 por ciento de la nómina de las empresas y son la base de un jugoso presupuesto de 200.000 millones de pesos, no están reportando mayor beneficio. El Sena goza de un monopolio garantizado con esos aportes, que ha conducido a la ineficiencia, y que actualmente está limitando las posibilidades de generación de empleo.

Buscando un mayor provecho de los recursos presupuestales del Sena, el gobierno le asignó la financiación y ejecución de una gran cantidad de programas sociales. En 1992, el Sena dedicó el 23 por ciento de sus recursos a programas sociales de todo orden, desde la organización comunitaria hasta la promoción de ollas comunitarias. Se alejó así todavía más de cumplir sus objetivos.

No es sorprendente, sin embargo, que el Sena se haya convertido en lo que es. En una economía tan cerrada como era la colombiana, la capacitación de la mano de obra era un problema secundario, que quedaba oculto tras la protección a las importaciones. En estas condiciones, la participación de los gremios en el consejo directivo del Sena terminó siendo también una actividad burocrática. Por falta de visión, el sector privado contribuyó también a la ineficiencia.

Cuando se inició la apertura en el gobierno anterior se trató en vano de modernizar la entidad. Se hicieron los diagnósticos correctos, pero a la postre primaron los criterios políticos y las reivindicaciones sindicales sobre el beneficio social.

Para reducir las exigencias de las empresas se les permitió recientemente establecer centros de capacitación privados, reduciendo a la mitad sus aportes al Sena.

Esta es una solución a medias. Si el Sena no puede ponerse a tono con las exigencias de las empresas, debe desaparecer. La prueba debe darla el mercado. Para ello debe ponerse al Sena en abierta competencia con los centros de capacitación privados. El mismo Sena debería propiciar la competencia entre sus propios centros para estimular la eficiencia y para responder a las demandas de sus aportantes.

Sin adecuada capacitación laboral no será posible generar empleos productivos ni mejorar las condiciones de ingreso de los sectores laborales. Alimentar una entidad ineficiente con impuestos a la nómina es totalmente opuesto a este objetivo.

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