El desminado de Samaniego

El desminado de Samaniego

La dantesca situación que viven miles de campesinos de Nariño por culpa de las minas antipersona sembradas por el Eln en veredas y campos, y que la semana pasada cobraron la vida de una niña de 6 años e hirieron a otras siete personas, obliga a poner el acelerador a la propuesta que desde La Habana lanzó el jefe militar del Eln, Antonio García, de desminar, en principio, el municipio de Samaniego. Son esas algunas de las víctimas civiles más recientes en Nariño, que ya van en 115.

11 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

El Eln se comprometió a emprender ese desminado en concertación con la comunidad, las autoridades, la Iglesia y un organismo internacional especializado en el tema. Esta experiencia puede abrir las puertas a un gran esfuerzo humanitario que poco a poco libere a la población de la gran amenaza que significa la proliferación de minas. Y para que sea exitosa se hace indispensable que se sigan rigurosamente los protocolos internacionales, que exigen verificación, el compromiso expreso de que no se volverá a sembrar minas y garantías absolutas para quienes van a realizar las tareas de desminado, previa la entrega de la información de los lugares donde fueron colocados los artefactos.

El Eln lo califica como un hecho de paz, en medio de las conversaciones que adelanta con el Gobierno Nacional. La Comisión Impulsora, integrada por monseñor Arturo Correa, obispo de Ipiales; Mehmet Balci, del Llamamiento de Ginebra, y delegados de la Alcaldía y de la comunidad, lo entiende como una acción humanitaria.

En respuesta a una angustiosa carta enviada por la comunidad de Samaniego, el Eln, con el beneplácito del Gobierno, anunció su disposición a contribuir a este desminado.

La petición de Samaniego es de largo alcance. Va desde la creación de rutas de emergencia seguras para los habitantes, que eviten la accidentalidad; el estudio de impacto para delimitar y señalizar las zonas peligrosas; la educación de la población para reducir los riesgos; la atención integral a víctimas civiles mediante los mecanismos propios de la institucionalidad municipal, departamental, nacional e internacional; el desminado humanitario de las zonas identificadas como prioritarias por las comunidades, hasta la sostenibilidad del proceso a través del diseño, gestión e implementación de un plan de desarrollo para estas zonas con el fin de mejorar las condiciones de vida de sus pobladores.

El liderazgo del alcalde de Samaniego ha sido decisivo para juntar todas estas voluntades y establecer una ruta que permita aliviar a los habitantes del municipio del horror que significa la explosión de minas y la mutilación de personas.

No sobra pedirles a las Farc que permitan, como un gesto humanitario, al que son tan ajenas, que este complejo esfuerzo se pueda llevar a buen término.

Serán muchas las vidas que se salvarán, sobre todo de niños y niñas, y muchas las mutilaciones que se evitarán.

En cuanto al Eln, le convendría pasar del show mediático que ha desatado el anuncio en La Habana a la acción decidida de desminar.

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