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NO TODO ES CHEVERIDAD

NO TODO ES CHEVERIDAD

Estaré out, fuera de onda? Cualquier noche, antes del toque de queda para los jóvenes, recorrí con cierto temor la zona rosa. Por qué la siguen llamando así? Para los desprevenidos transeúntes o para los huéspedes de los elegantes hoteles del vecindario, la zona ha perdido ese color y ha tomado otros menos llamativos e inocentes. Pensaría, sin querer estigmatizar, que se ha convertido en un deprimente espectáculo nocturno en el que queda expuesta una preocupante faceta de la juventud colombiana. Son los ríos de aguardiente y ron blanco. Pelados y peladas ebrios, sentados o acostados en los andenes, cuando no están armando -en las narices de la Policía- un varillo o metiéndose un pase de cocaína para contribuir al libre desarrollo de la personalidad. Que lo hagan no me escandaliza, pero me parece grotesco que sea en espacios públicos, descaradamente, y en una zona por donde a veces pasean padres de familia con sus hijos.

No es mojigatería. Es la reacción natural que produce el ver a tantos adolescentes y quinceañeras en un delirante e indecente relajo público en el que todo vale. Inclusive -y contra la ley- el convertir los carros en bares ambulantes en los que casi siempre va al timón un muchacho pasado de copas. Es como si llegado el fin de semana encontraran en esa explosión de excesos una manera de manifestar su inconformidad y su descontento. Como si no hubiera alternativas de diversión distintas a la de volcarse a la calle a ver que encuentran .

Anticuado? Mamón ? Seguramente; pero no hace muchos años, cuando la ciudad era mucho menos peligrosa y más grata, la calle nunca fue lo que es hoy. Parece que contaran las horas para volárseles a los viejos . No tengo sino buenos recuerdos de las reuniones en las casas de mis amigos. Allí muchas veces nos emborrachamos y nos excedimos pero siempre con la tranquilidad de estar en un lugar conocido y seguro.

Es cierto que los tiempos cambian. La juventud trae sus locuras. Lo que ocurre es que cuando se tiene hijos uno quisiera evitar a toda costa que se conviertan en uno de esos muchachos tirados en el piso, fuera de sí y con una botella de guaro debajo del brazo. Y eso se logra cuando los chinos, más que hijos, se sienten amigos de sus padres. Y los tratan como tales. Cuando encuentran que su casa es el sitio donde pueden llevar a los amigos a tomarse unos tragos, a la novia o al novio, y tener con él o ella intimididad en medio del respeto al hogar, se habrá despojado a la calle de una parte de su fatal atracción. Eso requiere mente abierta. Para hacer posible que los hijos sientan que en su casa pueden tener algunas de las libertades que creen que son más fáciles de encontrar en la calle. Que salgan será inevitable, pero que lo hagan con una mentalidad distinta y más madura, de tal manera que no estén expuestos a los riesgos que vienen de la mano del trago, la droga y las malas compañías.

Por qué estas reflexiones? Las cifras de un estudio realizado por el coordinador de política de juventud de la Alcaldía de Bogotá son verdaderamente alarmantes. El año pasado tres mil jóvenes entre los 0 y los 24 años murieron en hechos violentos en Bogotá. El 67,3 por ciento de los jóvenes bogotanos entre 12 y 15 años han consumido bebidas alcohólicas. El 40 por ciento de los 2.758 casos de sida reportados en la ciudad, es decir 1.103, se presentan en muchachos de 20 a 24 años. El 46 por ciento de los delincuentes tiene entre 21 y 30 años y un 16 por ciento está entre los 16 y los 20 años. Tenemos un problema de marca mayor.

Afortunadamente hay un grupo grande de jóvenes conscientes de estos problemas. En el encuentro Los jóvenes tienen la palabra le entregaron al Gobierno ocho propuestas en las que piden que se les tenga en cuenta como actores sociales. Ojalá sus iniciativas no caigan en el vacío y sean incorporadas a los programas de gobierno dirigidos a darle la mano a un sector de la población colombiana al que se ha tenido por mucho tiempo en el olvido.

La situación es lo suficientemente dramática como para ignorar lo que los jóvenes proponen. No todo puede ser cheveridad.

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