Responsabilidad social e innovación

Responsabilidad social e innovación

09 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

En el año 2001, hace cinco años fue la marcha de colombianos que organizamos en Madrid. Fue una marcha de protesta contra los diarios y españoles del común que con sus frases maltrataban permanentemente a nosotros los colombianos. El maltrato consistía en mantener el paralelismo entre delincuente, prostitución, sicario, coca y tantos otros ‘mal adjetivos’ con la palabra colombiano. Consientes que compatriotas nuestros estaban involucrados en dichos temas, era evidente, que no todos, sino una gran minoría sí lo estaban. Viajamos de Cibeles en silencio hasta la Plaza de Colón en compañía de unos 800 compatriotas. Este momento fue registrado en todos los diarios españoles. Al final de la marcha reuní a las personas y en unas pocas palabras terminé el ‘discurso’ con un grito emocionado ‘Colombia... pura actitud’.

De nuevo en Colombia y viviendo mi país quiero contarles una nueva experiencia como organizador de la Caravana Toyota Prado 2006 a los llanos Orientales. Construyendo la primera fase, Investigación y Desarrollo, nos encontramos con mi gran amigo Juan Mario Gutiérrez varias realidades. Pero hoy quiero detenerme en una de ellas.

Realidad de un pueblo en el Meta, Puerto Guadalupe, abandonado hace trece años por el Estado. Sólo hace cuatro meses reaparece su presencia en la zona con un contingente de cuarenta hombres de la Policía Nacional. Estos hombres como parte del plan de Seguridad Democrática del Gobierno al llegar al puerto se encontraron con su estación de policía abandonada. Imagínense trece años de vida sin que nadie la habitara, sin agua, sin batería de baños, tubería tapada, tejas caídas, sin luz, paredes agrietadas, pasto nacido por sus pisos y paredes, vidrios rotos, ventanas caídas, desolación y tristeza. Y con la experiencia de haber presenciado una de las batallas más sangrientas de la zona entre paramilitares. Una estación inhabitable y nada acogedora.

Su comunidad presencio la ‘guerra’ cuando los grupos paramilitares del Meta, antes de su desmovilización, querían meterse al territorio del Casanare y eran recibidos a ‘plomo’ por otros colombianos. Sus niños vivieron por años, en jornadas de mañana y tarde regresando a casa de la escuela, la muerte y horror. Su ferry un viejo planchón ganadero, tuvo que soportar el llanto y las lágrimas, de doscientos trece secuestrados cuando una media noche de un día cualquiera sus responsables fueron presionados a cruzar el río meta de Carupana (Casanare) a Puerto Guadalupe (Meta). Cada noche era una noche acompañada por las botas de combatientes que buscaban desplazarse sin que su enemigo los descubriera. Cada uno de sus habitantes tiene una historia llena de desi-lusión y tristeza.

A nuestra llegada el temor en sus miradas al vernos, en esa primera fase de investigación y desarrollo para la Caravana Toyota Prado Llanos Orientales 2006, no era más que la de un humano golpeado en su esencia. La incredulidad y la desconfianza, a nuestras promesas de ayudar a reconstruir la estación y aportar algo para el colegio, eran evidentes. Presentamos la idea a Sofasa-Toyota. Durante la Caravana era imperante dejar huella, había que ayudar a este pueblo. Conscientes de ello asignamos una partida del presupuesto de la Caravana para atender la necesidad puntual de la estación.

Por otro lado, uno de los patrocinadores Telefónica-Movistar se preocupó por conseguir trescientos paquetes escolares y los participantes a la caravana llevaron balones y alegría a los niños del pueblo.

Ya en la expedición después de haber viajado con 60 Toyota-Prado sobre el planchón de Transporte Fluvial de la familia Plata, haber almorzado en un restaurante improvisado acomodado en el planchón ganadero de dos pisos de Don Chucho y acompañados por tres pirañas de la infantería de marina, llegamos con la Caravana Toyota Prado 2006 a Puerto Guadalupe. Nos reunimos en el polideportivo del pueblo. Vivimos esa nueva Colombia llena de esperanza y de alegría. Sus niños entusiasmados por la presencia de turismo en su pueblo. Bailes y folclor, esfuerzo de los adultos para que su alegría fuera transmitida en la coordinación de los bailes de sus discípulos.

Entrega simbólica del material para la construcción de la estación. Entrega de los paquetes escolares al cura-rector del pueblo y a la representante de los alumnos y finalmente el himno nacional de este gran país, entonado por 260 expedicionarios y la comunidad del puerto haciéndole honor a nuestro policías que orgullosos portan su uniforme y empuñan sus fusiles a la voz quebrada y emocionada de la orden de su teniente. Hoy el silencio de las casas abandonadas por sus habitantes se rompe y manifiestan su afán de volver a ser ocupadas. Seguramente estas familias completas se encuentran viviendo las inclemencias y las desgracias de los desplazados en lugares de la capital como Ciudad Bolívar. Se puede, si se cree. Esta nueva Colombia necesita de actitud de la empresa privada para acompañar al Estado. Solo no puede.

Innovación, responsabilidad social señores empresarios son una combinación perfecta para sus eventos comerciales. Vemos cómo de la mano entre Estado colombiano y la empresa privada y sus colombianos podemos ganar terreno.

Busquemos el gana gana. Colombia lo necesita. Colombia… pura actitud.

Carlos Mayol Abondano. Consultor .

"Hoy el silencio de las casas abandonadas por sus habitantes se rompe y manifiestan su afán de volver a ser ocupadas”.

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