Les esconden caballos a los zorreros

Les esconden caballos a los zorreros

En medio de la gresca que armó la gente en la carrera séptima, entre calles 35 y 36 de Bogotá, había un hombre que a palazos intentaba que su yegua se levantara del piso y siguiera jalando la pesada carga de escombros y madera.

12 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

El animal había parido hacía apenas unos días, según los veterinarios, pero el hombre, uno de los 3.509 zorreros que según la Secretaría de Tránsito hay en Bogotá, alegaba que la yegua era perezosa y que él tenía que llevarle de comer a su familia.

De hecho, se calcula que solo en la capital del país el sustento de unas 18 mil personas depende de las zorras y el reciclaje.

Lo que siguió en la carrera séptima fue el decomiso del caballo y el desespero del hombre, que se quedó sin los 5 mil o 6 mil pesos que se hacía cada día. Cada mes, la Asociación Protectora de Animales (ADA) decomisa un promediode 30 caballos en Bogotá.

Si bien es cierto que la mitad de esos caballos, una vez rehabilitados, son devueltos a sus dueños, hay una gran tensión entre zorreros y protectores de animales por los que no se devuelven. ADA prefiere confiscar a los más desnutridos y maltratados.

Hoy día, prácticamente tiene escondidos unos 50 equinos que dice haber “salvado” de la “crueldad” y espera encontrar quien los adopte.

Los guarda en una población cercana a Bogotá cuyo nombre prefiere mantener en reserva para evitar choques con los zorreros, pues la sede de la asociación en la capital ha sido atacada con piedra varias veces.

“Quieren recuperar los animales a como dé lugar. Nos rompen los vidrios casi todos los días y alguna vez le dieron una paliza a uno de los veterinarios”, denuncia uno de los miembros de la asociación.

Pero los zorreros dicen que lo único que quieren es tener los animales que les dan la comida.

“La gente nos mira como escoria, pero ellos nos están robando los caballos”, dice Carlos Julio Rodríguez, un hombre de sombrero y uñas renegridas que representa a unos 200 zorreros.

EL TIEMPO lo encontró junto a una veintena de compañeros al lado de las aguas putrefactas del caño de la carrera tercera, en una invasión que ellos llaman irónicamente La Igualdad.

Piensan que el ADA tiene una alianza con la Policía para perseguirlos. “Y lo más raro es que siempre decomisan los caballos más bonitos”, dice uno de ellos.

La Policía asegura que algunos tienen responsabilidad en los robos de tapas de alcantarilla.

“Las venden en sectores como Kennedy o Barrios Unidos. El problema es que ese delito es excarcelable y más se demora la Policía en capturarlos que ellos en salir libres”, afirma una fuente policial.

Incluso, el congresista David Luna ha llegado a plantear que en torno a las zorras podría haber una mafia que se lucra del alquiler de caballos y cuando estos ya no pueden trabajar más, de la venta de su carne. EL TIEMPO pudo comprobar que en barrios como Lucero Alto, Bosa o Las Cruces hay zorreros que han dejado de lado el transporte de escombros o el reciclaje para dedircarse a alquilar las zorras a precios que oscilan entre 10 mil y 15 mil el día.

“Hay malandrines que pagan esa plata por el alquiler para echar ahí lo que se roban”, cuenta un hombre que se mueve en medio de zorreros.

La tensión con los protectores de animales y con autoridades por el uso de zorras para delinquir se suma al aumento de comparendos por el incuplimiento de las normas que deben guardar los carreteros. Solo este semestre, la Policía les ha impuesto unos 1.270, cuando en todo el año pasado no pasaron de 25.

El incremento en los partes tiene su razón en que hace apenas 4 meses, y luego de casi tres años de ires y venires, la Secretaría de Tránsito está aplicando la ley que los regula y que les exige tener licencia, placa, chaleco, gato, cruceta, botiquín y hasta balde y pala para recoger los excrementos, entre otros.

Esto fue el resultado de una larga polémica por la intención de erradicar las zorras de las calles. Los carreteros alegaron el derecho al trabajo y consiguieron mantenerse en circulación.

Hoy, de los 3.508 zorreros censados, solo 1.626 tienen licencia y solo 1.086 carretas tienen placa y licencia de tránsito.

A pesar de no cumplir muchas de las normas y de ser acusados de maltrato a los animales, los carreteros insisten en recuperar los caballos que el ADA les ha decomisado.

“Nosotros los cuidamos. ¿Cómo no los vamos a cuidar si son un miembro más de la familia?”, dice uno de ellos.

‘‘No todos los zorreros roban. Son más bien ellos los que nos están robando cuando nos quitan los caballos de los que vivimos”.

Un carretero.

Tienen pico y placa .

Estas son las normas que deben cumplir los zorreros, pero que pocos siguen: .

‘Pico y placa’ de lunes a viernes, dos veces cada número.

Circulación entre las 4:30 de la mañana y las 12 de la noche, atendiendo la rotación del ‘Pico y placa’.

No pueden transitar por vías arterias y principales. Tampoco lo pueden hacer en el centro expandido de la ciudad, en la ciclovía y en calzadas exclusivas de TransMilenio.

Deben estar provistas de mecanismos que bloqueen la rotación de las ruedas.

Portar dos señales de alerta reflectiva, gato, cruceta, botiquín.

y certificado del animal que se debe refrendar cada año.

Deben ser conducidas por alguien mayor de 16 años que use chaleco reflectivo durante los recorridos.

Llevar llanta de repuesto y linterna. Además, la carga debe ir cubierta.

No exceder los pesos autorizados. 500 kilos si las zorras son de un eje y 1.000, si las carretas tienen dos ejes.

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