El agua como derecho

El agua como derecho

Esa región la cruzan 17 ríos y recibe 120 mil millones de pesos en regalías al año. Abastecen de agua a una cuarta parte de los habitantes de su capital solo dos días a la semana y tiene dos municipios que, en lugar de acueducto, se surten de carrotanques. Miles de pobladores urbanos y rurales están obligados a bañarse con taza y totuma. ¿Y cuál es ese desgraciado lugar del mundo? Pues es La Guajira. Su caso encajaría muy bien en el Informe Mundial de Desarrollo Humano, publicado ayer por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que gira alrededor de la importancia de convertir el agua y el saneamiento básico en uno de los derechos básicos del hombre.

10 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

El informe –Más allá de la escasez: poder, pobreza y crisis mundial del agua–muestra un panorama escalofriante de pobreza, enfermedades y contrastes. Unos 3.700 millones de personas no tienen acceso a condiciones elementales de salubridad (agua limpia, sanitarios, canalización) y ello se traduce en enfermedades, que afectan a la mitad de la población. Es responsable, entre otros problemas, de la muerte cada año de 1,8 millones de niños de países pobres. Y en estas materias hay más palabrería vana que agua. “El mundo sufre un exceso de conferencias y padece un déficit de acciones creíbles”, sentencia Kevin Watkins, autor principal del informe.

El nombre clave que contiene el documento es “agua”. Su ausencia, como causa de graves problemas agrícolas y ambientales, y su contaminación, como factor de enfermedades y muerte. Una investigación realizada en una barriada del Perú demostró que la mera instalación de un sanitario por vivienda aumenta las posibilidades de vida de los recién nacidos en 60 por ciento.

“Todo el mundo debería tener acceso a un mínimo de 20 litros de agua limpia al día, que deberían ser gratuitos para la población pobre”, reconoce el informe, al proponer el agua como un derecho igual a la libertad o a la justicia.

Pero ocurre, como con casi todos los bienes de la tierra, que el agua está mal repartida. Un estadounidense o un británico gastan 50 litros diarios al vaciar el inodoro, al paso que millones de seres humanos sobreviven con menos de cinco. Como a menudo los pobres pagan más que los ricos, en algunas ciudades emplean en consumo de agua el 10 por ciento de sus ingresos.

Consecuencias graves de su mala distribuición son la aparición de carteles privados para explotar el suministro, rebeliones populares para exigir condiciones de salubridad y ‘señores del agua’ que dominan territorios abriendo o cerrando un grifo, como ocurre en India. El informe no entra en el cenagoso terreno de si conviene o no privatizar el agua. Solo enfatiza la obligación moral de que todos los habitantes tengan su cuota.

La ONU calcula en 10 mil millones de dólares anuales la inversión para alcanzar las metas de desarrollo deseables. Esto es menos que el despilfarro militar en cinco días y aún menos que el gasto en agua mineral de los consumidores de países desarrollados. Esta suma salvaría a un millón de niños en 10 años y produciría beneficios económicos por 38 mil millones de dólares.

Hace un siglo, los índices de mortalidad infantil en Washington duplicaban los que hoy diezman al África. El culpable era el agua insalubre. En las décadas siguientes, Estados Unidos, mediante inversiones en acueductos y alcantarillados, logró un histórico descenso de las tasas de mortalidad infantil.

En Colombia, el Gobierno ha nombrado una Viceministra de Aguas en el Ministerio del Ambiente. Y en La Guajira, el titular de esa cartera, Juan Lozano, promovió la pignoración de las regalías por 12 años para hacer un Plan Departamental de Agua e invertir 158 millones de dólares con el fin de acabar con la escandalosa situación que padecen sus habitantes. Va a faltar un esfuerzo mucho mayor para hacer lo mismo en los departamentos de la Costa y otras zonas del país que sufren carencias parecidas.

Ojalá el informe del PNUD sirva para alertar sobre la situación mundial y para resolver la vieja deuda que Colombia tiene con su població n por cuenta del agua potable que no recibe.

El Informe de Desarrollo Humano del PNUD denuncia la injusta repartición del agua en el planeta y plantea soluciones. Colombia está en mora de aplicarlas.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.