El rescate de los secuestrados

El rescate de los secuestrados

Con motivo de la reunión propiciada por el ex presidente Ernesto Samper a nombre de ‘Vivamos Humanos’, se volvió a poner sobre el tapete el intercambio de prisioneros y secuestrados, conocido como el Acuerdo Humanitario.

12 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Tratándose de una reunión de familiares y de partidarios del Acuerdo, no hubo una sola voz discordante, ni una opinión favorable a la solución militar que sugiere el Gobierno. Podría decirse que el Acuerdo no tiene contradictores, sino que, al ir a ponerse en vigor, se genera una controversia política acerca de los términos prácticos de semejante política: ¿en dónde?, ¿cuándo?, ¿por cuánto tiempo?, ¿acerca de qué temas? y otras preguntas semejantes, con las que se rompe cualquier acuerdo.

En el caso presente, son inequívocas las posiciones de las partes. El Gobierno, cansado de negociar indefinidamente, anuncia su propósito de recurrir al rescate por medio de una operación armada. Las Farc, en cambio, renuncian a su posición inicial de exigir el despeje de dos departamentos y piden un término de 45 días para negociar en los dos municipios, Florida y Pradera, en el Valle del Cauca, como vienen pidiéndolo de tiempo atrás.

La situación de los retenidos, sean prisioneros o secuestrados, no cuenta para nada en este ejercicio que lleva varios años con alzas y bajas, sin que, aparentemente, vean ninguna expectativa favorable. Por el contrario, algunos van camino de completar diez años y todos piensan que la solución está en manos del Gobierno, que ya ha dicho que no quiere negociar y va a proceder por vía de la fuerza.

En las condiciones anteriores parecería estéril limitarse a reafirmar los argumentos de los familiares, si no fuera porque dentro de la dinámica del encuentro surgieran dos perspectivas que pueden ir restaurando la confianza perdida. La una, originaria de la presidenta del Congreso, consiste en ofrecerle unilateralmente al Gobierno el acceso a los secuestrados por medio de una comisión de médicos destinados a diagnosticar el estado de salud de los 58 cautivos. Es una propuesta generosa, que no solo beneficiaría al Gobierno sino a los propios familiares al tener conocimiento de la supervivencia y el estado de salud de su pariente retenido. Yo diría que es un paso que descongela la perspectiva de esperar un gobierno distinto dentro de cuatro años y, como diría Churchill, “no será el final del conflicto sino el comienzo del final”.

Igualmente constructiva y novedosa fue la propuesta de la doctora Caterina Heyck, autoridad indiscutible en estos temas, quien sugiere invocar a la Comisión de Derechos Humanos, con sede en Costa Rica, para pedirle que intervenga, en virtud de los Protocolos I y II de Ginebra, para que no se arriesgue la vida de las víctimas del secuestro procediendo a una operación militar que no está totalmente exenta de riesgos. En efecto, tal es la terminología de dichos protocolos, que impedirían el inhumano recurso de la fuerza, sin tomar partido por uno u otro de los contendientes, sino invocando la ley de la guerra, que es, ni más ni menos, el Derecho Humanitario.

En la reunión se habló abundantemente de la confusión reinante sobre el Acuerdo Humanitario en cuanto a su alcance y su obligatoriedad. El suscrito se atrevió a señalar que, dentro de la existencia de acuerdos especiales, podía pactarse toda clase de acuerdos sobre cuestiones tan disímiles como la tortura, el uso del gas tóxico, el tratamiento de los retenidos y diversas garantías sobre la vida y la libertad de los cautivos; pero, tratándose del Acuerdo Humanitario, casi que podría decirse que es una terminología equívoca, ya que por acuerdo se entiende el fruto de la concordancia de voluntades, y el Acuerdo Humanitario, lejos de regirse por la voluntad de las partes, se regula por los principios señalados en el protocolo respectivo. Vale decir, que no se puede agregar ni quitar nada que no esté contemplado por la legislación al respecto, incorporada a la Constitución de Colombia como materia de un tratado multilateral.

Así, pues, si existe voluntad de pactar el Acuerdo Humanitario, llamémoslo estándar, no habrá sino que buscar el lugar y las garantías, sin prometer asambleas constituyentes, ni obligaciones futuras distintas de las prescritas, en el entendido de que no se está buscando la paz, sino el intercambio de cautivos, como lo hacen tantos países, entre otros Israel y el Líbano, sin que el intercambio incida en modo alguno sobre la suerte de la guerra, que es el ámbito dentro del cual se aplica el Acuerdo Humanitario.

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