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LA POLICÍA QUE QUEREMOS

LA POLICÍA QUE QUEREMOS

La Corte Constitucional nos ha puesto a meditar, una vez más, en la necesaria reforma a la Policía. Cierto es que la sentencia echa abajo uno de los aspectos centrales de la reforma, cual es la profesionalización de la actividad policial a través de la implantación entre sus miembros del nivel ejecutivo. Pero al fin y al cabo la Corte, al declarar inconstitucional 80 artículos, sólo se pronunció acerca de que el Gobierno, al haber modificado de manera sustancial las normas de carrera, había excedido las facultades que le concedió el Congreso en la ley. Podríamos pensar entonces que bastaría presentar en esta legislatura un proyecto de ley que, mediante una solicitud de trámite de urgencia, restablezca en un cortísimo lapso los artículos que tumbó la Corte. Creemos, sin embargo, que no será suficiente. Las consecuencias del fallo deben permitir hacer una evaluación más amplia y crítica de lo que ha ocurrido desde el día en que con bombos y platillos se expidió la Reforma.

No debemos olvidar que las normas que se adoptaron con el buen propósito de volver a encarrilar la institución fueron producto de una serie de hechos censurables de corrupción y abuso, algunos de ellos dentro de las mismas estaciones de Policía, que en su momento fueron un escándalo. También influyeron los bajos niveles de interacción y confianza entre policía y comunidad. Ello permitió que, en torno del papel de la Policía, se diera una discusión franca y amplia, en la que fueron indispensables la autocrítica por parte de la Policía y la participación activa de una comisión consultiva integrada por representantes de diversos sectores de la sociedad.

Infortunadamente este debate nacional parece haberse extinguido con la aprobación de la Ley en el Congreso. Como tantas veces ocurre en este país leguleyo, creemos que todo lo soluciona la aprobación de una ley. El propio ministro de la Defensa de entonces, Rafael Pardo, era consciente del inmenso reto que enfrentaba la institución cuando en la promulgación de la iniciativa dijo: una cosa debe quedar clara para todos: lejos de terminar, la reforma comienza ahora . Quería decir que al cumplirse el trámite legislativo, no se le podía poner punto final al tema.

Y si bien la necesaria proyección profesional de los agentes y suboficiales sigue siendo un elemento central para el éxito de la Reforma, no es menos cierto que también lo son el desarrollo de un esquema más completo y preventivo de control interno que permita poner en vigencia un reglamento de disciplina más estricto y eficiente, y la adopción de estrategias que acerquen al ciudadano con su Policía. Esa preocupación dio origen a la figura del comisionado nacional, un funcionario por fuera de la carrera policial, encargado de vigilar el régimen disciplinario y tramitar las quejas de la comunidad por los excesos o negligencia de la Policía. Esta nueva institución, la del comisionado, por desgracia está languideciendo y se convirtió en una figura decorativa. No se le ha dado, por falta de voluntad política, la oportunidad de demostrar sus bondades. Las recientes y explosivas declaraciones de Adolfo Salamanca, cuando dijo al retirarse del cargo que era el último en enterarse de algunas de las actividades y decisiones que tomaban los altos mandos en torno de la prestación del servicio, cayeron en terreno árido. El país se inclinó por la fórmula facilista y prefirió desentenderse del asunto. Los colombianos todavía creemos que se trata de un problema que le compete únicamente a la Policía y no a la sociedad.

Sin que se quiera desconocer lo que pesa dentro de la crisis el asunto de los bajos salarios, ésta tiene otras facetas tanto o más importantes. Difícil ignorar la desconfianza y el temor que inspira nuestra Policía entre la ciudadanía. Hay un problema de imagen que hace difícil, para oficiales y agentes, cumplir con su deber. Cuántas veces no ocurre que hay quienes prefieren no acudir a la Policía en caso de robo o asalto? Recogiendo aquel adagio popular de que no hay mal que por bien no venga, creemos necesario y urgente que se recupere el debate nacional sobre la Policía. Nadie discute que haya que profesionalizarla e introducir importantes mejoras salariales que contribuyan a elevar el nivel de vida de sus integrantes. Pero es igualmente necesario vigilar más de cerca otros aspectos de la Reforma para que no quede reducida simplemente a la solución de un problema económico. Como la Reforma seguramente volverá a estar sobre el tapete, es recomendable que el Congreso retome el debate y analice si va por buen camino lo que en su momento se presentó como fórmula salvadora de una institución que tiene entre sus funciones la de garantizar la convivencia pacífica en una sociedad violenta y caracterizada por profundos conflictos como la nuestra, que demanda una Policía ecuánime pero fuerte y que tenga el respeto de los gobernados.

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